Los Múltiples Paisajes de la India
Democrática
Rubén Campos Palarea*
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Rubén Campos Palarea es investigador y coordinador académico del Master de
Relaciones Internacionales y Comunicación de la Universidad Complutense de
Madrid.
Desde su independencia en 1.947, la
India ha mantenido, a pesar de incontables dificultades, una de las
experiencias democráticas más interesantes de todos los estados surgidos en el
proceso de descolonización. Los representantes gubernativos indios siempre
gustan de incluir, en sus discursos oficiales, el hecho sustantivo de que la
India es la democracia más grande del mundo, con unos 600 millones de votantes según
estimaciones de este último año. Pero los grandes números y el mantenimiento de
las estructuras formales democráticas no garantizan un verdadero poder del
pueblo, ni la solución de los problemas centrales del país.
La
consolidación de un sistema democrático en la India tiene sus raíces en la
influencia que los británicos ejercieron en el subcontinente durante su mandato
colonial. Los líderes, que pusieron en marcha el movimiento nacionalista indio
a finales del siglo XIX, como B.K. Gokhale o Lokamanya Tilak admiraban el
sistema político inglés y su principal reivindicación era que tal sistema se
aplicara en Calcuta ó Delhi con la misma consistencia que se cumplía en Londres
o Edimburgo. La siguiente generación de dirigentes nacionalistas, encabezada
por Mohandas K. Gandhi o Jawaharlal Nehru, ambos educados en universidades
inglesas, también mostraron su identificación con los ideales democráticos, que
juzgaban antagónicos con las prácticas del Imperio Británico.
El
avance del movimiento nacionalista, primero mediante los cauces convencionales
de la negociación y la presión política, y posteriormente a través de las
campañas noviolentas del Partido del Congreso, motivó la cesión paulatina del
poder por parte de los dirigentes ingleses, en un proceso que comienza con las
reformas Morley-Minto de 1.909 (1) Dicho proceso propició un trasvase gradual
de la representatividad política al pueblo indio, primero en el ámbito local,
luego en el provincial y, por último, en todo el Estado.
De
esta manera, tanto los partidos políticos como la población en general,
tuvieron la oportunidad de acostumbrarse a las estructuras y los ritos del
sistema democrático. Cuando el gobierno británico se vio forzado finalmente a
ceder el control político de la joya de la corona del Imperio, los indios
contaban ya con una valiosa experiencia en el ejercicio de la democracia representativa.
La Constitución de 1.950 y el rol del Partido del Congreso.
Los
valores y principios del sistema democrático indio van a quedar configurados
formalmente en la Constitución de 1.950. La misma sanciona la igualdad política
y jurídica de todos los ciudadanos por encima de diferencias de raza, religión,
casta o género. En su Carta Magna la India se constituye como una república
federal con dos grandes cámaras legislativas: Lokh Sabha (Asamblea del Pueblo)
y Rajya Sabha (Consejo de los Estados). Los representantes de la primera son
elegidos por sufragio universal y son los responsables de designar el poder
ejecutivo. El Rajya Sabha es un órgano de participación de los Estados que
forman la Unión India y sus representantes son elegidos por los respectivos
parlamentos de dichos Estados.
Las
primeras elecciones tuvieron lugar en 1.952 y dieron el poder al partido del
Congreso de Jawaharlal Nehru. Como afirma la historiadora Judith Brown, el rol
de ambos fue crucial para la consolidación de la democracia india: “El Partido del Congreso por su propia
naturaleza ayudó a desarrollar el intercambio de opiniones y posturas políticas,
que son centrales para la democracia representativa. Sus abundantes conflictos
internos de tipo ideológico se resolvían mediante un proceso de negociación y
reconciliación, el cual produjo un consenso nacional sobre los principales
temas que afectaban al país, basado en la articulación de la diversidad, no en
su supresión. Su calidad inclusiva debió mucho a su rol antes de la independencia
como motor del movimiento nacionalista, y también a la personalidad de Nehru. El
primer ministro indio combinó encanto, visión y energía y un punto de
autoritarismo, que mantuvo al partido unido y bajo control de sus parlamentarios.”
(2)
Desde
1.952 hasta la actualidad, las elecciones federales y estatales se han venido
celebrando regularmente, aunque la confianza en la clase política se ha
debilitado. La generación que tomó el relevo tras la muerte de Nehru en 1.964,
simbolizada por la hija de éste, Indira Gandhi, cambió el estilo inclusivo y
abierto del Partido del Congreso por una línea caciquil donde la fidelidad al
líder pasó a ser el principio esencial de comportamiento. El poder político
comenzó a pasar del Parlamento a una serie de consejeros privados de la propia
primera ministra, una práctica que no se ha modificado sustancialmente en
gobiernos posteriores de otro signo. En 1.977, acorralada por diversas
decisiones judiciales y por la
creciente oposición política, Indira Gandhi decretó el Estado de Emergencia,
que durante varios meses suspendió los derechos constitucionales. Pero incluso
este breve lapso de ausencia de garantías democráticas, con jueces destituidos,
opositores encarcelados y el parlamento clausurado, terminó en una nueva
convocatoria de elecciones que la propia Indira perdió contra todo pronóstico
(especialmente el suyo propio).
El
desprestigio del Partido del Congreso ha ido creciendo con los años, convertido
en una máquina electoral al servicio de la familia Nehru. Tras los asesinatos
de Indira (1.984) y su hijo Rajiv (1.991), en la actualidad dirige los destinos
del partido, la esposa italiana de éste último, Sonia Gandhi, que a su vez
parece simplemente estar ejerciendo un papel de regente hasta que alguno de sus hijos llegué a la edad adulta y
pueda tomar el relevo. Ante este panorama no es sorprendente que actores de
cine de la factoría Bollywood o cantantes de moda del pop hindi hayan pasado a
formar parte del escaparate político, a través del cual los partidos tratan de
ganar el voto del electorado. El declive del Congreso y la falta de otras
alternativas nacionales han favorecido la ascensión del Bharatiya Janata Party
(El Partido del Pueblo de la India), que con una retórica fundamentalista y
nacionalista hindú se ha convertido en los últimos años en la cabeza visible de
un bloque de partidos que gobiernan en coalición. (3)
Disgregación del espectro político
El
ocaso del Partido del Congreso como única fuerza política significativa a nivel
nacional ha agudizado un factor endémico de la democracia india: la
disgregación del espectro político. Dicha disgregación está relacionada con la
politización que se ha venido produciendo desde hace décadas de las diferencias
sociales, religiosas y regionales: las castas o grupos sociales más
representativos tienen sus partidos políticos que defienden sus derechos, en
muchos estados surgen grupos que reivindican mayor nivel de autonomía, las
minorías religiosas como los musulmanes también tienen sus propias formaciones…
De igual modo, existen regiones en las que partidos específicos juegan un papel
hegemónico especial. No hay que olvidar que la primera victoria de un partido
comunista en unas elecciones democráticas de cierto rango tuvo lugar en el
sorprendente marco del estado indio de Kerala, en el suroeste del país.
La
consecuencia de esta disgregación se ha sentido especialmente en la composición
del Lokh Sabha. Desde comienzos de la década de 1.990 el gobierno nacional se
ha alcanzado sólo a partir de combinaciones complejas de diversas fuerzas
políticas (más de una decena, por regla general). Esta situación ha fomentado
la necesidad del diálogo y la negociación entre partidos y ha condicionado el
ejercicio del poder de los nacionalistas hindúes, ya que no todas las fuerzas
que integran sus coaliciones de gobierno comparten todos los puntos de su
ideario y su programa político. Sin embargo, también cabe destacar el clima de
inestabilidad y de fragmentación que ha conllevado este proceso, con múltiples
cambios de gobierno y la legitimación de la diferencia como granero del voto
electoral.
Igualdad política, desigualdad social y económica.
A
pesar de más de medio siglo de experiencia democrática en la India, la igualdad
formal en el ámbito político no ha permitido superar las desigualdades
estructurales en el campo social y económico. Como afirma el investigador
español Fernando Peleado, “en nombre de
unos nuevos valores, la dignidad y la igualdad de los seres humanos, el Estado
democrático indio pretendió abordar la profunda desigualdad social aboliendo
las restricciones inherentes en el sistema de castas, declarando la igualdad de
derechos entre hombres y mujeres, etc… pero en la práctica, el Estado y la
sociedad continuaron marcados por la desigualdad, más compleja de abordar que
con un mero despliegue legislativo.” (4) La herencia milenaria del sistema
de castas, una estructura social jerarquizada y justificada por razones
religiosas vinculadas con la pureza espiritual, todavía juega un papel esencial
en la vida cotidiana de la población, especialmente en el ámbito rural.
Para
intentar remediar esta situación se puso en marcha en la década de 1.950 un
sistema de representatividad política local a través de la ley del Panchayati
raj (Gobierno Municipal), en el que las minorías (las castas más bajas, las
mujeres…) tienen una serie de puestos reservados. El gobierno central y los
estados cedieron competencias a estas instituciones locales, las cuales están
más cercanas a las necesidades básicas de la mayoría de la población como
alimentación, salud, vivienda. Estas instituciones de autogobierno han
posibilitado una mejora en la educación política de la población de los
pueblos, aunque su eficacia como instrumentos de desarrollo ha quedado limitada
por la falta de recursos económicos y el control de las mismas por los miembros
de las elites locales. Como afirma Peleato, éstos poseen “mayor capacidad y
recursos para contactar con los niveles decisorios de la política y de la
administración y manipular el gobierno local en favor de sus intereses
particulares o de casta, impidiendo la extensión efectiva de los servicios
públicos y, por consiguiente, de la oportunidad social.” (5)
Sin
embargo, la influencia del sistema democrático en la India ha tenido también
aspectos muy positivos. El marco de libertades constitucionales propios de una
democracia, incluidas el derecho a la libertad de expresión y organización, ha
comenzado a dar sus frutos en una opinión pública cada vez más exigente con su
clase política. Ante las limitaciones del sistema convencional de
participación, numerosos movimientos sociales han comenzado a desarrollar vías
alternativas para reivindicar una solución ante los más diversos problemas:
malas condiciones laborales, falta de servicios públicos adecuados, deterioro
medioambiental, derechos de la mujer… (6) Su voz y sus reivindicaciones tienen
cada vez más presencia en el panorama político indio y los partidos no pueden
dejar de contar con sus puntos de vista.
La
democracia en la India tiene que afrontar mayores retos hoy en día que los que
tuvo que resolver en el pasado, ya que las demandas y expectativas de sus
ciudadanos han crecido. El mero hecho del mantenimiento de unas estructuras e
instituciones democráticas puede cooperar en la resolución de los problemas
sociales y económicos, como siempre ha defendido el Premio Nobel de Economía
indio Amartya Sen, pero el engranaje institucional no es suficiente. Los nuevos
cauces de participación política que los movimientos sociales están generando
en la sociedad india son una vía posible para la regeneración de su sistema
democrático.
Notas documentales
(1)
Para estudiar las causas y los efectos de dicho proceso puede consultarse: MOORE, R.J. Liberalism and Indian politics. 1872-1922. London, Edward Arnold, 1966.
(2) BROWN, Judith. Modern India.
The origins of an Asian Democracy. Oxford, Oxford University Press, 1994,
371. Traduccion propia.
(3)
Un estudio detallado del ascenso del nacionalismo hindú se ofrece en: JAFFRELOT,
Christophe. The Hindu Nationalist Movement and Indian Politics, 1925-1994.
Strategies of identity-building, implantation and mobilization. London, Hurst
& Co. 1996.
(4)
PELEATO, Fernando. “Democracia y desarrollo en India”.
Puede consultarse en www.geocities.com/equipasia/Art_Democracia_Fernando.htm
(5) Ibídem.
(6)
Estos movimientos son analizados, entre otros, por ROUTLEDGE, Paul. Terrains of
Resistance: Nonviolent Social movements and the contestation of place in India, Westport, Conn;
Praeger, 1993.