JOSÉ ZORRILLA
 DON JUAN TENORIO

 

Acto I, escena XII

dejé pronto su compaña

ese dulcísimo acento

 

tras cinco o seis desafíos.

con que trina el ruiseñor

DON JUAN.- ¿Estamos listos?

Nápoles, rico vergel

de sus copas morador

DON LUIS.-  Estamos.

de amor, de placer emporio,

llamando al cercano día,

DON JUAN.- Como quien somos cumplimos.

vio mi segundo cartel:

¿no es verdad, gacela mía,

DON LUIS.- Veamos, pues, lo que hicimos.

«Aquí está don Juan Tenorio,

que están respirando amor?

DON JUAN.- Bebamos antes.

y no hay hombre para él».

Y estas palabras que están

DON LUIS.- Bebamos.

Desde la princesa altiva

filtrando insensiblemente

(Lo hacen.)

a la que pesca en ruin barca,

tu corazón, ya pendiente

DON JUAN.- La apuesta fue...

no hay hembra a quien no suscriba,

de los labios de don Juan,

DON LUIS.-Porque un día

y cualquiera empresa abarca

y cuyas ideas van

dije que en España entera

si en oro o valor estriba.

inflamando en su interior

no habría nadie que hiciera

Búsquenle los reñidores;

un fuego germinador

lo que hiciera Luis Mejía.

cérquenle los jugadores;

no encendido todavía,

DON JUAN.-Y siendo contradictorio

quien se precie, que le ataje;

¿no es verdad, estrella mía,

al vuestro mi parecer,

a ver si hay quien le aventaje

que están respirando amor?

yo os dije: «Nadie ha de hacer

en juego, en lid o en amores».

Y esas dos líquidas perlas

lo que hará don Juan Tenorio».

Esto escribí; y en medio año

que se desprenden tranquilas

¿No es así?

que mi presencia gozó

de tus radiantes pupilas

DON LUIS.- Sin duda alguna;

Nápoles, no hay lance extraño,

convidándome a beberlas,

y vinimos a apostar

no hubo escándalo ni engaño

evaporarse a no verlas

quién de ambos sabría obrar

en que no me hallara yo.

de sí mismas al calor,

peor, con mejor fortuna,

Por dondequiera que fui,

y ese encendido color

en el término de un año;

la razón atropellé,

que en tu semblante no había,

juntándonos aquí hoy

la virtud escarnecí,

¿no es verdad, hermosa mía,

a probarlo.

a la justicia burlé

que están respirando amor?

DON JUAN.- Y aquí estoy.

y a las mujeres vendí.

¡Oh! sí, bellísima Inés,

DON LUIS.- Y yo.

Yo a las cabañas bajé,

espejo y luz de mis ojos;

CENTELLAS.- ¡Empeño bien extraño,

yo a los palacios subí,

escucharme sin enojos

por vida mía!

yo los claustros escalé,

como lo haces, amor es;

DON JUAN.- Hablad, pues.

y en todas partes dejé

mira aquí a tus plantas, pues,

LUIS.- No, vos debéis empezar.

memoria amarga de mí.

todo el altivo rigor

DON JUAN.- Como gustéis, igual es,     

Ni reconocí sagrado,

de este corazón traidor

que nunca me hago esperar.

ni hubo razón ni lugar

que rendirse no creía,

Pues señor, yo desde aquí,

por mi audacia respetado;

adorando, vida mía,

buscando mayor espacio

ni en distinguir me he parado

la esclavitud de tu amor.

para mis hazañas, dí

al clérigo del seglar.

DOÑA INÉS.- Callad, por Dios, ¡oh don Juan!,

sobre Italia, porque allí

A quien quise provoqué,

que no podré resistir

tiene el placer un palacio.

con quien quiso me batí,

mucho tiempo sin morir

De la guerra y del amor

y nunca consideré

tan nunca sentido afán.

antigua y clásica tierra,

que pudo matarme a mí

¡Ah! Callad, por compasión,

y en ella el Emperador,

aquel a quien yo maté.

que oyéndoos me parece

con ella y con Francia en guerra,

A esto don Juan se arrojó,

que mi cerebro enloquece

díjeme: «¿Dónde mejor?

y escrito en este papel

y se arde mi corazón.

Donde hay soldados, hay juego,

está cuanto consiguió,

¡Ah! Me habéis dado a beber

hay pendencias y amoríos».

y lo que él aquí escribió,

un filtro infernal sin duda,

Dí, pues, sobre Italia luego,

mantenido está por él.

que a rendiros os ayuda

buscando a sangre y a fuego

 

la virtud de la mujer.

amores y desafíos.

Acto IV, escena III

Tal vez poseéis, don Juan,

En Roma, a mi apuesta fiel,

 

un misterioso amuleto,

fijé entre hostil y amatorio

DON JUAN.- Cálmate, pues, vida mía;

que a vos me atrae en secreto

en mi puerta este cartel:

reposa aquí, y un momento

como irresistible imán.

«Aquí está don Juan Tenorio

olvida de tu convento

Tal vez Satán puso en vos

para quien quiera algo de él».

la triste cárcel sombría.

su vista fascinadora,

De aquellos días la historia

¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,

su palabra seductora

a relataros renuncio;

que en esta apartada orilla

y el amor que negó a Dios.

remítome a la memoria

más pura la luna brilla

¿Y qué he de hacer, ¡ay de mí!,

que dejé allí, y de mi gloria

y se respira mejor?

sino caer en vuestros brazos,

podéis juzgar por mi anuncio.

Esta aura que vaga llena

si el corazón en pedazos

Las romanas caprichosas,

de los sencillos olores

me vais robando de aquí?

las costumbres licenciosas,

de las campesinas flores

No, don Juan; en poder mío

yo gallardo y calavera,

que brota esa orilla amena;

resistirte no está ya;

quién a cuento redujera

esa agua limpia y serena

yo voy a ti, como va

mis empresas amorosas.

que atraviesa sin temor

sorbido al mar ese río.

Salí de Roma por fin

la barca del pescador

Tu presencia me enajena,

como os podéis figurar,

que espera cantando el día,

tus palabras me alucinan,

con un disfraz harto ruin,

¿no es cierto, paloma mía,

y tus ojos me fascinan, 

y a lomos de un mal rocín,

que están respirando amor?

y tu aliento me envenena.

pues me querían ahorcar.

Esa armonía que el viento

¡Don Juan! ¡Don Juan! Yo lo imploro

Fui al ejército de España;

recoge entre esos millares

de tu hidalga compasión:

mas todos paisanos míos,

de floridos olivares,

o arráncame el corazón,

soldados y en tierra extraña,

que agita con manso aliento,

o ámame, porque te adoro.

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