Luz molesta.| "Haz encontrado el mensaje secreto" 0000000000000000000000 | El señor de edad madura observó su entorno, la luz le molestaba mas de lo que podía soportar así que cerró nuevamente los ojos. No sabía que era ése sabor metálico en la boca pero por el momento no le interesaba averiguarlo. Su costado izquierdo le atormentaba con un agudo dolor que le hacía percibir un zumbido aún mas agudo en ambos oidos. No podía mas que oler su propio sudor fermentado por la falta de cambio de ropa y sus manos habían estado atadas tanto tiempo que le era imposible sentir con sus palmas. Estaba semi aislado del mundo. Decidió pararse, pero la gracia natural de este movimiento no se hizo presente y calló de bruces, notó que el sabor metálico se incrementó, así que dedujo que había sangre en su boca. Pospuso el deseo de pararse para escupir primero, lo logró sin que el zumbido en sus oidos fuera insoportable, pero el agudo dolor en su costado izquierdo no pareció aminorar la tortura como lo hacía. Esta molesta persistencia le desesperó, alentándolo a ponerse de pie sin importarle el sufrimiento. Aún sin gracia alcanzó su meta, decidió abrir los ojos pues mantenerlos cerrados le estaba desorientando y además le mareaba. Maldijo su situación. Frente a él estaba un acantilado, lo suficientemente profundo como para hacerle sentir vértigo pero sin intimidarlo, intentó dar un paso hacia atrás, pero ese paso se convirtió en un resbalón y cayo nuevamente, esta vez de espaldas. El sufrimiento le desalentó a intentar nuevamente ponerse de pie, pero le dio una nueva opción: arrastrarse. Con los ojos fijos en el sol de mediodía logró que una mano se liberara del atado, con lo que pudo poner ambas en el piso para después girar y quedar boca abajo. Escupió nuevamente e intentó avanzar hacia el lado contrario de donde se encontraba el acantilado. Su vista no podía distinguir las formas entre las borrosas sombras que tenia enfrente, la nieve era demasiado reflejante para poder permitírselo, pero aunque hubiese podido no lo hubiera intentado, el dolor del costado izquierdo se intensificó de tal manera que le era imposible arrastrarse boca abajo. Descansó unos momentos mientras intentaba escupir la sangre que se aglutinaba a cada segundo en su boca, y así, imposibilitado del movimiento, se dio a la tarea de recordar. Recordó una luz brillante y un sabor metálico, pero en realidad no lo recordaba, nuevamente estaba fijando su vista hacia la nieve y nuevamente estaba saboreando su sangre. Elevó un poco la mirada y pudo distinguir algunas formas entre las sombras enfrente de él que se elevaban hasta el cielo. Era un automóvil. Sólo que el automóvil no estaba en condiciones de usarse, estaba golpeado, raspado, casi partido por la mitad y además volteado. Era imposible hacer uso de él para otra cosa que no fuera un refugio temporal. Se puso de pie con menos esfuerzos que la vez anterior, y para no repetir al experiencia puso especial cuidado en caminar sin resbalar. Se acercó al auto. En él había una gran cantidad de hilos de sangre que llegaban hasta la nieve para entintarla, alrededor había una infinidad de escombros y piezas de diversos materiales, todas ellas rotas. Con gran trabajo se arrodilló para ver el interior del auto para descubrir tres cuerpos de hombres maduros vestidos de traje de vestir negro, camisa blanca, corbata gris brillante y haciendo uso de lentes para el sol. Todos ellos de cabellos grises y nariz prominente, pómulos angulosos y barbilla sobresaliente, cabeza estrecha y frente plana, todos parecían la misma persona, todos eran idénticos. Aunque había capacidad para cuatro personas sólo había tres y faltaba precisamente el acompañante del conductor. Intrigado, miró en la pintura pulida del auto y buscó su reflejo. Quedó atónito al observar que él mismo vestía traje sastre negro, corbata gris brillante, era de cabellos grises y nariz prominente. Había encontrado al acompañante del conductor. | Este es: eres una maravilla 0000000000000000000000 |