Por: Escarlata
***************************************
Después de intercambiar sus impresiones sobre lo que
acababa de pasar, Usagi y sus amigas optaron por seguir su camino a la siguiente
ciudad como si nada hubiese pasado. Ami y Rei seguramente les encontrarían sin
importar dónde estuvieran.
Usagi estaba
muy feliz por que su amiga Ami no era mala, tal como lo había sospechado. En
verdad quería ayudarla a dejar al Equipo Rocket, pues ella era una persona a la
que apreciaba mucho. Rei, siendo amiga de Ami, era seguro que también
pertenecía al bando de los buenos pese a su mal carácter. Makoto y Minako
parecían emocionadas de ayudar, pues sus deseos de acabar de una vez por todas
a ese malvado equipo se adivinaba a primera vista.
Pensó, de
nueva cuenta, en aquel chico que se encontró en la ciudad y deseó volver a
verlo. Pero siendo él otro entrenador pokemon, seguramente lo volvería a ver
tarde o temprano...
- Hey, Mina –
le llamó Makoto a la rubia en voz baja, señalando a Usagi – Mira cómo está
Usagi... tiene un gesto extraño en la cara...
- ¿No lo
adivinas, Mako? – le preguntó Minako con una pequeña risilla – Nuestra buena
Usagi está pensando en aquel chico del que nos contó
- Je... Luce
muy graciosa...
- Lo sé... –
murmuró y de pronto le brillaron los ojos al ocurrírsele algo – Oye, Mako,
tengo una idea...
Le susurró
todo al oído y ambas contuvieron las risas tapándose la boca. Se acercaron en
silencio a Usagi, cada una por un lado, de pronto...
-¡USAGI,
DESPIERTA! – gritaron a los oídos de la rubia de las coletas y ésta dio un
salto del tremendo susto que le pegaron.
- ¡No vuelvan
a hacer eso! – les reclamó con enojo.
- ¡Ja, ja,
ja, ja! – rió Makoto – ¡Deja de pensar en él, Usagi, tenemos que ayudar a Ami y
a su amiga! – explicó entre grandes carcajadas.
Usagi se
sonrojó profundamente, mirando con reproche a su par de amigas. Minako
simplemente cayó al suelo sujetándose el estómago, sus carcajadas comenzaron a
provocarle un dolor en el abdomen que fue lo que la tiró.
- ¡Dejen de
reírse y mejor comamos para seguir nuestro camino! – exclamó la rubia, pero
ninguna de las dos le prestó atención. No paraban de reír – ¿Conque esas
tenemos, eh?... – murmuró y sacó la pokebola de su Clefairy – ¡Hikari, dales
una lección!
Pasaron media
hora peleando hasta que se decidieron a comer.
***** *****
***** ***** *****
Ami y Rei
comían en silencio. A veces solían no hablar mucho, no era necesario; pero en
ésta ocasión el silencio era tenso... Y una de ella sabía porqué...
- Mmmm...
Rei... – murmuró Ami con cierto esfuerzo.
- ¿Qué? –
preguntó con un molesto gesto, fingiendo no saber a qué se refería su
compañera.
- ¿Me
contarás?
- ¿Sobre qué?
- No
finjas... Me conoces, te conozco... y eso no funcionará conmigo... Sabes de lo
que hablo y prometiste contarme todo.
Rei puso mala
cara después de oír eso. Ami tenía una sonrisa triunfante.
- Nunca dije
que ‘todo’ – repuso con cierta molestia.
- ¿Ves cómo
estabas fingiendo? – alegó Ami con una sonrisa – Dime, por favor...
- No hay
mucho que contar.
- No importa.
Entre
gruñidos y malas miradas, Ami se enteró de lo sucedido durante su ausencia... y
aquello le emocionó mucho. Estaba feliz de que Rei tuviera como novio a un
joven tan galante como Mamoru. De verdad estaba muy contenta por ella. Rei era
lo único que tenía después de que su padre fuera prisionero. Aquella chica era
su mejor amiga y no sabía que hubiera sido de ella de haber estado sola en esa
situación.
- Cuando
salgamos de ésta, es seguro que puedas llevar una relación más abierta con el
joven Mamoru... podrías viajar con él... – murmuró Ami con una extraña sonrisa
mientras sorbía su sopa. – Yo me iría a otro lado para no hacer el mal
tercio... je...
- Cállate...
– musitó Rei malhumorada. – Además... Tú y yo somos un equipo... no podría
luchar si tú no estás a mi lado...
Ami se
sonrojó y sonrió ampliamente.
- Yo tampoco,
Rei... – contestó con un susurro que hizo sonreír a la chica de cabello negro.
Ahora sí el
silencio fue agradable. Terminando de comer, sonaron sus comunicadores. Era
Giovanni, había un nuevo trabajo qué hacer...
- Quiero que
vayan a los centros Pokemon y los roben... ¿han entendido? – sonó la orden por
el comunicador. – Ahí suelen tener buenos pokemon bajo cuidado... Los quiero a
todos...
La
comunicación se cortó y la pareja se miró entre sí, no había más opción que
seguir las órdenes... dentro de poco podrían librarse de las garras de
Giovanni, no podían esperar... Planearon encontrarse con el trío en la
siguiente ciudad, podrían llevar a cabo el robo al Centro Pokemon y planear con
ellas cómo entrar a los Cuarteles Generales del Equipo Rocket.
- ¿Te parece
si vamos mañana?... Ellas ya estarán ahí para entonces... – propuso Rei,
mirando el atardecer.
- De acuerdo.
Entonces descansemos. Hay que poner el campamento. – murmuró Ami, sacando su
bolsa de dormir.
De pronto,
Ami se puso un poco seria, colocaba sus cosas en el suelo de forma ausente, Rei
notó aquel estado en Ami y le preocupó.
- ¿Te sientes
mal, Ami?
- No... Nada
de eso... – respondió enseguida, pero miró con cierto pesar a Rei – Sólo me
preguntaba... ¿Qué crees que pasé con el joven Mamoru cuando salgamos del
Equipo Rocket?... Irremediablemente vamos a pelear contra Giovanni... si
hacemos todo bien, podemos desaparecer al Equipo para siempre. Pero...
Rei
comprendió las palabras de Ami y quedó cabizbaja... Su amiga tenía mucha razón,
hasta ese momento no se había preocupado por eso. Mamoru tenía que enterarse de
todo lo que había hecho su padre para retenerlas. Mamoru era un buen hombre,
pero... ¿y si su padre lo arrastraba con él cuando lo derrotaran?... ¿O si la
policía no respetara que Mamoru era bueno?... Podrían arrestarlo también...
- Creo que
debo decirle todo, Ami... – murmuró Rei sin cambiar su posición.
Ami se acercó
a Rei y la abrazó. Entendía bien cómo debía sentirse su amiga en ese momento.
- Buscaremos
la manera de salvarlo a él también, no te preocupes – le susurró al oído.
***** *****
***** ***** *****
Mamoru volaba
sobre su ave pokemon, tratando de acomodar sus pensamientos. Rei ahora era su
novia, la quería mucho, ella era una joven como pocas... pero simple y
sencillamente no podía quitarse de la mente a la chica rubia que había conocido
en la ciudad.
¿Porqué
seguía pensando en ella?
¿Porqué?
Era tonto
mantenerla en sus pensamientos, sólo platicó con ella un par de minutos, sólo
conocía su nombre... En cambio, Rei le era conocida de años, ella y su tímida
amiga Ami... Las vio la primera vez que ellas entraron al Equipo Rocket, trabó
amistad con ambas y de inmediato adivinó que la chica de cabello negro se había
fijado en él, mientras la chica peliazul se dedicaba a sus investigaciones.
Piggeot miró
a su amo, el pokemon parecía preocupado por verlo tan serio y callado, pero
Mamoru lo tranquilizó acariciándole el plumaje de su cabeza.
- No me pasa
nada, amigo, pero gracias por preocuparte por mí – le dijo a su pokemon con una
sonrisa y continuó sobrevolando los cielos.
Su padre le
había hablado poco antes. Ami y Rei estaban por robar todos los Centros Pokemon
en su camino, tenía que estar preparado para llevarlos al Cuartel en cuanto
ellas le llamaran
***** *****
***** ***** *****
Las alarmas
sonaban por todo el bosque, el Equipo Rocket acababa de robar un Centro Pokemon
que estaba en medio camino, un buen sitio disponible para los viajeros. El
trío, que pasaba cerca de ahí, escuchó las alarmadas voces de las enfermeras y
los entrenadores que se encontraban ahí.
Más o menos
adivinaron que se trataban de Ami y Rei. Tenían que buscarlas...
- Seguramente
deben estar escondidas entre los árboles detrás del centro – supuso Minako –
¡Vamos!
Las tres
corrieron en la dirección señalada por Minako. Efectivamente, el par les
esperaba escondido entre unos arbustos. El pequeño Vaporeon de Ami las guió hasta
su escondite.
Se alegraron
de verse.
- Realmente
saben lo que hacen – musitó Minako de forma divertida – Nadie les pudo seguir
el paso.
- ¿Ya tienen
algún plan, chicas? – les preguntó Makoto, que estaba cruzada de brazos.
- Deben tomar
un atajo que está al este para llegar más rápido a Ciudad Verde – explicó Ami.
- ¿A Ciudad
Verde?... – murmuró Minako – ¿Para qué?
- El Gimnasio
de Ciudad Verde es la base del Equipo Rocket – respondió Rei con su habitual
gesto serio – Nosotras debemos entregar estos pokemon a Giovanni y naturalmente
tenemos que ir ahí.
- Haremos lo
posible por quedarnos ahí el suficiente tiempo para esperar su llegada –
continuó Ami – Cuando nos volvamos a ver, les diremos el resto del plan. ¿De
acuerdo?
- ¡De
acuerdo! – contestó una animada Usagi, dando saltos de contento.
Ami y Rei
intercambiaron una mirada y se sonrieron... dentro de poco estarían libres de
ese malvado...
- Tenemos que
irnos – musitó Ami – Nos tienen vigiladas y no es conveniente que nos atrapen
conversando que nadie...
- Nos veremos
en Ciudad Verde – finalizó Rei y sacó a su Rapidash – Tengan cuidado.
El par montó
al corcel de fuego, pero, de pronto, se escuchó un fuerte aleteo en el cielo.
El par se puso pálido ante la mirada del trío.
-
¡Escóndanse! – les ordenó Ami.
Las chicas
obedecieron, pero quedaron a vista de Ami y Rei para verificar que no las
atrapara el joven Mamoru... ya sabían que era él.
El poderoso
Piggeot aterrizó cerca del par. El joven descendió del ave pokemon y se acercó
a ellas.
- Hola – saludó
Mamoru con su habitual sonrisa, pero miró con especial énfasis a Rei.
Ami se
inclinó educadamente y respondió el saludo, pero, al dirigir su mirada al sitio
donde el trío estaba escondido, notó el pálido gesto de Usagi al ver a
Mamoru... aquella reacción no le gustó. Entonces sus sospechas eran ciertas...
El joven del que Usagi le habló a sus amigas y Mamoru eran la misma persona...
Mamoru se
acercó para darle un beso en la mejilla a Rei.
Y eso hizo
que Usagi se desmoronara en su escondite. Ami lo notó. Las tres no tardaron en
desaparecer del sitio...
- ¿Pasa algo
malo, Ami? – le preguntó Mamoru al verla callada y ausente.
- ¿Eh?...
Uh... No, no es nada, es sólo que creí escuchar que los policías se
acercaban... pero no pude distinguir bien qué era – mintió ante una seria
mirada de Rei – ¿Les place si nos vamos?... Tenemos que entregar estos pokemon.
La pareja
asintió y Mamoru volvió a montar su Piggeot. En instantes, los tres ya se
habían esfumado.
Continuará...
***** *****
***** ***** *****