Por: Escarlata
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- ¿Odango? – murmuró con fiereza – ¡Sal de ahí, quien
quiera que seas!
De pronto, una chica rubia, que parecía ser su gemela, pero
con ojos y cabellos más claros; éste último sujetado con un listón rojo;
apareció ante sus ojos.
La otra rubia le regresó su pokebola a Usagi y recogió la
suya.
- No soy ‘Odango’, soy Usagi – dijo un poco más tranquila –
Y ese pokemon lo iba a atrapar yo.
- Pues mi nombre es Minako – reparó la otra rubia – y yo
venía siguiendo a ese Mareep desde la mañana.
Se encararon seriamente, para después sonreírse a los pocos
segundos.
- Lo siento, no debí intentar atraparlo – se disculpó
Usagi.
- No, discúlpame tú a mí, debí atraparlo desde hace rato...
y menos haberte llamado ‘Odango’ – dijo Minako, apenada – Lo siento mucho... es
que tu cabello me recordó a los odangos y no pude evitar llamarte así.
Usagi rió
ligeramente.
- ¿Eres
Minako, verdad?... Mucho gusto en conocerte... ella es mi Clefairy, Hikari.
- Clefairy...
- El gusto es
mío, Usagi... ¿también eres entrenadora?
- Sí. Inicié
mi viaje hace cuatro días. Vivo en Juuban.
- Yo tengo
una semana. Soy de Rokkuban... Mmmm... Ya es noche... ¿tienes un lugar para
acampar?
- Aún no.
- Ven
conmigo, mi tienda está cerca de aquí, puedes quedarte.
- Gracias,
Mina... Hikari, mejor regresa a tu pokebola... aquí hace frío, y ahí adentro
estarás más tibia.
- Cle...
fa...
Usagi guardó
a su pokemon y después colgó la pokebola de su cinturón.
- Vámonos,
Usa, hace frío – dijo Mina, mostrándole el camino.
Ya en el
campamento, cenaron algo de la insípida comida de Minako; aunque Usagi cocinaba
igual o peor que ella... como sus pokemon tuvieron oportunidad de comprobarlo alguna
vez. Minako le contó que ya tenía un Ledyba, una Jigglypuff, un Spearow y un
Togepi. Su primer pokemon fue Jigglypuff y se lo había entregado una tal
profesora Sakurada.
En cuanto
Usagi le comentó que la doctora Mizuno le había entregado a su Clefairy, Mina
se puso como loca.
- ¡Usagi, sí
que me das envidia! – exclamó la chica – La doctora Mizuno es muy famosa en
todo el mundo por ser una gran experta pokemon.
- Je... sabía
que era famosa, pero no tanto.
- Usagi...
¿puedo proponerte algo?
- ¿Qué es?
- ¿Podríamos
viajar juntas?
- ¿Uh?
- Bueno...
apenas estamos empezando... y la verdad no me gusta mucho viajar sola.
- Lo mismo me
pasa... quiero mucho a mis pokemon... pero a veces me siento un poco sola... y
me da miedo despertar así en las noches.
- ¿Eso es un
‘sí’?
- ¡Claro!
- ¡Bien, de
ahora en adelante seremos el ‘Dúo Maravilla’!
- ¡Sí!
Comenzaron a
reír con la felicidad de quien ha encontrado un tesoro.
- El primer
paso es ganar medallas – dijo Mina – Estaba por ir a Ciudad Grisácea para
pelear por la Medalla Piedra.
- Igual yo...
– comentó Usagi – La Doctora me dijo que en ese gimnasio usan pokemon tipo
roca.
- Bueno, no
hay problema con eso... ni un terrible Geodude puede resistirse a la ternura de
mi Togepi o al canto de mi Jigglypuff.
- ¡Y nada
podrá contra mi pequeña Hikari!
Con bastante
confianza en sí mismas, ya daban por hecho que iban a ganar. Quedaron de
acuerdo en quien pelearía primero, y después de un cerrado duelo de “Piedra,
papel o tijeras”, la ganadora fue Minako. Después de organizar un par de
sesiones de entrenamiento para el día siguiente.
Al amanecer,
mientras terminaban de desayunar, escucharon un extraño estruendo no muy lejos
de donde se encontraba su campamento. Un tanto alarmada, la pareja de rubias
corrió hacia donde creyeron era el origen del extraño sonido.
Lo que vieron
las dejó sorprendidas.
Se trataba
del Mareep de una alta chica de cabello castaño, ojos verdes y piel morena, que
había derribado un viejo árbol con un solo Impactrueno. Usagi y Minako se
quedaron más sorprendidas al darse cuenta de que ese Mareep era el mismo que
habían tratado de atrapar antes de conocerse. Lo reconocieron por una pequeña
cicatriz que tenía el pokemon en una de sus patas traseras.
-
Increíble... – murmuró Usagi.
Pero aquella
chica logró escucharla...
- ¡¿Quién
está ahí?! – gritó y de inmediato volteó hacia los arbustos donde el par de
rubias estaban escondidas.
La fiera y
chispeante mirada de la chica alta hizo que el par se asustara y saliera de
inmediato con la finalidad de no hacerla enojar más.
- Oye, chica,
tranquila, no estamos aquí para pelear – dijo de inmediato Minako, haciendo un
ademán con sus manos para tranquilizar a la morena.
- Eso es
cierto, amiga – continuó Usagi, que estaba fuertemente sujeta del brazo de
Minako.
De repente,
la morena sonrió y ablandó su gesto, bajando su pose de guardia.
- No hay
problema, perdón por haberlas asustado... Soy Makoto Kino, de Shiban, mucho
gusto.
Mientras
Makoto guardaba a su pokemon, las rubias se acercaron a ella.
- Me llamo Usagi
Tsukino, soy de Juuban...
- Y yo soy
Minako Aino de Rokkuban.
Después de
saludarse y presentarse correctamente, las tres fueron campamento a terminar de
desayunar. Como Makoto aún no había comida nada, aceptó la comida que las
rubias le ofrecieron y, oh, sorpresa...
Makoto puso
un gesto bastante extraño y dejó caer la cuchara con el bocado restante...
Esa comida
era veneno...
- Esto...
tiene... un... sabor... interesante... – dijo con bastante trabajo.
Pero la
pareja se puso a llorar...
- Le dije a
Mina que no le pusiera tanta sal...
- Y yo te
dije que llevaba más azúcar...
- ¿Sal y
azúcar? – preguntó la chica alta bastante aterrada – Bueno, si aún tienen
ingredientes, puedo prepararles algo. No cocino tan mal.
Pero Makoto
no cocinaba mal... cocinaba maravillosamente delicioso, según palabras de
Usagi...
- Comencé mi
viaje hace menos de un mes – comentó Makoto, después de que el par le contara
el inicio de sus aventuras – También estoy camino a Ciudad Grisácea, pero
estaba entrenando a mis pokemon antes de la pelea.
- ¿Cuántos
tienes? – preguntó Mina.
- Cinco
apenas... Ayer en la noche capturé el Mareep que acaban de ver, también tengo
un Machoke, un Bulbasaur, un Pikachu y un Chikorita.
- Wow...
increíble... – murmuró Usagi.
- Cierto...
- Mako, ¿te
gustaría viajar con nosotras?... Entre más seamos, mejor.
La propuesta
de Usagi sonó bastante interesante para Makoto. La chica se sujeto el mentón,
tomando una pose reflexiva, y después de unos minutos sonrió al par de chicas.
- ¡De
acuerdo!... ¡Tienen una nueva compañera de viaje!
Continuará...
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