Por: Escarlata
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Rei logró darse cuenta de que su amiga estaba sin su
antifaz. De inmediato la tomó de la mano y la alejó de la zona de niebla. Rápido,
le dio otro antifaz que tenía guardado entre sus ropas.
- ¿Ami, estás bien?
- Sí.
- Bien. Acabemos con esto de una vez...
- De acuerdo.
Ambas concentraron una extraña energía alrededor de sus
cuerpos, al mismo tiempo, sus pokemon igualmente brillaron con esa misma
energía.
- ¡Flareon!
- ¡Vaporeon!
Al llamado, los pokemon tomaron una pose ofensiva, mientras
la niebla desaparecía del escenario. El trío permaneció, también, en pose de
ataque. Usagi no perdía de vista a la chica de cabello azul, convenciéndose
cada vez más de que conocía a esa chica.
- ¡Ataque
doble! – exclamó el par.
A la orden,
Flareon y Vaporeon atacaron. Un chorro de agua y un haz de fuego se combinaron
en un solo disparo, yendo directo contra los tres pokemon; quienes cayeron derrotados
al instante.
Al trío no le
dio tiempo de reaccionar, pues Ami sacó a su Golduck y le ordenó llevarles a
los tres pokemon con una técnica psíquica.
-
¡Devuélvanme a mi Kororo! – gritó una aterrada Usagi.
- ¡Ni
siquiera se atrevan a tocar a Machoke!
-
¡Jigglypuff!
Ami tomó al
pokemon de Usagi en sus brazos, éste abrió los ojos y, por instantes, Kororo
miró directamente a la chica. Permanecieron en silencio algunos segundos,
mientras Rei mantenía quietos al Machoke y al Jigglypuff.
De pronto, se
escuchó un fuerte aleteo. Se trataba de Mamoru, montado en su enorme y veloz
Piggeot.
- ¿Pueden
explicarme que pasa aquí, chicas? – preguntó al instante el joven, mirando de
reojo al trío.
- No es nada
– respondió una sonrojada Rei.
- Estos
pokemon no nos sirven, son demasiado débiles – dijo Ami, soltando al Mr. Mime –
No valió la pena haber gastado los ataques de nuestros pokemon.
- Entonces no
pierdan el tiempo con éstas niñas – intervino Mamoru – Vámonos, hay más trabajo
que hacer.
Dejando
libres a los tres pokemon, Ami y Rei montaron el Charizard de ésta última;
Mamoru regresó al lomo de su ave pokemon y los tres desaparecieron entre los
árboles.
Las chicas
corrieron a abrazar a sus pokemon, agradeciendo que no se los hubieran llevado
ni a ellos ni a los demás. Por otro lado, se encontraban molestas por lo que la
chica había dicho, que sus pokemon eran débiles y que fue un desperdicio pelear
en su contra.
Usagi seguía
confundida... ese rostro ya lo había visto en otro lado... ¿Pero, dónde?... No
lograba recordarlo...
Pronto notó
que, no sólo su Mr. Mime, sino los otros dos pokemon lucían extraños, serios,
pensativos... Una actitud muy rara en ellos. Además de las heridas de la
batalla, no parecían estar afectados por otra cosa... así que... ¿Qué era lo
que tenían?
- ¿Cómo están
sus pokemon, amigas? – preguntó Usagi.
- Machoke es
un chico fuerte... estará bien para mañana.
- Jigglypuff
está sano y salvo... me alegra tanto. ¿Qué hay de Kororo?
- Él está
bien...
Regresaron a su campamento para curar las heridas de sus pokemon, quienes seguían en una actitud muy extraña... quizá se debía a su derrota... tal vez se trataba de eso...
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Mamoru
contaba las pokebolas que Ami y Rei le acababan de entregar. Eran bastantes,
pues antes de atacar a esos cinco chicos, ya habían asaltado a otros más. Un
gran botín, sin duda. Mamoru, pese al gran número de pokemon, parecía un tanto
triste.
- Créanme
que, de ser posible, dejaríamos al Equipo Rocket – murmuró, quitándose el
antifaz y mostrando su galante y fino rostro moreno – Odio este trabajo. No
quiero ni pensar en el dolor que sienten los entrenadores cuando les quitamos a
sus pokemon.
Ni Ami ni Rei
dijeron nada, sólo se miraron entre sí.
- Siguen sin
decirme porqué trabajan para mi padre – dijo enseguida.
Incómodas con
el comentario, no atinaron a responder nada. Sólo suspiraron. Por órdenes de
Giovanni, tenían prohibido decirle a Mamoru que estaban en el equipo por la
fuerza.
- Su Piggeot
parece cansado, joven Mamoru, iré al río por un poco de agua – se ofreció Ami
enseguida, después de notar un sonrojado gesto en Rei. No sería mala idea
dejarlos solos un momento.
- Te acompaño
– dijo Rei, pero Ami le guiñó el ojo, reteniéndole por el hombro.
- No te
preocupes, que no voy a perderme – sonrió – No tardaré.
Ami corrió en
dirección al río, perdiéndose de vista entre los árboles.
Rei puso un gesto de molestia. Ami lo había hecho a propósito... ya se las pagaría en cuanto estuvieran en privado. Recordando que estaba a solas con el joven del que estaba enamorada, se volvió hacia él, sin saber muy bien qué hacer a continuación.
Mamoru le
sonrió celestialmente, sentándose sobre una roca e invitándola a sentarse a su
lado con un sencillo gesto. Rei titubeó un poco... Pero pronto respondió a la
invitación, contenta. Al parecer sí le interesaba al joven Mamoru. Él no
parecía incómodo de estar solo con ella.
- Si no
estuvieran en el equipo Rocket, no sé como estaría yo – murmuró el joven – Creo
que desde hace mucho ya hubiera huido... Pero no puedo dejarlas.
Rei se
sonrojó ante la confesión. Era su oportunidad de mostrarle parte de lo que
sentía por él.
- Ami y yo
estamos muy contentas de conocerlo, joven Mamoru – comentó Rei, sonriéndole –
Usted nos hace sentir un poco mejor.
- Sólo deja
de decirme ‘joven Mamoru’ – reprochó – Me haces sentir viejo.
- Lo siento.
Mamoru rió
ligeramente, acariciando el cabello de Rei de forma paternal.
- No hay
problema, Rei...
La chica
sintió que era el momento. Miró fijamente a Mamoru, quien puso un gesto un
tanto serio. Había captado a la perfección lo que quería decir esa mirada.
- Mamoru...
yo... bueno – balbuceó al principio, tratando de recoger el coraje que tenía –
Quiero decirte que...
Mamoru estaba
listo para escuchar lo que iba a decirle cuando...
... sonó su
reloj comunicador. Era su padre.
- ¿Mamoru, ya
tienes a los pokemon? – preguntó la voz de Giovanni.
- Ya.
- ¿Y qué
esperas para traérmelos, eh?... Ven de inmediato.
- A la orden.
Rei lucía
molesta y frustrada. El ‘jefe’ le había echado a perder el momento. Mamoru
también parecía un poco enojado por la interrupción. Pero órdenes eran órdenes,
tendría que irse en ese momento.
Agarró la
mochila con pokebolas y volvió a montar su ave pokemon. Antes de partir, miró a
Rei un tanto apenado.
- Lo siento,
mucho... – se disculpó – Tendremos que posponer nuestra plática para otro
día... ¿De acuerdo?
- De acuerdo.
- Despídeme
de Ami, por favor. Tengo que irme – dijo, levantando el vuelo – ¡Adiós!
Rei le
despidió con un gesto de mano y una mirada frustrada. Suspiró con fuerza,
sintiendo que su corazón latía a gran velocidad. La próxima vez triunfaría.
De pronto
escuchó unos ruidos en unos arbustos. Volteó de inmediato, encontrando a Ami en
su mejor modalidad de espía. La peliazul sonrió, bastante apenada de haber sido
descubierta. La morena le dirigió una gélida mirada de molestia.
- Uh... oh...
yo... Rei... – balbuceó, asustada de ver a una encendida Rei.
- Ami... –
musitó sombriamente – Tienes tres segundos para correr...
Contrario a
su gesto de molestia, Rei estaba muy contenta por que, a fin de cuentas, no
todo había salido tan mal. Ami también sabía que su amiga no estaba enojada,
sólo buscaba una manera de deshacerse de la pena de contarle los detalles.
A pesar de su
vida forzada como parte del Equipo Rocket, se tenían una a la otra y eso les
bastaba para sobrellevar la situación. Con esas chicas que se encontraron en la
tarde, estaban seguras que podrían rescatar a sus seres queridos de las garras
de Giovanni.
Continuará...
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