Por: Escarlata
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Minako no perdía de vista a aquel Pikachu que había visto
entre unos arbustos, también quería tener uno como Makoto y esa era su
oportunidad. Los pokemon eléctricos siempre eran necesarios.
Makoto estaba preparando algo de comida, mientras Usagi se
encontraba en el río pescando. Quería un pokemon de agua, pero hasta ahora sólo
había conseguido una docena de Magikarp que no eran precisamente uno de sus
pokemon favoritos.
La rubia del listón rojo vio que el pequeño Pikachu se
había quedado comiendo algo en el suelo... Sacó su pokebola y...
- ¡Pokebola, ve!
La veloz esfera naranja, color que distinguía sus
pokebolas, golpeó al pokemon, atrapándolo de inmediato.
- ¡Lo tengo, lo tengo, Pikachu es mío! – gritó Mina llena
de felicidad, corriendo a tomar su pokebola del suelo.
Fue con sus
amigas para mostrarles a su nuevo amiguito.
- ¡Makoto,
Usagi, por fin tengo a un pokemon eléctrico!... ¡Miren!
El par
abandonó lo que estaba haciendo, poniendo atención a su rubia amiga. La chica
presumió su pokebola y después liberó al pokemon... pero...
- ¡TARÁN!
... no era un
Pikachu, si no el pokemon gusano Caterpie...
Ante eso, las
chicas estallaron de la risa.
- ¡Nunca
había visto un Pikachu verde con antenas! – río Makoto, sujetándose el estómago
que ya le dolía de tanta carcajada.
- ¡JA, JA,
JA, JA, JA!... Minako, te dije que no comieras esos hongos – alcanzó a
balbucear Usagi.
- Juro que
era un Pikachu – alegó una sonrojada Minako, regresando el pokemon a la
pokebola.
- Por favor,
no lo metas, quiero ver tu nueva especie de Pikachu – continuó Makoto, bastante
divertida.
- Estoy
segura que la doctora Mizuno estaría sorprendida de esto... JA, JA, JA, JA...
Una molesta
Minako decidió parar con todo eso.
- ¡Pues ya
verán lo que es capaz de hacer mi Caterpie! – exclamó – ¡Dales una lección,
pequeño!... ¡Caterpie, ve!
Pero, para
sorpresa de las tres, ya no era un Caterpie, sino un enorme y malhumorado
Gyarados.
- ¡¿Minako,
qué se supone que atrapaste?!
- ¡Juro que
era un Pikachu!
- ¡WAAAA, nos
va a comer!
Las tres ya
estaban abrazadas y preparadas para el ataque, cuando dejaron de oír los
gruñidos del Gyarados... Y por fin descubrieron de qué se trataba...
... de un
pequeño y travieso Ditto, el pokemon metamorfo, capaz de tomar la apariencia de
otros pokemon y objetos.
- No puedo
creerlo... ¡Tengo un Ditto, qué felicidad! – gritó Minako, abrazando a su nuevo
pokemon.
-
Felicidades, Minako.
De pronto,
una de las cañas de pescar de Usagi comenzó a tensarse... había atrapado algo.
Ésta vez se trataba de un fuerte Seaking, pokemon que Usagi pronto atrapó y
unió a su grupo. El nombre de su nuevo amigo: Umi.
Con esos
nuevos pokemon, sabían que podían seguir su camino a Ciudad Celeste, además, ya
no habían escuchado nada del equipo Rocket. Estuvieron entrenado por cuatro
días y los niveles de sus pokemon habían crecido bastante.
Pasaron una
última noche en las afueras de Ciudad Grisácea y después partieron hacia su
nuevo destino y su siguiente medalla.
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Ami y Rei se
encontraban en Ciudad Verde, vecina de Ciudad Grisácea, donde se encontraba la
cede del famoso y temido Equipo Rocket. La casa era el gimnasio de la ciudad,
donde el Jefe del equipo hacía las veces de líder de gimnasio en posesión de la
Medalla Tierra.
La Ciudad
Verde también era cede del la Liga Pokemon, por lo que el último destino de
todo entrenador era su gimnasio.
El par de
chicas estaban solas ante Giovanni, el Jefe del Equipo Rocket y padre de
Mamoru. Cabe decir que ninguna de las dos creía que ese mal hombre fuera el
padre de Mamoru, pues el parecido entre ellos era nulo.
Como fuera,
estaban ahí, y ciertamente no se encontraban muy contentas de verlo, empezando
por que estaban en el equipo Rocket contra su voluntad, por la fuerza y bajo
amenaza. Detalles que Mamoru desconocía y que estaba prohibido que los supiera.
- Su trabajo
va cada vez mejor, niñas – dijo el jefe desde las sombras – Estoy muy
complacido con ustedes, son los miembros más fuertes de todo mi equipo.
Las
adulaciones no lograron quitar el gesto de molestia que tenía el par en sus
caras. Giovanni sonrió malévolamente, antes de mirarles con igual molestia.
- Les guste o
no, están bajo mi control... – murmuró lentamente – Más vale que empiecen a
disfrutar todos los beneficios y lujos que les ofrezco...
Ami tenía la
cabeza baja y los ojos llenos de molestia y tristeza, Rei lucía simplemente
furiosa, mientras sus puños temblaban incontrolablemente. La chica de largo
cabello negro estaba por lanzarse sobre Giovanni, pero Ami le contuvo al
retenerle suavemente por la mano.
- Si saben lo
que es bueno para ese pintor y ese sacerdote, más vale que me obedezcan –
advirtió de forma sombría – sino, ellos dos pueden morir.
Ante la
repetida amenaza se quedaron calladas con el coraje aglomerado en sus puños y
ojos. Ya no era necesario que les dijera que nada de eso debía ser escuchado
por Mamoru.
- Ahora
diríjanse a Ciudad Celeste y tráiganme más pokemon – ordenó.
Ninguna
respondió, simplemente se retiraron en silencio.
Ya fuera, Rei
soltó un fuerte puñetazo contra la pared en señal de coraje y frustración. Ami
sólo ahogó unas lágrimas y echó su cabeza hacia atrás. Ambas se sentían atadas
de manos.
- Ami...
tienes que apresurarte con tu investigación – murmuró Rei – Tenemos que
rescatar a tu padre y a mi abuelo de ese maldito.
- Lo sé...
hago lo que puedo... pero aún no logro terminar mi investigación... necesito
más pruebas para saber que mi teoría es correcta.
- Al menos
sabemos que están vivos...
Tanto el
padre de Ami, como al abuelo de Rei, estaban en calidad de rehenes por
Giovanni, ambos estaban en estado de coma, conectados a un poderoso Drowzee
que, ante la primera orden de Giovanni, se comería los sueños de ambos
matándolos al instante; puesto que un humano no podría resistir un ataque como
el “Comesueños”.
Ami, desde
antes que fuera obligada a unirse al equipo Rocket, estaba trabajando en una
teoría llamada “Empatía Pokemon”. Ésta trataba de demostrar y comprobar que los
humanos y los pokemon podrían llegar a un alto grado de empatía, a tal extremo
que la fuerza del humano sería la del pokemon y viceversa.
Dado que ese
caso sólo lo había visto en ella misma y en su amiga Rei, quería investigar si
otras personas y otros pokemon podían tener esa misma habilidad de
entendimiento mutuo. De ser así, entonces podrían conectarse sentimentalmente
con cualquier pokemon y entenderse con él. De esa manera pensaban salvar a sus
familiares, conectándose con el Drowzee y convenciéndolo de liberarlos. Hacer
eso mismo por la fuerza tendría resultados terribles, así que sólo podían
confiar en esa teoría.
Aprovechaban
los trabajos que les daba Giovanni para ver si otros entrenadores tenían esa
empatía con sus pokemon, pero hasta ahora no habían encontrado a nadie así.
Mas no
perdían la esperanza.
- Vámonos,
Ami, tenemos que trabajar – murmuró Rei.
- Cierto.
Rei sacó una
de sus pokebolas, rojas todas ellas, y llamó a uno de sus pokemon.
- ¡Rapidash, sal!
El pokemon de
crin de fuego apareció ante el par. Rei lo montó y le dio la mano a Ami para
ayudarla a subir. Ya arriba, Ami se sujetó fuertemente de la cintura de Rei.
Ésta dio la orden de salida y el pokemon, conocido como el más veloz de todo el
mundo, salió a ligero galope, dejando un haz de fuego tras de sí camino a
Ciudad Celeste.
Continuará...
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