La
educación ha sido siempre una tarea compleja. Desde que nacemos y nos
relacionamos estamos siempre expuestos a procesos de aprendizaje. La educación
forma parte destacada de nuestros mecanismos de identificación, transmisión y
pervivencia humana. Educación y aprendizaje son, de hecho, acciones plenamente
humanas. Pero hay quien opina que la educación a distancia sólo puede ser
formación, es decir, proceso
instruccional, no educativo. Esta percepción se fundamenta en la
característica definitoria de la no presencialidad: la ausencia de presencia;
y de ello se podria concluir la imposibilidad de educar, de socializar, de
transmitir percepciones comunitarias.
La
virtualidad no es un algo nuevo en la historia de la humanidad. Desde el mito
de la caverna de Platón pasando por las imágenes o leyendas de
La
virtualidad nos ofrece la posibilidad de crear entornos nuevos de relación, y
como tales, deben de ser tratados de forma distinta para extraer de ellos el
máximo de su potencial. La riqueza de estos nuevos entornos, todavía en fase de
exploración, es enorme y su poder reside en nuestra capacidad de saber usarlos
al máximo de sus posibilidades. Debemos cambiar de hábitos, ser creativos, para
rendir en este nuevo medio mientras podamos hacerlo. En la generalización del
aprendizaje para el uso, y para el saber
estar y saber participar en ese
medio, está la clave del éxito.