Por: Escarlata
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Mientras llegaban a Ciudad Verde, se dedicaron a asaltar
los Centros Pokemon en su camino, de manera que todo pareciera normal ante el
joven Mamoru, que era quien se encargaba de guardar y asegurar las pokebolas.
Estarían en su destino en cuestión de horas. Mamoru seguía
sobre su ave pokemon, Ami y Rei sobre el corcel de fuego. Planeaban contarle
todo a Mamoru antes de que fuera tarde para salvarlo, además, no sabían si él
se enojaría por haberle ocultado un secreto así por tanto tiempo. Tendrían que
arriesgarse.
- ¿Quieres que te ayude a explicarle todo, Rei? – le
preguntó Ami casi al oído, de manera que no es escuchara su conversación.
- No, déjame a mi... pero si necesito tu ayuda, te llamaré,
¿bien? – respondió sin despegar su mirada del frente.
- De acuerdo... Estamos a buen tiempo de hablar con él...
yo diría, que ahora mismo estaría bien...
- ¿Tú crees?
- No tardaremos en llegar a Ciudad Verde... tendremos que
ir con Giovanni de inmediato y ya no habrá oportunidad... menos si nos
encontramos con Usagi y las chicas... – expuso seriamente.
- Cierto...
- De todos modos nos detendremos a comer de un momento a
otro... aprovecha para decirle, Rei.
- De acuerdo...
Pasaron algunos minutos más. Mamoru estaba sumergido en sus
pensamientos sobre su novia Rei y aquella linda rubia que se había encontrado.
¿Porqué diablos seguía comparándolas?... ¿Porqué?... No estaba siendo justo,
era muy cruel al seguir pensando en Usagi. Negó con la cabeza varias veces, a
manera de ordenar sus pensamientos.
Terminó de salir de trance cuando escuchó que el Rapidash
detenía su veloz galope. Aterrizó junto al par.
- Es hora de comer – dijo Ami con una sonrisa.
- No podemos seguir el viaje con el estómago vacío – agregó
Rei enseguida con una sonrisa, mientras dejaba descansar a Rapidash en su
pokebola.
- Me parece bien – respondió Mamoru, sonriente, dándole
también un descanso a Piggeot. Ya tenía hambre... – Déjenme ayudarles con la
comida.
Pasaron un rato divertido mientras preparaban sus
alimentos, comieron y tomaron un breve descanso. En ese momento, Mamoru notó
que ambas se ponían serias, mientras le miraban fijamente.
- ¿Pasa algo? – preguntó con tono preocupado.
- Hay algo que tienes que saber, Mamoru... – dijo Rei con
la vista baja.
- ¿Uh?
- Algo serio – agregó Ami – Sólo le vamos a pedir que no se
moleste con nosotras...
Dicho eso,
Ami se retiró y quedó solo con Rei, quien se sentó a su lado.
- ¿Qué es,
Rei?
- Es una
historia larga, así que ponte cómodo...
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Usagi no
sabía si llorar, o sorprenderse, o entristecerse... Aquel chico del que se
había prendado a primera vista, resultó ser miembro del Equipo Rocket... No podía
creerlo... Y por si fuera poco eso, era alguien muy querido para Rei. Le bastó
con ver que sólo le dio un beso a la entrenadora de pokemon de fuego, mientras
que Ami fue muy respetuosa con él.
- Usagi... no
podías saberlo... – le decía Makoto dulcemente – Era obvio que no te diría que
era parte del Equipo Rocket...
- Eso es
cierto... sólo imagínalo – trató de bromear Minako, para imitar, casi
enseguida, la profunda y galante voz del joven – “Hola, Soy Mamoru Chiba... ah,
también soy miembro del Equipo Rocket y tengo novia, mucho gusto...”
Usagi esbozó una sonrisa. Ellas tenían razón. Era natural que Mamoru no le
dijera, en dos minutos de plática, que era miembro de esa horrible
organización. Negó con la cabeza y miró a sus amigas con una recuperada sonrisa.
- Bueno...
debí imaginar que un muchacho tan guapo como él tendría novia – rió Usagi, para
contento de sus amigas – Supongo que Ami es demasiado tímida como para
relacionarse con un chico... realmente no ha cambiado nada en estos años. A Rei
no la conocemos, pero a primera vista es muy... temperamental...
- Ni que lo
digas... esa chica sí da miedo. Ami no – continuó Makoto
con una risilla.
- Y hablando
de ese par, tenemos que apurarnos a llegar a Ciudad Verde – les recordó Minako
con un gesto alegre – Seguramente, Mamoru Chiba también está con los Rocket por
la fuerza...
- Eso no lo
había pensado – murmuró Usagi – Bien, tendremos que correr, por que Ami y Rei
van sobre un Rapidash y llegarán mucho antes que nosotras.
Calcularon
que Ami y Rei llegarían a Ciudad Verde al anochecer... Si se apuraban, ellas
podrían llegar al día siguiente.
Comieron algo
y de inmediato partieron. Fuera de todo el drama anterior que armó Usagi, todas
quería ayudar al par a salir de esa delictiva asociación. Ahora también
deberían sacar a Mamoru Chiba. Todo con tal de acabar con el Equipo Rocket para
siempre.
Conforme
avanzaban, escuchaban la noticia de que una pareja de los Rocket había estado
asaltando muchos Centros Pokemon...
Esas chicas
sí que se tomaban en serio su papel de malas...
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Ami regresó
al campamento después de una hora de estar paseándose por los alrededores. No
sabía cómo había tomado el joven Mamoru toda la situación... empezando por la
horrible forma en que las obligó a unirse al equipo. No podía evitar un
sentimiento de preocupación. Cuando llegó, vio que Mamoru abrazaba a Rei con un
gesto serio y preocupado a la vez.
- Hola... –
saludó tímidamente.
Mamoru le
sonrió, Rei le dirigió la mirada y también esbozó una alegre sonrisa.
- Me alegra
que hayas regresado – dijo Rei, desprendiéndose del cómodo abrazo.
- Ami...
realmente no tenía idea de nada – murmuró Mamoru. Ami se sentó frente a ellos –
Con razón se me hacía muy raro que chicas tan buenas como ustedes estuvieran en
el equipo. También veo que tenían razones muy poderosas para no decirme lo que
pasaba.
- No sabíamos
cómo iba a tomarlo, joven Mamoru – contestó Ami con un apenado gesto.
- Bueno...
supongo que ahora que tienen ayuda, pueden terminar con todo esto. Creo que
también les ayudaré...
Lo último que
dijo Mamoru sorprendió a Ami, pero bastó un gesto y una mirada para que Rei le
tranquilizara. La peliazul pronto sonrió y soltó un suspiro.
- Podríamos
decir que Mamoru y Giovanni son todo menos padre e hijo – musitó Rei,
guiñándole el ojo.
- Tiene que
pagar por sus crimines – sentenció el joven – Tenemos que devolver todos esos
pokemon a sus dueños.
- Nos
encargaremos de todo eso, joven Mamoru... – aseguró Ami con una enorme sonrisa
– La primera vez que Rei y yo nos encontramos a Giovanni casi lo vencimos...
Ahora somos más fuertes y derrotarlo no será problema.
- Puedo
ayudar a esas chicas a entrar al laboratorio – dijo Mamoru – Tengo entrada
libre... supongo que sus familiares deben de estar en el sótano de maquinarias...
nunca he entrado ahí antes y es el único lugar que se me ocurre. No conozco
otro sitio en el que mi padre haya podido esconderlos.
- Debe ser
ese sitio – pensó Ami en voz alta – Sólo sabemos que están en el laboratorio,
pero Giovanni sólo nos los mostraba por un monitor...
- Sería de
gran ayuda que guiaras a esas chicas – musitó Rei amorosamente – Nosotras no
podemos acercarnos siquiera al laboratorio.
- Nos
encontraremos con ellas en Ciudad Verde.
- Lo sé...
Rei acaba de decírmelo... Y, también, que una de ellas es conocida tuya, Ami.
Una chica llamada Usagi Tsukino.
Ami notó
cierto nerviosismo en Mamoru al mencionar eso... Ella también se puso nerviosa,
pero disimuló bien, de manera que Rei no sospechara nada.
- Sí...
también es de Juuban – sonrió.
- Bien. No es
necesario que lleguemos tan rápido a Ciudad Verde. Nos quedaremos aquí ésta
noche y mañana temprano partiremos, ¿de acuerdo?
- Sí –
contestaron ambas.
Arreglaron
bien el campamento para dormir. Aún faltaba un poco para que obscureciera, así
que siguieron platicando amenamente de un tema no muy lejano a la anterior
conversación.
- ¿Y cómo
sabré cuando esté en el nivel cuatro de Empatía Pokemon, Ami? – le preguntó
Mamoru, bastante interesado en aquella teoría – Ustedes dos están en ese nivel,
pero... ¿cómo lo supieron?
- Usted está
en el nivel dos apenas, pero lleva muy buen ritmo de avance y no tarda en
subir – explicó Ami.
- Es muy
fácil saber cuando uno llega a esas alturas – agregó Rei con una sonrisa.
- ¿Cómo?
- Esto es
algo que sólo le mostraremos a usted, joven Mamoru... Prometa no decírselo a
nadie.
- Lo prometo.
Ambas se
pararon frente a Mamoru y cada una le mostró sus seis pokebolas. Mamoru se
mostró extrañado, y su sorpresa aumentó al verlas sonreír.
- ¿Conoces a
todos mis pokemon, Mamoru? – le preguntó Rei.
- Um...
tienes un Rapidash, un Flareon, un Charizard, un... Haunter... y... creo que
también un Houndoom... – enumeró, sujetándose la barbilla, pero había una
pokebola más – Pero... el último... no sé cuál sea...
- ¿Y conoce a
los míos? – preguntó enseguida Ami.
- Mmm... Un
Golduck, un Vaporeon, un Gyarados, un Feraligart y un Warturtle... y el sexto
tampoco sé cuál sea... – suspiró, confundido.
- Cuando se
llega al nivel cuatro, entonces pasa algo extraordinario – dijo una emocionada
Ami.
- Esa es una
parte difícil de explicar... Ami sigue investigando eso, pero podemos decirle
que, cuando se llega al último nivel, el subconsciente de uno llama a un
pokemon...
- ¿Llama a un
pokemon?
- No a
cualquier pokemon... Mire esto, joven Mamoru... le presento a mi sexto
pokemon... – murmuró Ami con singular orgullo y lanzó una de sus pokebolas al
aire – ¡Sal, Articuno!
- ¡Tú
también, Moltres! – exclamó Rei, imitando el movimiento de Ami.
Mamoru no
cabía en su propia sorpresa... Ami y Rei poseían a dos pokemon legendarios...
Ambos eran enormes y majestuosos. Vio como volaban por cielos lado a lado,
destilando esplendor en cada aleteo. Ahora entendía todo... al llegar al nivel
cuatro de Empatía, llegaba un pokemon legendario.
Los pokemon aterrizaron
en el campamento. Mamoru vio con qué facilidad y confianza montaban las chicas
a los lomos de aquellas legendarias y raras aves. Era increíble, pues Mamoru
sentía el insoportable fuego del Moltres y el terrible frío del Articuno...
- ¡Arriba, amigo!
– exclamó Ami con un enorme contento.
- ¡Tú
también, Moltres, hasta donde lleguemos! – continuó Rei, alegre.
Un aleto
bastó para que las aves remontaran el vuelo, creando un espectáculo con llamas
y escarcha en todo el cielo nocturno. Una preciosa vista, no había duda. Ami y
Rei parecían muy felices de estar sobre sus pokemon, disfrutaban el vuelo como
nadie. Estuvieron volando algunos minutos, después regresaron al campamento y
guardaron de nuevo a los pokemon.
- Cuando papá
y yo llegamos al Templo donde vivía Rei, las dos tuvimos una batalla pokemon
tras otra – le contó Ami al joven.
- Peleamos
durante mucho tiempo, y de repente, una noche, ellos llegaron a nosotras
después de terminar una larga y fatigosa batalla – continuó Rei – Por suerte,
Giovanni no sabe nada de ellos, seguramente nos los hubiera quitado.
- Entiendo.
- Va muy
bien, joven Mamoru, en cuanto llegue al nivel cuatro, tendrá un pokemon
legendario.
- Y al paso
que van esas chicas, no tardan en tener los suyos, también – musitó Rei.
Continuará...
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