INTERNACIONAL

 

 

NIÑO SOMALÍ

 

Aquellos ojos negros infinitos,

aquel hinchado orbe de su vientre,

esa piel que de ocre se confunde

con el suelo sediento y cuarteado.

Aquellos dedos tenues como un soplo,

ya inútiles garfios, ya sin fuerza,

ya atrofiados, un adorno atroz ya.

Aquella blanca pústula cubierta

de un enjambre de moscas que se nutren

de la carne más triste y desnutrida,

terrible paradoja de humor negro.

La cabeza, un cráneo disfrazado,

muestra, más que de rostro, calavera,

la postura, ayer acuclillado,

sentado hoy, un bulto sobre el suelo,

los antebrazos sobre las rodillas

y convertido en xilofón humano,

¡qué tremenda lección de anatomía

nos ofrecen las leves osamentas!

Se revuelve la boca de mi estómago,

se me revuelve el alma, y me avergüenzo

de contemplar imágenes de espanto

mientras sujeto el tenedor y bebo

un Rioja cosecha ochenta y cinco.

 

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