Gustavo Adolfo Bécquer

 RIMAS

 

VII

                        XXVI

Del salón en el ángulo oscuro,

Voy contra mi interés al confesarlo,

de su dueña tal vez olvidada,

no obstante, amada mía,

silenciosa y cubierta de polvo,

pienso cual tú que una oda sólo es buena

veíase el arpa.

material y prosaica... ¡Boberías!

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,

¡Voces que hacen correr cuatro poetas

como el pájaro duerme en las ramas,

que en invierno se embozan con la lira!

esperando la mano de nieve

¡Ladridos de los perros a la luna!

que sabe arrancarlas!

Tú sabes y yo sé que en esta vida,

¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio

con genio es muy contado el que la escribe,

así duerme en el fondo del alma,

y con oro cualquiera hace poesía.

y una voz como Lázaro espera

 

que le diga «Levántate y anda»!                    

                    XXX

 

Asomaba a sus ojos una lágrima

                        X

y a mi labio una frase- de perdón;

-Yo soy ardiente, yo soy morena,

habló el orgullo y se enjugó su llanto,

yo soy el símbolo de la pasión,

y la frase en mis labios expiró.

de ansia de goces mi alma está llena.

Yo voy por un camino: ella, por otro;

¿A mí me buscas?

pero al pensar en nuestro mutuo amor,

-No es a ti: no.

yo digo aún ¿por qué callé aquel día?

-Mi frente es pálida, mis trenzas de oro,

Y ella dirá ¿por qué no lloré yo?

puedo brindarte dichas sin fin.

 

Yo de ternura guardo un tesoro.

                        XXXVIII

¿A mí me llamas?

¡Los suspiros son aire y van al aire!

-No: no es a ti.

¡Las lágrimas son agua y van al mar!

-Yo soy un sueño, un imposible,

Dime, mujer, cuando el amor se olvida,

vano fantasma de niebla y luz;

¿sabes tú a dónde va?

soy incorpórea, soy intangible:

 

no puedo amarte.

LIII

-¡Oh, ven; ven tú!

Volverán las oscuras golondrinas

 

de tu balcón sus nidos a colgar,

                        XVII      

y otra vez con el ala en sus cristales,

Hoy la tierra y los cielos me sonríen,

jugando llamarán;

hoy llega al fondo de mi alma el sol,

pero aquellas que el vuelo refrenaban

hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado...

tu hermosura y mi dicha al contemplar;

¡hoy creo en Dios!

aquellas que aprendieron nuestros nombres,

 

   ésas... ¡no volverán!

                        XXI

Volverán las oscuras madreselvas

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas

de tu jardín las tapias a escalar,

en mi pupila tu pupila azul;

y otra vez a la tarde, aun más hermosas,

¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?

sus flores abrirán;

Poesía... eres tú.

pero aquellas cuajadas de rocío

 

cuyas gotas mirábamos temblar

                    XXIII

y caer, como lágrimas del día,

Por una mirada, un mundo;

esas... ¡no volverán!

por una sonrisa, un cielo;

Volverán del amor en tus oídos

por un beso... ¡yo no sé

las palabras ardientes a sonar;

qué te diera por un beso!

tu corazón de su profundo sueño

 

   tal vez despertará;

 

pero mudo y absorto y de rodillas

 

como se adora a Dios ante su altar,

 

como yo te he querido..., desengáñate,

 

 ¡así no te querrán!

 

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