este es Schadelböhrer Mirada.
Mensaje secreto:
Perdón por destruir tu sonrisa

Los harapos se humedecieron al mismo contacto con el aire y todo mi cuerpo fué recorrido por el escalofrío la desagradable sensación de ser acechado se hizo presente llenándome de horror al sentirme desprotegido.

El olor denso y penetrante del lugar lastimó cada poro de mi piel al mismo tiempo, como si fuera un acto premeditado para hacerme sufrir con mayor intensidad. Me sentí como un lastimero ratón recién nacido y expuesto al peligro. Por primera vez percibí por completo la gravedad de mis acciones y la responsabilidad que debía enfrentar.

Luz difusa y ténue permitío que la penumbra suplantara a la oscuridad, noté sombras y contornos, noté que no estaba sólo.

Un enorme ser del doble de estatura de un humano estaba sentado en su horrible trono de piedra tallada con basfemas figuras e imposibles paisajes, aves rapaces de almas vivientes, bosques ardientes de figuras torturadas, bestias de altivo semblante fungían como ayudantes en cada imagen.

La pesadísima mirada del ser del trono me aplastó hasta el suelo, mi respiración se hizo casi imposible, la presión en mis oídos se hizo insoportable, sentí estallar mi ser como un batracio ante el pisotón final. Entendí que había sido vulgar y grosero al posar mi mirada en un trono destinado al ser mas poderoso, me percibí destruido, reducido a la nada y acepté mi final, castigo de la insolencia.


Pero fuí perdonado y la presión cedió, pude por fín respirar, el equilibrio regresó y las molestias primeras regresaron a su intensidad soportable. Me mantuve hincado con la mirada baja, directa al suelo. A punto estuve de hablar, de pedir, pero mi reflejo fué el de la sumisión total. Esperé a ser ordenado, a dejar que el ser decidiera mi destino.

La luminosidad aumentó, pude ver que mis harapos estaban empapados, que mi piel siempre morena era pálida y casi se veía azul, que cada bello que brotaba por los poros de mi piel era gris, que mis uñas eran negras y transparentes, que mis pies estaban cubiertos de costras y cicatrices supurantes, que mi piel estaba agrietada, que mis bellos eran delgados como telarañas, que mis uñas estaban rotas y que mi alma había sido torturada. Torturada, pero no doblegada.

Un suave murmullo de multitud humana, apenas perceptible, apenas eco, me hizo saber que estaba en un lugar enorme, casi abierto, el murmullo parecía crecer pero cesó repentinamente para dar paso a un millar de voces, infantes, mujeres, hombres y ancianos que hablaban como una persona, una voz cercana al trueno, sólo para decir "Haz tu petición". La vibración provocada por dicha voz casi me reventó los oídos.

"Vida" estuve a punto de exigir, pero mi anhelo fué callado por la razón, debía ser cuiadoso y con mucho respeto dije lo políticamente correcto, alabar al ser que había hablado: "Mi alma es tuya, te lo debo todo, estoy dispuesto a servirte como lo desees, no pido nada a cambio".

El murmullo hizo preludio a la horrible carcajada apagada de mil voces humanas, lo sabía todo, no podía ser engañado. Su trofeo había sido conseguido.

"Deseas una vida provechosa, deseas proteger a los tuyos". Mi pecho dió un salto que se convirtió en seguida en agudo dolor, la verdad había sido expuesta. Escuche un bajo gruñido, el sonido de las montaña antes de hacer erupción, sólo que venía del pecho del enorme ser. Creí ser aniquilado con su pensamiento, su sólo aliento hubiese bastado para separar cada átomo de mi cuerpo, para reducirme al polvo, casi sentía sobre mi la hirviente brisa de un millón de soles sobre mi espalda, el helado soplo del vacío eterno llevandome a la nada.

El murmullo se hizo evidente, creció tomando forma de bruma luminosa, desde ambos costados del ser vino esa luminosidad rojiza hacia mi, compactándose en un hilo de solidez mayor a la de la roca y luminosidad igual a la de nuestro sol, pero sin extender su brillo a la penumbra circundante, lentamente se acercó a mi, penetrando mi cuerpo por la naríz. Al sentir tal violación a mi ser cerré los ojos con fuerza irguiendo al mismo tiempo el cuerpo, me sentía invadido a la fuerza, con tal brutalidad y desenfado que la nausea me invadió, asqueado de mi cuerpo, mi ser y mi alma. Hubiese vomitado de poder hacerlo, el fino halo de luz sólida se tornaba viscosa dentro de mi, llenando primero mis pulmones para ser invadido después hasta saturar cada poro. Por fin llegó la luz a mis ojos y pude ver a través de mis párpados. Ví cada detalle del ominoso, perverso y antinatural ser, ví sus oscuras cavidades oculares brillar con la negrura del abismo, vi su musculoso cuerpo estar cubierto de pequeñas escamas y de fino bello negro, cubierto de gris piel putrefacta pero viva, transparente, que permitía conocer los detalles de cada músculo y tendón, le vi arrogante con sus grandes y voluminosos cuernos de macho cabrío, le ví sus delgadas orejas puntuagudas, vi su oscura cavidad nasal sin nariz, le ví calvo, ví sus largas manos terminadas en potentes garras que ningún animal posee. Noté sus gigantescas alas de murciélago plegadas a su espalda, ví su vestimenta de piel humana. Vi la maldad a la cara.

Al instante en que lo ví su risa vino a mi, horrorizado por la percepción del mal en su forma natural, la forma humana. La luz llegó a mi cerebro y supe que su voz era la voz de miles sentados alrededor de su trono, de miles de condenados por su propia elección. Ellos le daban voz a lo innombrable, Vibración a lo muerto y sin embargo: vivo!

Con mi cuerpo restituido mas allá de la muerte empecé a bajar al universo de los hombres pensantes, fija la mirada en el ser de maldad. Mi aliento recién recibido casi cesó, pues al bajar,noté que su oscuridad aclareaba, que el olor denso y penetrante se tornaba en blancura sin forma, que su vestimenta de piel humana revoloteaba al viento como blanca tela de seda, que los cuernos se volvían una blanca melena. Que las cavidades mostraban ahora una severa mirada.

En mi mente se formó una pregunta, un favor a mi cuerpo, mi ser y mi alma "Para vivir una vida provechosa, para proteger a los tuyos, debes olvidar lo que has visto. De lo contrario serás juzgado y repudiadi ¿Deseas olvidarme?".

Mi respuesta fué valerosa por fín, un no rotundo salió de mi pecho. Supe que el trato me había doblegado al fin, que me habían comprado el alma, me sumaría al coro de mil voces, toqué la tierra y me arrodillé llorando, me sentí observado por una severa mirada, la mirada del dios que castiga.

25 Febrero 2004


Por Schadelböhrer

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