Democracia y desarrollo en India
Fernando Peleato Sánchez ([email protected])

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Cuando los pobres se organizan sobre la base del trabajo y le manifiestan a la sociedad que son los que hacen el principal aporte a la economía, se hacen visibles. Entonces pueden hacerse oír y decir: esto es lo que queremos y pueden colocarse en situación de negociar.
Ela Bhatt, activista social y fundadora del sindicato SEWA (Self Employment Woman Asociation)
Tras la independencia de India en 1947, su sistema productivo seguía siendo eminentemente agrario y la mayoría de su población rural y muy pobre. El nuevo Estado, bajo la dirección del Partido del Congreso y con Jawaharlal Nehru como primer ministro (1947-64), asumió la planificación de la economía y el control de los nuevos medios de producción, y se marcó dos prioridades socio-económicas: a) lograr el autoabastecimiento del país, mediante la extensión de nuevas técnicas agrícolas y ambiciosos planes de industrialización y b) la redistribución social y económica, pretendiendo plasmar la vía india al socialismo.
El mismo J. Nehru recordó en su discurso ante la asamblea de parlamentarios reunida la víspera de la independencia, el catorce de agosto de 1947: "La labor por delante incluye acabar con la pobreza, la enfermedad y la desigualdad de oportunidades." Se iniciaron ambiciosos planes como la revolución verde, que consiguió la autosuficiencia alimentaria, de expansión industrial y de erradicación de la pobreza. Pero tras cincuenta años de desarrollo, en el que muchos aspectos han mejorado, se ha mantenido obstinadamente la desigualdad a pesar de la intervención estatal y no solamente referida a ingresos económicos, sino también en relación a otras variables como casta, género, educación, etc.
Al comienzo de la década de los noventa el también gobierno del Congreso, con P.V. Narashima Rao al frente (1991-96) inició un proceso de reformas económicas tras una seria crisis financiera que puso al Estado casi al borde de la bancarrota. El modelo de economía planificada, inspirado por J.Nehru y establecido tras la independencia, con fuerte intervención estatal y tendente a la autarquía, se encontraba en una situación de casi colapso, principalmente por la ineficacia y anquilosamiento del gran sector público.
Las reformas fueron incorporando paulatinamente el sistema económico de la nación a las pautas de la economía internacionalizada, siguiendo las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. Se inició la privatización del amplio sector público y se liberalizó el mercado, permitiendo la entrada de capitales y empresas extranjeros, así como de productos importados. Vinieron unos años de bonanza económica que benefició sobre todo a la clase media urbana, que entró de lleno en la sociedad de consumo y experimentó una revolución en sus hábitos de vida. Estas reformas han sido continuadas en lo fundamental por los sucesivos gobiernos, la coalición Frente Unido (1996-98) y el liderado desde 1998 por el Barathiya Janata Party (BJP, nacional-hinduista)
La oportunidad social
Con la nueva política económica neo liberal, el Estado ha renunciado de facto a la pretensión de igualdad social, abandonando la consecución de dichos planes o disminuyendo dramáticamente los fondos. Dichas reformas se han aplicado sobre una base social muy desigual, de modo que mientras para unos ha sido evidente la mejora de sus posibilidades económicas, para otra parte significativa de la población, casualmente la que ya sufría mayor marginación y pobreza, no ha supuesto ninguna perspectiva en la mejora de su calidad de vida.
Tras las reformas económicas, el debate se ha centrado sobre las posturas favorables o contrarias, a estas reformas, o sobre la amplia gama de recetas para la liberalización de un mercado ciertamente sobrerregulado. Pero se ha obviado la falta de iniciativa en la política social, en temas como la educación primaria, acceso a una red sanitaria básica, etc., con implicaciones muy negativas para el sector más desfavorecido de la población y que pueden, también, poner en peligro la efectividad de dichas reformas. "El Estado mismo amenaza a sus propios ciudadanos, a menudo como consecuencia de su compromiso con ciertos proyectos de desarrollo, que han supuesto enormes cargas para la población más indefensa."
Jean Drèze y Amartya Sen, en su libro India, economic development and social opportunity proponen una perspectiva más amplia que la que se centra sólo en promover los mercados y la competición, a la vez que consideran incompleta aquella que sólo piensa en desacreditar dichas reformas liberalizadoras. El desarrollo económico ha de contemplar la extensión a toda la población de la llamada "oportunidad social" (social opportunity), entendiéndose por ésta el conjunto de opciones que las personas disponen para mejorar su calidad de vida (particularmente en lo referente a alfabetización, educación primaria, red básica de salud y democracia local) y en los condicionantes que influyen en la acusada desigualdad para disfrutar de dicha oportunidad.
Al mismo tiempo la liberalización del mercado puede servir de ocasión para sustanciar dicha oportunidad entre los sectores más pobres de la sociedad, con el acceso a las nuevas oportunidades económicas. La palabra "social", afirman Drèze y Sen, en la expresión oportunidad social es principalmente para recordar que no hay que ver al ciudadano y su oportunidad como hechos aislados; las opciones que una persona tiene dependen en gran medida de sus relaciones con los demás, de las circunstancias sociales y de la acción del Estado y de otras instituciones.
La extensión de estas oportunidades y de la igualdad social a la población más pobre depende, en última instancia, de los poderes públicos. Mientras éstos han centrado sus esfuerzos en liberalizar el mercado, han olvidado el compromiso establecido por J.Nehru en el umbral de la independencia. Pero la acción del Estado en el desarrollo económico depende también de la demanda pública y de la actuación, colaboradora u opositora, de los movimientos sociales. Éstos son más efectivos cuando el Estado garantiza las libertades democráticas y se ocupa, además, de extender la educación y otros condicionantes que promueven la oportunidad social entre los más pobres.
Democracia
B.R. Ambedkar (1893-1956) un destacado líder de los intocables y ponente de la Constitución india, señaló las contradicciones de la democracia en su país. Si en política regía el principio de igualdad, un hombre un voto, en la vida social y económica continuaba negándose esa igualdad por razones de la propia estructura social y económica.
En nombre de unos nuevos valores, la dignidad y la igualdad de los seres humanos, el Estado democrático indio pretendió abordar la profunda desigualdad social aboliendo las restricciones inherentes en el sistema de castas, declarando la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, etc. Pero en la práctica, el Estado y la sociedad continuaron marcados por la desigualdad, más compleja de abordar que con un mero despliegue legislativo, en un orden social (sistema de castas ) que en sí mismo integra al marginado, justificando su rango por la impureza adquirida por nacimiento y que le ofrece unas pautas de actuación muy precisas, según su ubicación en el orden establecido. Una pobreza, por otro lado, crónica pero nunca extrema, que causa malnutrición, inseguridad económica, falta de asistencia médica para enfermedades endémicas, etc.
El partido del Congreso, hegemónico durante los primeros treinta años de independencia, y su líder J.Nehru tuvieron que suavizar su pretensión igualitaria. Su principal fuente de votos provenía de las castas altas terratenientes y de agricultores ricos, además de la minoritaria élite urbana que han sido en su mayoría indiferentes a la promoción de la igualdad social, e incluso han obstruido en la práctica los derechos, nominales más que reales, de los más desfavorecidos. Para esta población desfavorecida la palabra democracia es huera, si en el sistema que representa se mantiene tercamente la desigualdad y su experiencia política se limita al derecho formal de elegir y, en su caso, ser elegido.
La mayoría de los ciudadanos indios no serían capaces (hoy día) de mostrar cuáles son sus fronteras en un mapa o decir qué idioma se habla en qué sitio o qué dios se adora en qué región. La mayoría es demasiado pobre e ignorante como para tener siquiera una idea elemental de la extensión y complejidad de su propio país. La mayoría analfabeta, agraria y empobrecida no tiene interés alguno en el Estado. Y en efecto ¿por qué deberían interesarse, cómo podrían interesarse por algo que ni siquiera saben lo que es? Para ellos India es, en el mejor de los casos, un eslogan ruidoso que se oye durante las elecciones.
Pero si la viabilidad de la democracia dependía únicamente de una parte de la población, aquella con más recursos económicos, excluyendo a otra parte importante ¿Qué pasaría si los pobres, esa parte importante, se integraran en el proceso democrático?
La participación
La colonización británica estableció una administración muy centralizada, que hizo posible gobernar a cientos de millones de personas con tan solo unos pocos cientos de miles de extranjeros. Esta tradición centralista fue continuada por el Estado indio independiente y tuvo como resultado una débil estructura institucional en la administración local.
La ley de Panchayati raj (gobierno municipal) ha introducido en India las elecciones a gobiernos locales y la cesión de competencias a éstos por parte del gobierno central y de los estados. Pero la ausencia de una organización política efectiva entre los miembros más desfavorecidos ha provocado que la mayoría de los puestos de cada panchayat (municipio) sean ocupados o controlados por los miembros de la élite local. Ésta posee mayor capacidad y recursos para contactar con los niveles decisorios de la política y de la administración y manipular el gobierno local en favor de sus intereses particulares o de casta, impidiendo la extensión efectiva de los servicios públicos y, por consiguiente, de la oportunidad social.
A la mayoría de la población empobrecida de India lo que les importa verdaderamente es el acceso a ciertos servicios como agua potable, medidas higiénico sanitarias, ambulatorios, alfabetización, escolarización, etc., cuyo disfrute supone una mejor calidad de vida y, a la larga, el acceso a las nuevas oportunidades económicas. La implantación y gestión de estos servicios es local pero el acceso efectivo depende de la existencia de unas instituciones fiables y en este sentido la democracia ha decepcionado a los más pobres, a quienes la burocracia local, con frecuencia aliada con la élite, no ha respondido a estas necesidades básicas. Para Drèze y Sen, esta falta de organización efectiva entre los grupos más desfavorecidos ha sido clave también para su marginación en el proceso de desarrollo.
El aspecto participativo es crucial en una visión integrada de desarrollo, junto a la relevancia del desarrollo económico en sí. La estabilidad del marco democrático indio permite la aparición de movimientos sociales de una manera abierta y desconocida en otros países emergentes de Asia, con mayor tradición de regímenes políticos autoritarios. En este caso, el funcionamiento político facilita, además del sufragio universal, la participación activa y crítica de los grupos más desfavorecidos dentro del gobierno municipal.
La popularidad de dichos movimientos confirma que esta capacidad básica de participación es muy apreciada entre la gente que sufre una vida muy depravada en términos materiales. La misma oportunidad de participar en los asuntos de la comunidad es un valor intrínseco de calidad, afirman Drèze y Sen: "De hecho, poder hacer algo no sólo para uno mismo sino para los demás es una de las libertades elementales que vale la pena experimentar." Estos movimentos están adquiriendo una influencia importante en la India actual a la hora de establecer estrategias políticas.
El sector no formal y las organizaciones de desarrollo: la capacitación
Gran parte de la población más pobre de India vive inmersa en sistemas económicos al margen del desarrollo oficial, sobre todo en zonas rurales. Conforman el denominado sector de la economía informal: pequeños agricultores o jornaleros, ganaderos, pescadores, artesanos, comerciantes. Todo a una escala minúscula, pero que en su conjunto contribuyen de manera importante a la producción local y, en suma, a la nacional.
Es un sector no estructurado, sin prácticamente reconocimiento y en continua precariedad: sin licencia por enfermedad; expuestos a la explotación por parte de los prestamistas (que les han concedido dinero para comenzar su actividad, con intereses del 100-120% anual) y al hostigamiento de la policía corrupta. Trabajan más de doce horas diarias para ganar menos que el salario de subsistencia. En el ámbito de este amplio sector están ocurriendo opciones de desarrollo que han sido oscurecidas por su propia naturaleza, descentralizado y a pequeña escala, y también por los dos grandes temas asignados a India en esta década por los medios de comunicación: la nueva política económica (que ha beneficiado sobre todo a la clase media) y el auge de la violencia interreligiosa.
Las organizaciones no gubernamentales de desarrollo (ongds) autóctonas son muy activas en India y están jugando un papel muy importante en la erradicación de la pobreza, trabajando a escala local o regional con este sector más desfavorecido. Las ongds pretenden cubrir las necesidades de esta población mediante la capacitación (empowering) a la comunidad en la preparación y atribución de competencias acordes con sus necesidades, apoyándose precisamente en esta forma tradicional de organización social, reconocible, comprensible y asimilable para los individuos.
Entre dos tendencias mundiales, el individualismo y la concentración de poder en multinacionales y gobiernos, surge el colectivismo que en la moderna concepción india, y en otros países de Asia Meridional, tiende a capacitar e involucrar a las comunidades en la gestión directa de su desarrollo. Ensaya también con nuevas formas de organización interna y con una redistribución de las funciones de los individuos. En este sentido India es un gran laboratorio social, con experiencias muy diversas.
Los beneficios no sólo redundan en el individuo, que tiene acceso a las condiciones de oportunidad social, como educación o atención sanitaria, sino también hay efectos interpersonales. Por ejemplo, una persona alfabetizada puede ser de utilidad para otra, o para su grupo, informando a través de la prensa de los precios agrícolas en los mercados urbanos y en un sinfín de situaciones más. También, la utilización de la oportunidad económica por una persona puede, en muchas circunstancias, abrir posteriores oportunidades para otros, a través de los variados lazos que establece el individuo en su comunidad.
Con la descentralización de las estructuras políticas, transfiriendo competencias a los panchayats (municipios) y la capacitación de la población más desfavorecida, aquéllos se convierten en algo más que un conjunto integrado por diferentes castas con intereses dispares y una función socio-económica y religiosa asignada, con un sinnúmero de restricciones para las castas bajas e intocables. Se configura un espacio común de convivencia para las diferentes comunidades, en una unidad social reconocible para los individuos -el panchayat- que presta servicios básicos universales, como agua potable, educación, etc., con el concurso de la población anteriormente marginada.
Lo antiguo puede ser moderno
Helen Norbert-Hodge en su libro Ancient futures analiza los impactos sufridos por la población de Ladakh, una región transhimaláyica de India que ha permanecido aislada durante siglos, como consecuencia de su reciente apertura al turismo de masas. La adopción del modelo oficial de desarrollo -de desarrollo a toda costa, por encima de todo, también llamado maldesarrollo- ha traído consigo un considerable impacto negativo ecológico en un medio especialmente frágil. Además la pérdida del sentido tradicional de comunidad, donde se da una dependencia mutua entre los individuos. La aparición de unidades sociales, económicas y políticas extrañas, que propician unas estructuras de convivencia social ajenas a su propia visión cultural, no han solucionado los problemas de la población y han generado violencia.
La disgregación del vínculo con la familia extensa, afirma Norberg-Hodge, hace sentirse inseguro al individuo, y propicia un ambiente de mayor competitividad. En la familia nuclear aparecen nuevos y separados roles para los niños, las mujeres y los hombres, e impide una mayor cooperación entre ellos; la mujer, por ejemplo, tiene dos opciones y ninguna de ellas es fácil: puede estar al cuidado de la casa y de los niños -lo que no es valorado- o trabajar fuera y ocuparse del hogar con alguna ayuda del marido. En las sociedades tradicionales de familia extensa la mujer no tiene que escoger entre trabajar fuera o en casa, puesto que cada hogar es un centro de producción y las supuestas opciones son lo mismo.
También en la escuela tradicional, denominada vertical, se agrupan niños y niñas de diferentes edades y naturalmente surge mayor cooperación entre ellos, enseñándoles a vivir en un medio particular. Mientras que las nuevas escuelas -horizontales- congregan a estudiantes de la misma o parecida edad y ocurre una mayor competitividad. Esta escuela conduce hacia la especialización y además separa a los pequeños de su ecosistema particular y de la sabiduría acumulada por generaciones anteriores.
En el nuevo sistema económico se ha empezado a desintegrar el entramado local de interdependencia, aumentando la distancia entre las personas. La ayuda y los servicios provienen de fuerzas lejanas (gobierno regional y nacional) y anónimas, que hacen incapaces a las comunidades de tomar decisiones que les competen y a los individuos abdicar de la responsabilidad personal con su comunidad. El debilitamiento de los lazos familiares y comunitarios trae consigo una baja autoestima individual. El consumo pasa a jugar un papel importante puesto que la inseguridad emocional contribuye al impulso de adquirir objetos para obtener un reconocimiento social.
A la vez que declina la tradición y la práctica religiosa, aparecen tensiones -antes inexistentes- entre las diferentes creencias (budistas y musulmanes principalmente). El nuevo patrón de desarrollo económico establecido contribuye a la rivalidad étnico-religiosa: "Tras dieciséis años de trabajo de base en el subcontinente indio, estoy convencida de que el desarrollo no sólo exacerba las tensiones existentes, sino que en muchos casos las crea."
Norberg-Hodge concluye en la necesidad de descentralizar las estructuras políticas y económicas y devolver a la comunidad su protagonismo. Así, afirma: "En Ladakh he visto como las estructuras a escala humana se hallan en íntima relación con el medio y mantienen una democracia activa y participativa, que son la base de unas familias y comunidades fuertes y vitales, con un mayor equilibrio entre el hombre y la mujer."
El Proyecto Ladakh surgió en 1980 como iniciativa de un grupo local y varias personas extranjeras, buscando una revisión del concepto y aplicaciones del desarrollo que se estaba llevando a cabo en la región. Propugna una versión de progreso asimilable culturalmente, sustentado en la comunidad tradicional, a escala humana, y descentralizado. Buscando la participación directa de los beneficiarios y desarrollando una tecnología local a bajo coste y ecológicamente sostenible. Con el curso de los años ha pasado a ser una de las ongds más influyentes de la zona.
El teatro es una forma popular y tradicional de entretenimiento en toda la India y una de las obras representadas por el Proyecto Ladakh, que se titula Ladakh, look before you leap (Ladakh, mira antes de saltar) resume muy bien la esencia de su trabajo:
El joven Rigzin viste con vaqueros y siempre lleva puestas las gafas de sol. Rechaza la cultura tradicional y trata de vivir a la última, al modo occidental. Se niega a comer la comida ladaquí o a beber el acostumbrado té con mantequilla y se ríe de sus padres por ser tan anticuados. Él y sus amigos se pasan el día fumando cigarros, dando vueltas con la moto y por la noche bailando música occidental en la discoteca.
Un día, su abuelo enferma y Rigzin convence a sus padres para llevarle a un doctor nativo recién licenciado en Estados Unidos. Rigzin le abruma a preguntas acerca de la vida en occidente pero, para su sorpresa, el doctor le contesta que allá la gente moderna y rica construye sus casas con materiales naturales, como siempre han hecho los ladaquíes, y las ropas de lana o algodón son mucho más estimadas. Sólo la gente pobre vive en casas de cemento y viste con ropas de poliéster, como pretenden ahora las nuevas generaciones de la región. "Lo que es moderno en Estados Unidos es similar a lo tradicional en Ladakh. De hecho la gente me decía: tienes suerte de haber nacido en Ladakh."
El papel central de la educación
El artículo 45 de la Constitución india recomienda al Estado proporcionar educación gratuita y obligatoria hasta los catorce años, pero lo cierto es que el recorte en el presupuesto de educación ha sido continuo, del 7,86% del PIB en los años cincuenta al 3,5% actual, cuando el mismo gobierno reconoce que debería alcanzar el 6%.
Los avances en la extensión de la alfabetización y educación básica en India han sido escasos en sus primeros cincuenta años de independencia. La persistencia endémica del analfabetismo (52% de la población) está directamente ligada a la estructura social, afectando sobre todo a los más pobres, dalits, adivasis y otros grupos desfavorecidos, de procedencia principalmente rural. Por el contrario, la clase media urbana disfruta de un buen nivel en educación superior e investigación científica y con un importante contingente de mano de obra especializada. La disparidad en nivel educativo, según las distintas variables de casta, género o territorio, tienden a perpetuar y reforzar otros aspectos de la desigualdad social.
Drèze y Sen apuntan la correlación establecida entre casta y alfabetización en varios estudios llevados a cabo en la India rural: en la misma aldea, los miembros de algunas castas asisten a la escuela desde hace décadas; mientras que el analfabetismo es casi generalizado en otras, particularmente entre las mujeres.
Estos autores señalan el importante papel que desempeña la educación primaria como una oportunidad económica y de participación de los individuos. Una persona analfabeta está menos preparada para aprovecharse de las nuevas tecnologías, obtener un mejor empleo, un préstamo bancario o, simplemente, para tomar el autobús que le lleve a su destino. También para participar en la vida política local, que precisa comprender el entramado institucional, tratar con la burocracia gubernamental, etc.
La universalización de la educación primaria no ha sido, pese a todo, un objetivo prioritario del Estado y tampoco se ha demandado por parte de los más necesitados de ella. El sistema educativo público, el único al que éstos tienen acceso, es generalmente ineficiente y corrupto. El absentismo de los maestros, la permisividad de los inspectores escolares ante éste (tras el pago de un soborno) o el tradicional rechazo por parte de algunas castas a mezclarse con otras o con intocables son situaciones frecuentes.
Pero también influye la falta de control y capacidad de influencia por parte de la población desfavorecida para hacer valer este derecho en su respectivo panchayat. Sería ingenuo pretender la extensión de la educación básica con tan sólo aumentar el presupuesto público en esta partida o incidir en medidas descentralizadoras en favor de la comunidad local, ya que la élite en cada aldea dispone de capacidad de maniobra suficiente para controlar las propias instituciones. Por otro lado, la situación de los propios marginados hace que los más pequeños tengan que, a menudo, acudir a trabajar por motivos de supervivencia, en un contexto donde el trabajo infantil está plenamente aceptado, o simplemente que la familia no perciba las ventajas a medio y largo plazo de la escolarización de los más pequeños.
La extensión de la oportunidad social puede mejorar las condiciones de vida de los más pobres y brindarles acceso a las nuevas posibilidades que ofrece el mercado; en esta primera labor señalada, el derecho efectivo a la educación –ya sea alfabetización, educación primaria, secundaria o universitaria- es de una importancia central, como eje de transformación social y económica. Pero para el disfrute efectivo de este derecho en la democracia india, es preciso la organización y capacitación de los grupos más desfavorecidos para hacer valer su capacidad de influencia dentro del conjunto social.