este es Schadelböhrer Fresca Lluvia.
"Haz encontrado el mensaje secreto"
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Afuera llueve.

El incesante golpeteo de las gotas sobre el cristal me invitan a salir. No hay mejor combinación en mi mente: la noche y la lluvia. Incluso en este saturado, sucio y feo camión transporte público se puede sentir la frescura que impera en el exterior, llamándonos a todos, invitándonos a gozar de la armonía con el ambiente.

Pues es así como la naturaleza nos besa a nosotros, sus hijos.

El rugir del motor me distrae un segundo, hay problemas con la potencia y no parece ser capaz de subir la empinada cuesta para vencer la altura del puente, quizá tengamos que salir a mojarnos de todas formas. Un rugido mas clama al contaminante motor como el vencedor.

Por un instante me siento desencantado, debo soportar el aplastamiento de mis compañeros de viaje con calma por otro rato. Cada uno se ve cansado, muchas cabezas se balancean peligrosamente cerca de metal y vidrio como respuesta del vaivén del camión. El operador tiene casi la mitad de mi edad, y está mas interesado en ganar medio peso por el siguiente pasajero que le arrebate a su compañero y contrincante de la unidad delantera que en llvarnos a todos sanos y salvos a nuestro destino.

Veo resbalar una gota desde el techo y caer en la nuca desnuda de un pasajero que tuvo la fortuna de viajar sentado, la gota le roba el sueño, la lluvia va ganando territorio.

No soporto más, me deslizo hacia la salida y hago sonar el timbre, avanzaré las últimas 4 cuadras a pié. Apenas pongo un pie en el pavimento la brisa me recibe con cariño, empapa mi cara y mi cabello, me refugio en la gruesa chamarra de fieltro e inicio la travesía con paso vivo.

En cada charco se vén las minúsculas olas provocadas por el violento aterrizaje de las gotas de agua, reflejando muchas veces las luces que iluminan la calle. Su ruido me parece delicioso y no puedo evitar cerrar los ojos un instante mientras aspiro profundo para llenarme de esa frescura vitalizante, pienso en ti.

Camino más rápido, deseándo llegar a casa y encontrarte, sé que estarás trabajando árduamente, así lo haces siempre, con toda tu energía y con pasión, eres maravillosa.

La lluvia se muestra celosa y sus infinitas gotas se vuelven mas pesadas, me mojan mas profundamente, un suspiro al sentir agua resbalándose por mi cara y mojando mi pecho, agua en mis manos y en mis zapatos de vestir, la chamarra empieza a ser insuficiente, pero sé que de sentir, también disfrutaría estar empapada.

Doy unos cuantos saltos para evitar charcos mas profundos, llego a la puerta de nuestra casa, todo está a oscuras, una vez mas nos quedamos sin suministro eléctrico. Vuelvo la cara hacia arriba para despedirme agradecido de la lluvia y entro en la oscuridad total de nuestro lugar.

La tibieza del ambiente me hace recordar lo empapado que estoy, te busco mientras me deshago de las prendas mas mojadas, busco tu aroma, dulce y fresco como la lluvia. Camino sin decir una palabra, ahora descalzo, llego hasta nuestra recámara y termino de cambiar mi ropa, la pijama de algodón que me regalaste es bienvenida con su seca calidéz, seco mi cabello con una toalla y me pregunto donde estás.

Camino hacia el comedor y finalmente te encuentro, me estás mirando detrás de una vela encendida que hace evidente un plato humeante de comida caliente. Sonríes.

Tus negros ojos brillan con elegancia, y tus blancos dientes me dan la bienvenida, me acerco a ti y beso tu boca, aspirándo tu escencia al mismo tiempo, ahora me siento en casa.

Como en silencio mientras me acompañas con un vaso de agua, tu cara se muestra inocente, infantil pero sutílmente pícara, algo tramas y mi corazón late emocionado por la espectativa.

Por fín termino el alimento y tomas mi mano, lentamente la llevas a tu cara y te recargas en ella con la mejilla, cierras los ojos un instante y después besas mi palma, me enciendes.

Te levantas y me llevas a la sala, me recuestas en la tullida alfombra que compraste hoy, ésa era la sorpresa, te recuestas junto a mí y descansas en mi pecho. Me acaricias lentamente mientras los dedos de mi mano libre exploran tu cabello, esos lacios y negros cabellos que tanto me gustan.

Liberas un suspiro y empiezas a desabotonar mi nocturna camisa de algodón afelpado, cada botón es acompañado con un beso directo en la piel, mis manos están en tu nuca y quijada acercándote cada vez mas a mi, a mi cara. Por fín te deshaces del último botón y nos sumimos ambos en un largo beso que cada vez se hace mas profundo, las lenguas se entrelazan, los dientes chocan y la saliva nos inunda, la trago con deleite y me llena su dulce sabor.

Soy yo ahora quien libera tus senos de tu blusa, comienzo por acariciar toda tu espalda, comenzando en el cuello y terminando en tu cadera, estás sobre mi.

Nuestros genitales se buscan resueltamente, se erotizan y consuelan mutuamente con ternura infinita, se necesitan como tu y yo. Ya nuestra piel es una sola y es otro largo beso el que nos mantiene tan cerca, con el ligero frote de la piel, la tela y la alfombra. Mis manos apresuran tu desnudez y claman cada milímetro de tu piel como mi posesión.

Te tiendo suavemente en la alfombra y empiezo a recorrerte con mi boca desde los pequeños dedos de los pies, a cada paso de mi avance me premias con un suspiro, ahora eres tú quien acaricia mi cabello, rebaso las rodillas y oprimes mi cabeza con ambas manos, tus muslos son mi perdición y lo sabes.

Y es en esos dorados muslos donde inicia el jugueteo, terminamos una hora después exhaustos empapados con el sudor del otro, satisfechos, amados, repletos.

Finalmente viene la mejor parte, dormir a tu lado el resto de la noche, sentirte junto a mi incluso en el silencio de la madrugada y en el valle de los sueños, tocarte sin necesidad de estirar la mano, ya estás aquí, ya estamos juntos.


Este es: Te doy justo lo que me das: Amor
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Por Schadelböhrer

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