Por: Escarlata
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Era de noche cuando llegaron a Ciudad Verde. El frío era
soportable, pero igual se antojaba una suave cama para dormir, al menos por ese
día. Y, pese a eso, el Centro Pokemon de Ciudad Verde estaba demasiado vacío
para ser verdad. Muchos entrenadores, temiendo algún ataque del Equipo Rocket,
sacaron a sus pokemon del Centro y optaron por pasar desapercibidos por la
ciudad.
Las calles igualmente estaban vacías, poca gente, pese a no
ser entrenadores, temía salir por la noche.
Usagi, Makoto y Minako estaban algo sorprendidas por el
temor que las personas demostraban ante el Equipo Rocket. Sabían que se trataba
de Ami y Rei, pero ese par de chicas hacía demasiado bien su trabajo, era
increíble... De ser malvadas de verdad, ninguna de las tres tendrían a sus
pokemon a esas alturas.
Estaban cansadas, pues apresuraron el paso para llegar a
ciudad Verde cuanto antes, necesitaban descansar bien para poder encontrarse
con el par. Entraron al Centro Pokemon de la ciudad a pasar la noche y atender
a sus cansados pokemon... que, por alguna extraña razón, y pese a no haber
batallado en los últimos días, resentían el cansancio de sus entrenadoras.
Dejaron sus pokemon con la enfermera y se acomodaron en los
suaves sillones del recibidor del Centro, que era donde se les permitía dormir
a los entrenadores. Al amanecer sus pequeños amigos estarían como nuevos.
- Mako... tengo hambre... – lloriqueaba Usagi desde uno de
los sillones.
- Je... yo
también... creo que la cena rápida en el bosque no fue suficiente... – agregó
Minako, sujetándose el estómago graciosamente.
- No se preocupen, tengo suficiente comida en mi mochila –
sonrió Makoto de forma amorosa.
La alta chica abrió su mochila y preparó unos bocadillos de
arroz... Una verdadera bendición para sus hambrientos estómagos. No fue
necesario que Makoto mencionara que también tenía hambre. Y mientras terminaban
sus bocadillos de medianoche, un par de siluetas se colaban como sombras entre
los pasillos del Centro Pokemon...
- Les va a doler el estómago por comer tan tarde – murmuró
una voz con tono burlón desde una esquina.
Era una voz profunda que les sacó un buen susto al
principio, pero pronto reconocieron aquel tono como el de Rei. Volvieron sus
miradas hacia la esquina y la chica apareció de entre las sombras como
fantasmas. Ami inmediatamente apareció tras ella, sonriente como nunca.
- Buenas noches – les saludó la peliazul de forma cortés.
- ¿Siempre se
meten así en los sitios que van a robar? – preguntó Minako con una sonrisa
nerviosa.
- Mmm...
sí... lo mejor no es hacer escándalo – dijo Rei con una ligera risa – Tenemos
puesto el uniforme, si hacemos ruido, el escándalo sería enorme.
- No podemos
dejar que la enfermera nos escuche... – agregó Ami.
- Je...
olviden eso, ¿cuál es el plan? – preguntó Makoto.
- Vamos
afuera y se los explicaremos – les pidió Rei – La enfermera hace rondas cada
dos horas, no tarda en ser la ronda de las doce... y si nos ve a todos aquí,
nos meteremos en problemas...
- Sólo
acomoden sus cosas de manera que parezca que siguen dormidas... la enfermera
sospechará si no las ve – continuó Ami.
Hicieron lo
que ellas les pidieron, acomodaron bien todo y salieron por una puerta alterna
que el par había abierto para poder entrar. Afuera les esperaba Mamoru, sentado
bajo un árbol mientras le daba de comer a su Piggeot. Al lado del joven, había
enorme bolsas transparentes con incontables pokebolas, indudablemente, las que se
habían dedicado a robar en el camino.
Usagi se puso
algo nerviosa de ver a Mamoru, éste también se mostró un poco incómodo. Rei no
pareció sospechar nada en ellos... y Ami se alegró al darse cuenta de eso...
Sería un gran problema de ser así.
- Ellas son
quien van a ayudarnos – dijo Rei, abrazándose del joven – Deja te las
presento...
- Sólo sé el
nombre de ella – le interrumpió Mamoru con una sonrisa... que en todo momento
pareció de lo más casual y normal. Señaló a la rubia de las coletas, quién
también fingió normalidad – Se llama Usagi Tsukino... hace tiempo choqué con
ella por accidente, pero no esperaba volver a verla.
- Ummm...
supongo que es el destino – sonrió Rei – La chica alta es Makoto Kino, y la
rubia es Minako Aino.
- Es un
placer conocerlas, soy Mamoru Chiba – saludó Mamoru amablemente – Y en verdad
les agradezco su ayuda.
Ami soltó un
silencioso suspiro y se tranquilizó, al parecer, por lo que acababa de ver,
sólo se había preocupado de más por un asunto tan sencillo.
- El plan es
el siguiente, chicas – intervino la peliazul con tono serio – Mañana, Rei y yo
entregaremos estos pokemon a Giovanni personalmente. Iremos a verlo alrededor
de mediodía. Pero ustedes tendrán que entrar desde antes al laboratorio; el
joven Mamoru las guiará y les facilitará la entrada.
- Las
esperaré aquí mismo a las once – dijo Mamoru – Estaré vestido de civil y haré
mi parte. No tendrán que preocuparse por entrar al sitio.
- Confiamos
en que puedan dialogar con ese Drowzee y liberar a nuestros familiares – dijo enseguida
Rei – Una vez que lo hayan logrado, Mamoru nos avisará por el comunicador y
nosotras nos encargaremos de derrotar a Giovanni. Eso no nos tomará más de
cinco minutos... – finalizó con cierta malicia.
- ¿Todo
claro? – preguntó Ami.
El trío se
miró entre sí. Todo estaba claro y entendible... sólo tenían una pequeña duda
que no tardaron en exteriorizar...
- ¿Y si no
podemos convencer a ese pokemon de soltar a sus familiares? – preguntó Minako
con compartida preocupación – Al menos yo dudo que podamos hacer algo así.
Makoto y
Usagi sólo asintieron con la cabeza. Mamoru en cierta forma también parecía
dudoso. Ami y Rei se miraron momentáneamente y se sonrieron... esas chicas se
subestimaban así mismas. Se sonrieron de tal forma que nadie sabía qué estaban
pensando en realidad.
Ami les
dirigió de nuevo la mirada y se sentó en el césped, Rei le imitó en silencio y
pronto el resto hizo lo mismo con gran extrañeza.
- ¿Porqué se
quedaron en el Centro Pokemon, eh? – preguntó Ami con aquella misma sonrisa.
El trío se
mostró más extrañado aún, pero igualmente respondieron.
- Estamos
cansadas, necesitamos comer bien – dijo Makoto.
- Hikari y
los demás pokemon también están muy cansados – agregó Usagi.
- ¿Acaso
pelearon mientras venían? – preguntó enseguida la peliazul.
- No... –
negó Minako con la cabeza – sólo están cansados.
- Bueno...
supongo que ustedes se sentirán un poco mejor si comen más, ¿verdad? – sonrió
Rei, ofreciéndoles algo de comer que sacó de su mochila.
- Adelante,
coman... nosotros tres ya cenamos – finalizó Ami.
Llenas de
confusión, comieron aquello, muy delicioso, por cierto; y se sintieron mejor,
sólo necesitaban dormir. Mamoru no dijo nada en todo ese rato, estaba tan
confundido como ellas. Ami jugueteaba con una pequeña bolsa de pokebolas
mientras Rei picaba a ratos la comida.
Una vez que
terminaron de comer, Ami les preguntó cómo se sentían... mucho mejor, claro...
- Bien...
sólo necesitamos dormir... – murmuró Usagi.
- Ellos
también es todo lo que necesitan ahora – dijo Ami con una sonrisa, sacó una
pokebola de la bolsa y liberó al pokemon – ¿Verdad, Hikari?
Era la
Clefairy de Usagi. Tanto Mamoru como las chicas se sorprendieron. Ellas habían
robado las pokebolas del Centro sin que nadie se diera cuenta. El pokemon
asintió y se abrazó brevemente de Ami, después de Rei y enseguida se lanzó a
los brazos de su entrenadora.
- Si ustedes
están bien, sus pokemon también... si tienen hambre, ellos también; si tienen
sueño, ellos también – dijo Rei con cierta emoción en su voz, tomó la bolsa que
tenía Ami, donde, indudablemente, estaban las pokebolas del trío – ¿Quieren
otra prueba?... metan la mano a la bolsa, sin ver, y sacarán las pokebolas que
les pertenecen, y sabrán qué pokemon está dentro...
La sorpresa
era inmensa, cruzaron extrañadas miradas y Makoto fue la primera en ponerse a
prueba. Metió la mano en la bolsa y sintió varias pokebolas... las palpó unos
instantes y en varias de ellas sintió una familiar sensación de calor... tomó
una de las pokebolas y la sacó... era totalmente verde, color que distinguía
sus pokebolas del resto de sus amigas. Un nombre salió de sus labios de forma
automática.
-
Bulbasaur...
Y el pokemon
atendió al llamado de su dueña y salió de su pokebola. El pequeño restregó su
cabeza cariñosamente contra Makoto... la alta chica estaba sin habla; Mamoru,
Usagi y Minako también.
- Ahora
háganlo ustedes... – animó Ami al par de rubias – Harán lo mismo que ella sin
problemas...
Y así fue...
No necesitaron más pruebas.
- Nosotras
también podemos reconocer y sentir a sus pokemon sin necesidad de conocerlos a
todos – dijo Ami – Todos están saludables y felices... Y si quieren otra prueba
– murmuró, sacando una de sus pokebolas y mostrándoselas – Tóquenla y díganme
cómo se siente mi pokemon.
Las tres
tocaron la pokebola y sintieron cierta frescura, comodidad... felicidad...
- Es... es...
es tu Vaporeon – musitó Usagi.
- Cierto... –
respondió Ami con una sonrisa.
- Está muy
feliz ahí, está feliz de estar contigo – prosiguió una maravillada Minako
- Y tiene
demasiada fuerza – finalizó Makoto – más fuerza que cualquiera de mis pokemon.
Ami volvió a
guardar su pokebola.
- Ustedes son
las más capacitadas para hacer esto – les dijo Rei – han avanzado mucho desde
aquella vez que nos encontramos, están en el nivel tres y les falta muy poco
para llegar al cuatro.
- Confíen en
sus propias habilidades... lo harán bien con ese Drowzee, se los aseguro... –
murmuró Ami – ahora vayan a dormir y denme sus pokebolas, tenemos que
regresarlas a donde estaban o puede haber problemas.
- Yo las
esperaré aquí mañana a las once – dijo Mamoru después de un largo rato de
silencio.
- Descansen
bien, ¿vale?... mañana nos vemos – se despidió Rei y fue la primera en ponerse
de pie.
La despedida
fue breve. El trío regresó al Centro Pokemon, Ami fue sola a devolver las
pokebolas a su sitio, Mamoru y Rei se quedaron de pie bajo el árbol.
Pronto, la
pareja se abrazó, por iniciativa de Rei... quién no pareció percatarse que la
vista de Mamoru siguió a Usagi hasta entrar al Centro. El joven de nuevo se
sintió culpable de estar pensando en la rubia y no en la chica en sus brazos.
Pero Usagi tenía algo muy especial que le obligaba a pensar en ella. La
incomodidad lo invadió y gentilmente se liberó del abrazo. Rei ahora sí se
extrañó, pero no mencionó nada.
- Me
adelantaré al Gimnasio – dijo rápidamente y le dio un veloz beso en la mejilla,
yéndose de inmediato.
Rei presintió
algo malo en eso... pero tenía que concentrarse en el plan trazado, ya después
se preocuparía de aquello...
Continuará...
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