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SONETO I |
SONETO X |
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¡Oh dulces prendas por mi mal halladas, |
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mas cuando del camino ’stó
olvidado, |
¿Quién me dijera, cuando las
pasadas horas qu’en tanto bien por vos me vía, que me habiades de ser en algún día con tan grave dolor representadas? |
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Yo acabaré, que me entregué
sin arte |
Pues en una hora junto me llevastes todo el bien que por términos me distes, lleváme junto el mal que me dejastes; |
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que pues mi voluntad puede
matarme, |
si no, sospecharé que me pusistes en tantos bienes porque deseastes verme morir entre memorias tristes. |
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En tanto que de rosa y azucena |
Pasando el mar Leandro
el animoso, en amoroso fuego todo ardiendo, esforzó el viento, y fuese embraveciendo el agua con un ímpetu furioso. |
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y en tanto que el cabello, que en
la vena |
Vencido del trabajo
presuroso, contrastar a las ondas no pudiendo, y más del bien que allí perdía muriendo que de su propia vida congojoso, |
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coged de vuestra alegre primavera |
como pudo, ’sforzó su voz
cansada y a las ondas habló d’esta manera, mas nunca fue su voz dellas oída: |
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Marchitará la rosa el viento
helado, |
«Ondas, pues no se escusa que yo
muera, dejadme allá llegar, y a la tornada vuestro furor esecutá en mi vida.» |