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VII |
XXVI |
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Del salón en el ángulo oscuro, |
Voy contra mi interés al confesarlo, |
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de su dueña tal vez olvidada, |
no obstante, amada mía, |
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silenciosa y cubierta de polvo, |
pienso cual tú que una oda sólo es buena |
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veíase el arpa. |
material y prosaica... ¡Boberías! |
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¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, |
¡Voces que hacen correr cuatro poetas |
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como el pájaro duerme en las ramas, |
que en invierno se embozan con la lira! |
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esperando la mano de nieve |
¡Ladridos de los perros a la luna! |
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que sabe arrancarlas! |
Tú sabes y yo sé que en esta vida, |
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¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio |
con genio es muy contado el que la escribe, |
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así duerme en el fondo del alma, |
y con oro cualquiera hace poesía. |
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y una voz como Lázaro espera |
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que le diga «Levántate y anda»! |
XXX |
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Asomaba a sus ojos una lágrima |
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X |
y a mi labio una frase- de perdón; |
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-Yo soy ardiente, yo soy morena, |
habló el orgullo y se enjugó su llanto, |
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yo soy el símbolo de la pasión, |
y la frase en mis labios expiró. |
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de ansia de goces mi alma está llena. |
Yo voy por un camino: ella, por otro; |
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¿A mí me buscas? |
pero al pensar en nuestro mutuo amor, |
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-No es a ti: no. |
yo digo aún ¿por qué callé aquel día? |
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-Mi frente es pálida, mis trenzas de oro, |
Y ella dirá ¿por qué no lloré yo? |
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puedo brindarte dichas sin fin. |
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Yo de ternura guardo un tesoro. |
XXXVIII |
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¿A mí me llamas? |
¡Los suspiros son aire y van al aire! |
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-No: no es a ti. |
¡Las lágrimas son agua y van al mar! |
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-Yo soy un sueño, un imposible, |
Dime, mujer, cuando el amor se olvida, |
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vano fantasma de niebla y luz; |
¿sabes tú a dónde va? |
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soy incorpórea, soy intangible: |
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no puedo amarte. |
LIII |
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-¡Oh, ven; ven tú! |
Volverán las oscuras golondrinas |
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de tu balcón sus nidos a colgar, |
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XVII |
y otra vez con el ala en sus cristales, |
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Hoy la tierra y los cielos me sonríen, |
jugando llamarán; |
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hoy llega al fondo de mi alma el sol, |
pero aquellas que el vuelo refrenaban |
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hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado... |
tu hermosura y mi dicha al contemplar; |
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¡hoy creo en Dios! |
aquellas que aprendieron nuestros nombres, |
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ésas... ¡no volverán! |
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XXI |
Volverán las oscuras madreselvas |
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¿Qué es poesía?, dices mientras clavas |
de tu jardín las tapias a escalar, |
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en mi pupila tu pupila azul; |
y otra vez a la tarde, aun más hermosas, |
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¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas? |
sus flores abrirán; |
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Poesía... eres tú. |
pero aquellas cuajadas de rocío |
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cuyas gotas mirábamos temblar |
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XXIII |
y caer, como lágrimas del día, |
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Por una mirada, un mundo; |
esas... ¡no volverán! |
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por una sonrisa, un cielo; |
Volverán del amor en tus oídos |
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por un beso... ¡yo no sé |
las palabras ardientes a sonar; |
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qué te diera por un beso! |
tu corazón de su profundo sueño |
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tal vez despertará; |
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pero mudo y absorto y de rodillas |
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como se adora a Dios ante su altar, |
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como yo te he querido..., desengáñate, |
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¡así no te querrán! |