Es veneno.|
Hermosura, vida mía, corazón herido, ave maltratada, Agua cristalina, viento refrescante, tranquila oscuridad, Sueño profundo, sol naciente, tibia leche materna. Desde el fondo del abismo logré salir, tosiendo la putrefacta sustancia, envuelto en ella, invadido, asqueado; vomitando. Mi mano aferrada al arma mortal, el símbolo de mi desgracia y mi sustento, la furia desgarradora de entrañas. Las primeras fueron las mías. Salgo de la podredumbre para destruir, para llevarles de nuevo al abismo, de donde alguna vez salieron, donde reposaré por siempre. Mi piel está impregnada de la sustancia, la nausea me rodea, protegiéndome y robándome el alma, impidiendo daño físico y consumiendo mis anhelos. Con ojos y oídos infectados de ira camino con frenesí, una víctima mas, una víctima de sus pecados, de los míos, siempre impuestos por ellos, ellos en todos lados, ellos los creadores de este mundo, de esta conciencia maldita, de este perverso principio y terrible fin. Tomo la víctima por el cuello, sus convulsiones al saberse perdida me hacen recordar a los extintos reptiles, los reptiles actuales son humanos, llenos de la sustancia, implorando y llamando al pozo, pidiendo al mensajero el viaje al fondo, pidiéndome ése favor. Mi llamado es final e irrevocable, cargado del aliento putrefacto, de la nausea vertiginosa, del calor sofocante, del frío de tu corazón. Soy yo, el mensajero, que te busca desprevenido, soy la salida fácil, soy la pendiente suave, soy la ignorancia, la envidia y el egoísmo, soy todo esto y más, soy la maldad. Una vez que te agarre lentamente te arrastraré hacia el abismo, llenándote primero de la sustancia, fría al principio y tibia después, viscosa, envolvente, deslizante. Lenta e inexorablemente te arrastraré, para mostrarte qué tan bajo puedes llegar, para estar en el fondo juntos por siempre. Un consejo: No me llames, no dejes que te atrape. |
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