SUPLEMENTO LITERARIO

 

CRUEL VICTORIA

 

No lo sabes. Fluye de mis entrañas

una savia verde que lucha por desenroscarse

de esta cárcel cetrina hecha de sed y rocas.

Tu mano, nívea, azul, haciendo cabriolas

mientras dos ojos mendigos, descarnados,

la imploran como un pozo sin palabras.

Siempre la luna, siempre tu marfil, siempre

mis dos ojos haciendo de cincel.

Ríes con risa cruel, desafiante,

te sabes dueña de estas cataratas,

vergel de este desierto donde mudas hojas

se mueven con el viento de tus alas.

¿Por qué luchar? Si de antemano la victoria

equivale a la muerte, si poseerte

será hundirme en un hielo cruel, viscoso,

si la dura factura de tus besos

conduce a un laberinto lleno de negras astas.

Y aun así te reclamo; mi delirio de un rayo

compensa la terca obscuridad de siglos.

Tenuemente se infiltra la droga por mis poros,

suavemente te abrazo; tu calor repentino

es como luz solar, vacío espacio inmenso

que colmo con mi tibia sensación de existencia.

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