Por: Escarlata
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De nueva cuenta, el ahora conocido “Trío Maravilla”, había
arrasado con el líder de gimnasio de Ciudad Celeste. El Mareep de Makoto, el
Seaking de Usagi y el recién capturado Ditto de Minako, bastaron para acabar
con los tres pokemon del líder.
A pesar de ser principiantes, ya habían ganado buena fama
entre los entrenadores locales por ser hábiles y fuertes en batalla; sin contar
que sus pokemon eran el vivo ejemplo de la salud. Todos estaban bien nutridos,
cuidados y atendidos; recibían mucho cariño de sus dueñas y eso aumentaba aún
más sus habilidades naturales de batalla.
Todos los que habían batallado contra ellas, y consecutivamente
perdido, decían que las tres daban la sensación de fundirse con sus pokemon y
compartir sus fuerzas con ellos. Por igual comentaban que, cuando los pokemon
terminaban cansados después de una batalla, ellas también parecían cansadas;
pero no mentalmente, sino físicamente, como si también hubieran peleado.
En verdad que eran entrenadoras muy hábiles.
El siguiente destino del trío era Ciudad Arco iris, pero,
antes, tenían planeado entrenar en las afueras de la Ciudad Celeste para
aumentar el poder de sus pokemon y sus estrategias de ataque. Solían hacer
los mismos ejercicios que sus pokemon, según ellas, para sentir lo que ellos
sintieran y motivarlos a seguir si ellas mismas lograban resistirlos.
Una verdadera
sorpresa, en especial para Usagi, fue encontrar y capturar un Mr. Mime
(bautizado como Kororo) en pleno bosque. Con él ya sumaban cinco sus pokemon,
al igual que los de sus amigas.
Ciudad Arco
iris estaba a tres días de distancia, por lo que decidieron quedarse una semana
en los bosques para entrenar y prepararse, pues sabían que en el gimnasio
tenían pokemon del tipo eléctrico. Makoto tenía dos pokemon planta, inmunes a
los ataques eléctricos, Minako y su Ditto harían un buen trabajo, y Usagi y su
Mr. Mime podrían repeler los ataques.
Simplemente
no podrían perder.
Acampaban
cerca de la ciudad, por si necesitaban medicina o reabastecer sus víveres... o
simplemente divertirse e ir de compras o al cine.
Como unas
buenas adolescentes, ellas querían disfrutar su juventud.
Una de esas
tardes, las tres entrenaban, cuando escucharon una fuerte explosión no muy
lejos de ahí.
- ¿Qué sería
eso? – preguntó Usagi un tanto preocupada.
- Será mejor
ir a ver, podría haber heridos y tenemos que ayudar – dijo Makoto enseguida.
- ¡Vamos! –
exclamó una emocionada Mina, echándose a su Ditto al hombro.
Hikari montó
en la espalda de Usagi, al igual que lo hizo Chikorita sobre Makoto, y las tres
corrieron al lugar del siniestro; que estaba como a cincuenta metros de
distancia.
Al llegar, la
sorpresa y el miedo les helaron los rostros al ver que se trataban de dos
miembros del Equipo Rocket, que atacaban a un grupo de cinco entrenadores. Eran
las chicas de las que ya habían escuchado antes, las de uniforme azul y rojo.
Lo que no escucharon mencionar era que llevaban puestos antifaces que cubrían
su identidad.
La de
uniforme azul era de cabello corto y azul, de piel blanca y de estatura un poco
más baja que su compañera. La de uniforme rojo era morena, de cabello largo y
negro y, por lo que pudieron ver, no más alta que Makoto.
Un Golduck y
un Charizard, pokemon tipo hielo – psíquico y fuego – volador respectivamente,
habían derrotado a todos los pokemon de esos entrenadores. La explosión que
escucharon fue provocada por el Charizard de la chica de uniforme rojo, obviamente.
Una simple
técnica psíquica del Golduck bastó para levitar a los pokemon derrotados y
llevarlos ante su entrenadora, la chica de uniforme azul. Ésta sacó unas
pokebolas negras y encerró a los pokemon. Los entrenadores derrotados sólo
pudieron mirar, aterrados, la escena.
- ¡Ahora
lárguense! – les gritó la chica de cabello negro, mientras su Charizard tomaba
una pose fiera y amenazante – ¡Y más vale que no vuelva a verlos por aquí!
A la orden,
los cinco corrieron, perdiéndose pronto de vista.
- Listo –
murmuró la chica de cabello azul, encendiendo su comunicador de pulsera – Joven
Mamoru, ya tenemos más pokemon, nos encontramos en las afueras de Celeste –
informó rápidamente, apagando su comunicador de inmediato.
- Descansemos
un rato – dijo su compañera.
- De acuerdo.
El trío
mantuvo la respiración cuando vieron que esas chicas estaban por quitarse el
antifaz, pero...
- ¡¿Quién
está ahí?! – exclamó de repente la chica morena y de inmediato lanzó una de sus
pokebolas, rojas en su totalidad – ¡Ve, Flareon!
Veloz como
saeta, el pequeño pokemon de fuego acorraló a las tres chicas que se escondían
tras unos arbustos. Al ver que el Flareon amenazaba con lanzar una bocanada de
llamas, ninguna se movió.
- Conque
tenemos visitas – murmuró la chica de cabello largo y negro – ¿Qué dices si les
damos una lección? – preguntó a su compañera.
- No es mala
idea – respondió ésta, regresando al Golduck a su pokebola para sacar un
igualmente azulado Vaporeon – Quizá así aprendan a no meterse donde no les
llaman.
Usagi fue la
primera en ponerse a la defensiva, sacando a su Mr. Mime.
- Hemos oído
sobre ustedes – dijo entre seria y asustada – ¡Y no dejaremos que sigan robando
a los pokemon de otros entrenadores!
Casi de
inmediato, Makoto y Minako le siguieron, sacando a Machoke y a Jigglypuff
respectivamente; adoptando una posición de ataque.
- Jamás
perdonaremos a quienes sean del Equipo Rocket – dijo Makoto con furia, al mismo
tiempo que los músculos de su Machoke incrementaban su tamaño, respondiendo a
la furia de su entrenadora.
- Si creen
que nos vamos a dejar pisotear por ustedes, están equivocadas – continuó
Minako, mientras su pokemon se inflaba con coraje.
Ami y Rei
vieron la escena con sorpresa...
Por fin,
después de mucho tiempo, encontraban entrenadoras con Empatía Pokemon en nivel
2, casi entrando al nivel 3.
Ami había
dividido su teoría en cuatro niveles. El primero era el que tenían todos los
entrenadores en general. El segundo, sólo los pocos que entendían y resentían
lo que le pasaba al pokemon. El tercero, el que ya compartía energía con su
pokemon. Y el cuarto, donde el ataque del pokemon ya dependía directamente de
la fuerza de su entrenador.
Ami y Rei se
encontraban en el nivel 4, pero esas chicas estaban por entrar el 3.
Se miraron de
reojo, sonriéndose.
Con
anterioridad habían planeado lo que harían al encontrar a unas personas así.
- ¡Si quieren
perder a sus pokemon, adelante! – exclamó la chica de pelo negro – ¡Flareon,
usa tu lanzallamas!
- ¡Vaporeon,
usa tu niebla, ahora!
La niebla
impidió la visión por un buen rato, y los pokemon apenas si pudieron esquivar
el lanzallamas.
- ¡Machoke,
usa tu Megapuño! – ordenó Makoto al notar una silueta entre la niebla.
Pero a quien
casi le da fue a Ami, quien alcanzó a agacharse, pero perdió el antifaz en el
acto.
Usagi se
preparaba para atacar, cuando miró el rostro de Ami, quedando muda al darse
cuenta de que, por alguna razón, ya conocía a esa chica de algún otro lugar.
Continuará...
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