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Soneto de repente
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Rimas humanas, Soneto I
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Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto,
burla burlando van los tres delante.
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Versos de amor, conceptos esparcidos
engendrados del alma en mis cuidados,
partos de mis sentidos abrasados,
con más dolor que libertad nacidos;
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Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto,
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.
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expósitos al mundo en que
perdidos,
tan rotos anduvistes y trocados
que sólo donde fuistes engendrados
fuérades por la sangre conocidos:
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Por el primer terceto voy
entrando,
y parece que entré con pie derecho
pues fin con este verso le voy dando.
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pues que le hurtáis el
laberinto a Creta,
a Dédalo los altos pensamientos,
la furia al mar, las llamas al abismo,
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Ya estoy en el segundo y aun
sospecho
que voy los trece versos acabando:
contad si son catorce y está hecho.
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si aquel áspid hermoso no os
aceta,
dejad la tierra, entretened los vientos,
descansaréis en vuestro centro mismo.
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Soneto
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Rimas sacras, Soneto
XVIII
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Suelta mi manso, mayoral extraño,
pues otro tienes de tu igual decoro;
deja la prenda que en el alma adoro,
perdida por tu bien y por mi daño.
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¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno escuras?
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Ponle su esquila
de labrado estaño
y no le engañen tus collares de oro;
toma en albricias este blanco toro
que a las primeras yerbas cumple un año.
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¡Oh, cuánto
fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué estraño desvarío
si de mi ingratitud el yelo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
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Si pides señas,
tiene el vellocino
pardo, encrespado, y los ojuelos tiene
como durmiendo en regalado sueño.
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¡Cuántas veces
el ángel me decía:
Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!
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Si piensas que no soy su dueño, Alcino,
suelta y verásle si a
mi choza viene,
que aún tienen sal las manos de su dueño.
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¡Y cuántas,
hermosura soberana:
Mañana le abriremos - respondía -,
para lo mismo responder mañana!
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El Pastor divino
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Rimas Sacras, Soneto
I
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Pastor, que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño;
tú, que hiciste cayado de este leño
en que tiendes los brazos poderosos:
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Cuando me paro a contemplar mi estado
y a ver los pasos por donde he venido,
me espanto de que un hombre tan perdido
a conocer su error haya llegado.
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vuelve los ojos
a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño
y la palabra de seguirte empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.
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Cuando miro los años que he
pasado,
la divina razón puesta en olvido,
conozco que piedad del cielo ha sido
no haberme en tanto mal precipitado.
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Oye, Pastor, que
por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.
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Entré por laberinto tan
extraño,
fiando al débil hilo de la vida
el tarde conocido desengaño;
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Espera, pues, y
escucha mis cuidados --
pero ¿cómo te digo que me esperes
si estás para esperar los pies clavados?
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mas de tu luz mi escuridad
vencida,
el monstruo muerto de mi ciego engaño,
vuelve a la patria la razón perdida. |