Por: Escarlata
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- ¡Hikari, ahora usa tu Metrónomo!
- ¡Cle... faaaaaaa!
Un poderoso metrónomo de Clefairy fue suficiente para
mandar a volar al Onix del líder de gimnasio. Con esa victoria sumaban dos
consecutivas de Usagi, por lo que le ganó el duelo. La primera batalla contra
un Geodude fue decidida por Aoi, su Butterfree.
Ella era la última que faltaba por batallar de su grupo,
pues Makoto las venció a ella y a Minako en “Piedra, papel o tijera” y ganó el
derecho de pelear primero contra el líder de gimnasio; venciéndolo fácilmente y
haciéndose con la Medalla Roca. Minako, que fue la siguiente, también ganó sin
problema. Ahora era Usagi la que se alzaba con la victoria.
Antes de que fueran al gimnasio, decidieron entrenar en el
Bosque Verde algunos días para aumentar el poder de sus pokemon. Y el
entrenamiento había funcionado muy bien.
En cuanto tuvo la medalla en sus manos, Usagi salió corriendo
con sus amigas, que le esperaban fuera del gimnasio; pues el líder se negó a
dejar que las tres entraran al mismo tiempo.
- ¡Yo también lo logré, amigas! – gritó, abrazándolas –
¡Tengo la Medalla Roca!
- ¡Felicidades, Usa!
- ¡Sabía que lo lograrías!
La abrazaron y felicitaron hasta cansarse, después se
dirigieron al Centro Pokemon para dejar descansar a sus pequeños amigos y
aprovechar para ir a comer.
- ¿Cuál es
nuestro siguiente destino, Mako? – preguntó Mina a la alta chica, cabe
mencionar que lo hizo con la boca llena.
- Ciudad
Celeste – respondió después de consultar su siempre útil mapa.
Usagi
simplemente tenía una posición de “Como... No Pienso”, por lo que no puso mucha
atención a lo que sus nuevas amigas habían mencionado.
- Ahí tienen
pokemon tipo agua – comentó Makoto – Mi Pikachu ya necesita una buena batalla,
ni qué decir de mi Chikorita y mi Bulbasaur.
- Mis pokemon
podrán también contra los del tipo agua... pero... – Mina se dirigió a su rubia
compañera – Usa, tú sólo tienes tres pokemon y...
Y descubrió
que ya había acabado con toda la comida de la mesa.
- ¡Usa!...
¡¿Porqué te comiste mi almuerzo!? – reclamó – Yo aún no terminaba.
- Ni yo –
sollozó Makoto.
- Lo siento –
se disculpó Usagi con graciosas lágrimas en sus ojos.
- Olvídalo –
murmuró Mina, sonriéndole – decíamos que no tienes suficientes pokemon como
para enfrentar a los de tipo agua de Cuidad Celeste.
- Cierto.
Debo capturar algunos más en el camino.
- Bien,
mañana temprano partiremos a Cuidad Celeste, chicas – dijo Makoto, emocionada.
Mientras
seguían comiendo, escucharon sin querer la conversación de una mesa aledaña.
Hablaban acerca de un reciente ataque del Equipo Rocket a un entrenador local.
- Escuché que
le quitaron a todos sus pokemon – contó uno – Dice que sus atacantes eran muy
poderosos.
- ¿Parece que
se trata de un trío: dos mujeres y un hombre, verdad?
- Pues no
quiero toparme con ellos. El entrenador dijo que una de las mujeres vestía
uniforme azul, la otra uno rojo, y el hombre uno negro.
- Puede que
sigan por los alrededores.
Después de
oír aquello, las tres ya no se sentían muy seguras de salir al día siguiente.
- ¿Porqué no
esperamos un par de días antes de irnos? – preguntó Usagi – Hay un río cerca de
aquí, puedo buscar un buen pokemon de agua para el duelo en Ciudad Celeste.
- Buena idea
– contestó Makoto – Nos servirá para entrenar otro poco y capturar pokemon
extras en los alrededores.
- No sé tú,
pero ver tanto pokemon insecto en el Bosque Verde me quitaron las ganas de
tener uno – comentó la otra rubia – Quizá encuentre uno mejor en las afueras de
la ciudad.
Una vez
planeada su sesión de entrenamiento de los siguientes días, fueron a abastecer
sus mochilas con algo de comida y medicinas para sus pokemon. El camino a
Ciudad Celeste sería largo, así que necesitaban estar preparadas.
Además, no
querían toparse con miembros del equipo Rocket, de sobra sabían que era una
organización muy peligrosa y que sus integrantes eran todo menos amigables...
Les quitarían a sus pokemon en un parpadeo... pero...
- Estaría
feliz si pudiera darle una lección a esos Rocket – murmuró Usagi. Sus amigas le
miraron con sorpresa – No está bien que le quiten sus pokemon a la gente.
- Todos
pensamos igual, Usa – dijo Mina, tomándola por el hombro – Pero, para hacer
eso, debemos ser muy fuertes, ¿verdad, Mako?
- Sí. Tú no
eres la única que quiere poner en su lugar a esos ladrones – agregó – Hagámonos
más fuertes y venzamos a esos tipos.
- ¡Sí!
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- Excelente
trabajo, chicas, los pokemon de ese entrenador son muy prometedores – dijo un
alto chico de cabello negro y ojos azules, que tenía una mochila llena de
pokebolas – Iré a dejárselos al Jefe, ustedes descansen.
Se trataba
del joven de uniforme negro. Él era el superior de aquellas chicas.
- ¡Vámonos,
Piggeot!
El joven sacó
su enorme y poderoso pokemon pájaro y montó en su lomo.
- Las veo
después.
La veloz ave
voló a increíble velocidad, desapareciendo pronto de vista horizonte. Las dos
chicas miraron al cielo otro buen rato, hasta que una de ellas, vestida de
uniforme rojo, soltó un largo y sonoro suspiro.
- ¿No crees
que el joven Mamoru es muy guapo, Ami?
La otra chica
sonrió penosamente y fue a sentarse a la sombra de un enorme árbol. Su
compañera le siguió y se tumbó sobre el pasto a su lado.
- Rei, sabes
que no tenemos tiempo para esas cosas – respondió la chica en uniforme azul,
sacando de una mochila en su espalda una computadora portátil – Pero estoy de
acuerdo contigo, el joven Mamoru es muy guapo.
- Él me gusta
mucho, Ami – confesó Rei en voz baja.
Ami casi deja
caer su computadora.
- ¿Qué?
- Él me gusta
mucho, Ami... – repitió lentamente y suspiró de nuevo.
- Rei... el
joven Mamoru es el hijo del Jefe, lo sabes.
- Cierto,
pero no puedo evitarlo... estoy enamorada de él.
Otro suspiro
de Rei provocó uno en Ami, quien hizo su computadora a un lado para tomar la
mano de su amiga.
- Rei... ya
me había dado cuenta desde antes que él te gustaba, pero no tenemos tiempo para
eso... Sé que el joven Mamoru es bueno y caballeroso, pero sigue siendo el hijo
del Jefe.
- Eso también
lo sé muy bien, Ami, pero no puedo evitar sentir esto... Me duele mucho estar
así.
Ami suspiró
largamente, mas pronto le sonrió a su amiga.
- Prometo que
terminaré mi investigación y saldremos de éste problema, Rei... Y sé bien que
el joven Mamoru vendrá con nosotras y te corresponderá.
- ¿En serio
lo prometes?
- Lo juro.
Se abrazaron
brevemente y Rei volvió a recostarse.
- Tomaré una
siesta – dijo Rei, de mejor humor.
- Adelante,
yo tengo que arreglar unas cuantas cosas con los archivos de mi investigación,
te despertaré más al rato para que cenemos.
- Bien.
Rei se
acomodó y cerró los ojos.
- ¿Espero que
no te esté gustando esto de ser las malas del cuento, eh? – murmuró la chica.
Ami sólo
sonrió y comenzó a trabajar en su computadora.
Continuará...
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