Nota para el lector o lectora:

Si lo bajas te agradeceriamos que nos lo comunicaras a EQUIPO ASIA FORMACION

Gracias!

 

India: la religión como instrumento de poder y de enfrentamiento civil

Fernando Peleato Sánchez

 

Somos un pueblo antiguo aprendiendo a vivir en una nación reciente

Arundathi Roy

Democracia, secularismo, comunalismo

La nación india comenzó a caminar en 1947 con una base de población tremendamente dispar: una gran variedad de castas y grupos de intocables dentro de la población hindú, así como comunidades de otras creencias, sijs, cristianos, budistas, jainistas, parsis, judíos y población tribal animista. A su vez, se hablaban más de una docena de lenguas principales y miles de dialectos. Sólo a partir del siglo XIX las diferentes comunidades que vivían entremezcladas en el subcontinente fueron gobernadas por un poder central, colonial en este caso, con jurisdicción en todo el territorio y para todos sus habitantes. Simultáneamente, durante la lucha contra este poder extranjero, se constituyeron diversas organizaciones políticas que descubrieron al denominado pueblo indio en este aglomerado multicultural.

En el proyecto moderno de nación india se conjugó la interpretación de unos valores occidentales por parte de una élite autóctona –legado de dos siglos de colonialismo británico- con una tradición milenaria bien diferente. India carecía de experiencia previa de unión en una estructura política de Estado-nación, que en Europa supuso un proceso político y social de siglos. En todo el subcontinente no ocurrió ningún proceso parecido, ni revolución que trastocara el orden social imperante. Para colmo, el nuevo Estado independiente adoptó dos principios básicos: a) democracia, con sufragio universal, división de poderes, igualdad de los ciudadanos ante la ley, libertad de prensa, etc. y b) secularismo; ambos se han mantenido hasta nuestros días, a pesar de muchos vaivenes e interpretaciones.

Las condiciones en que surgió la democracia no eran favorables: falta de tradición en un país, además, enorme, pobre, muy densamente poblado, con un orden social (sistema de castas) profundamente desigual y con múltiples variedades culturales y religiosas. Sin embargo, la democracia en India es un sistema consolidado –pocos estados creados tras el fin del imperio colonial europeo han sabido mantener estas reglas de juego- a pesar de los condicionantes señalados y también del abuso de poder y corrupción exhibido por la clase política. Sunil Khilnani, en su magnífico ensayo The idea of India afirma:

India se convirtió en democracia sin saber realmente cómo o por qué o qué significaba serlo. Pero la idea democrática ha calado en la mentalidad política india y ha comenzado a erosionar la autoridad del orden social y del Estado paternalista. La democracia como una manera de ver y actuar en el mundo está cambiando la relación entre los mismos indios.

El ejercicio democrático tuvo que ser inventado por el Estado desde la praxis y las consideraciones tradicionales de casta o de comunidad religiosa fueron factores de peso. La Constitución india define a la nación como una suma de individuos, pero la base social permanecía –y permanece- organizada en torno a comunidades, como sujetos colectivos de los que brotan los derechos y deberes de sus miembros. En coherencia, el Estado tuvo que reconocer a estos sujetos, especialmente a las minorías más sensibilizadas como la musulmana, y dirigir políticas especiales fruto de compromisos electorales previos, de la tremenda desigualdad social y de las diferentes sensibilidades. El juego de los partidos políticos revalidó el papel de las comunidades, añadiéndoles un peso político ya que éstas se convirtieron en sujetos negociadores de apoyo electoral colectivo a cambio de contraprestaciones.

Por secularismo en India se entiende el reconocimiento de la importancia y pluralidad de sus religiones. El Estado se compromete a proteger a todas por igual y a procurar una convivencia pacífica entre ellas, como pieza clave de la armonía social. Los conflictos planteados en nombre de la religión, principalmente entre hindúes y musulmanes, son los que más han convulsionado al país. El hecho religioso estuvo en la raíz misma de la división del territorio colonial en 1947 en dos estados: India y Paquistán, que provocó cientos de miles de muertes indiscriminadas entre la población civil y el éxodo de millones de familias. El enfrentamiento por motivos religiosos, el uso de la religión como arma arrojadiza para imponer la hegemonía de una sobre otra se conoce el India con el término inglés de communalism, que podemos traducir a nuestra lengua por comunalismo.

A mediados de los años sesenta, el partido del Congreso Nacional Indio (Congreso) –hegemónico hasta entonces en el gobierno central y en las diferentes provincias- comenzó a sufrir derrotas electorales en algunas elecciones regionales y a perder apoyo en las generales. Fue entonces cuando Indira Gandhi, líder del partido y primera ministra, estableció una nueva estrategia electoral, a semejanza de su homólogo paquistaní Zufikar Alí Bhuto. Centralizó el poder ejecutivo del partido e instauró un tipo de liderazgo cesarista; a la vez, desmanteló el entramado de poderes locales y regionales que negociaban con las diferentes comunidades el voto conjunto y las correspondientes contrapartidas, en un complicado balance de influencias. Indira Gandhi se convirtió en el único interlocutor del pueblo, apelando directamente a éste en las campañas electorales y en los actos de gobierno. Se estableció además una sutil equivalencia entre indio e hindú, ya que en la nueva estrategia populista la mayoría electoral era claramente de esta religión. Esto hizo sentirse inseguras a algunas minorías, especialmente la musulmana, así como los hindúes que viven en regiones con otras mayorías: Cachemira (musulmana), Panllab (sij) y estados del noreste (animista, budista, cristiana).

Si la lucha comenzó de esta manera, la mayor competencia electoral –nuevos partidos entraron en liza, a la vez que el Congreso sufría el desgaste de más de dos décadas en el poder- radicalizó el lenguaje político, exaltando la identidad religiosa con fines políticos, que claramente fomentaba el odio e instigaba a la violencia interreligiosa. O se ejercía físicamente. Lo que parecía ser sólo una estrategia para ganar votos en la búsqueda de una mayoría parlamentaria abrió la caja de los truenos: el enfrentamiento entre comunidades religiosas. Esto ha abierto heridas muy profundas en la sociedad y constituye un serio conflicto civil y una amenaza a la integridad del país. La manipulación en términos comunalistas ha sido muy utilizada desde entonces como fuente de votos e inspiración de algunas actuaciones políticas.

Nacionalismo secular versus nacional-hinduismo

El nacionalismo indio surgió en el siglo XIX primeramente entre la élite autóctona y condicionado por la presencia de los colonizadores. Primero, porque adoptó valores propios de éstos, como el mismo concepto de nación, de historicidad, etc. En segundo lugar porque supuso una reacción contra la presencia extranjera. Posteriormente esta élite transmitió su idea de nación a las masas, logrando, ya en el siglo XX, un movimiento nacionalista-independentista de amplia base social.

Pero inevitablemente surgieron interpretaciones diferentes acerca de la nación, que dividieron al nacionalismo desde sus orígenes: secular e hinduista, al que posteriormente se sumaría el islámico, que propugnó la creación de una nación propia para los musulmanes. El nacionalismo secular, con Jawaharlal Nehru y Mahatma Gandhi como sus máximos representantes, fue a la cabeza durante la lucha política social por la independencia y también en los primeros años de la república. Concibe un pasado plural y tolerante con las distintas religiones y así debe continuar. India es una tierra donde conviven diferentes religiones y es común a sus habitantes la sabiduría de la tolerancia, afirmó Mahatma Gandhi. El nacionalismo secular siempre evitó invocar a la religión y definir a la nación por su mayoría religiosa. La principal seña de identidad que aglutina a todos los indios se refiere a un proyecto de nación basada en un Estado secular, suprarreligioso –comprometido a proteger las diferencias culturales y religiosas- y con un régimen constitucional y democrático. "India es muy variable y no ofrece especial interés hablar de similitudes, de rasgos comunes. Las contradicciones han sido -y continúan siéndolo- fuertes en un territorio tan grande y con tanta población".

El nacionalismo hindú, defensor de la hindutva, señala un pasado glorioso hindú, truncado por la invasión musulmana y la colonización británica, que no es más que una mera acomodación de la historia a unos intereses particulares. Pone el acento en la hinduización de la sociedad y del Estado e intenta aglutinar a la mayoría de la población en torno a esta idea. No rechaza el sistema democrático, al contrario, pero éste debe adecuarse a las reglas de la mayoría de la población y conmina a las minorías religiosas a aceptar esas reglas que, según su versión, rigen para la mayoría hindú. Implícitamente asume que la hindutva representa la cultura nacional, con un contenido homogeneizado y reconstruido, y utiliza todos los recursos disponibles, incluso los del Estado, para ir en contra de todos los que no se conforman con esta versión de la cultura nacional. Propugna este nacionalismo hindú una única versión de lo que es India, o debería ser.

En cualquier caso, el nacionalismo hindú niega la característica tolerancia que ha representado la cultura múltiple de India, y que amenaza con hacer desaparecer bajo el efecto de políticas de odio y violencia contra las minorías. El hinduismo tradicionalmente ha contado con una estructura descentralizada, en el que las creencias y las prácticas rituales se han diferenciado, a veces incluso contradicho, según la casta, religión o secta, y nunca ha habido una autoridad única o texto sagrado aceptado por todos. Pero la búsqueda de una definición singular y unificada de hinduismo en un lenguaje simplificado y que encuadra la supuesta identidad nacional es una respuesta decididamente moderna frente al tradicional mensaje polimorfo y descentralizado. Para el individuo, su religión pasa a ser una particularidad nacional excluyente, una esencia de la civilización, en lugar del tradicional sistema de creencias íntimamente ligado a su casta de origen.

Las organizaciones fanáticas del hinduismo se encuentran implantadas en todo el territorio indio: partidos regionales, sindicatos de trabajadores, de estudiantes, etc. En el plano nacional cuenta con una organización paramilitar, Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS, o asociación nacional de voluntarios) y una religiosa extremista, Vishwa Hindu Parisad (VHP, o consejo mundial hindú). Todas ellas han creado una plataforma política, el Bharatiya Janata Party (BJP, o partido popular indio), que fue el más votado en las elecciones de septiembre-octubre de 1999 y que lidera la coalición de gobierno (denominada alianza democrática nacional) junto con diecinueve partidos regionales, algunos también de ideología abiertamente comunal. El BJP una vez en el poder ha suprimido de su programa de gobierno, que no de partido, sus reivindicaciones más sangrantes, como la construcción del templo de Ram en Ayodhya o la implantación de un código civil uniforme y ha seguido una línea más pragmática en lo tocante a la convivencia religiosa. Pero otras organizaciones radicales que conforman junto al BJP el frente de la hindutva siguen decididas a perseguir a otras comunidades en pos de la purificación religiosa, como en la última campaña de ataques a iglesias y personas cristianas en los estados de Gujerat y Maharashtra (enero-febrero 1999). Pero a pesar de la ola de popularidad que acompañó al gobierno nacionalista indio tras la serie de explosiones nucleares de mayo de 1998, el BJP perdió en cuatro elecciones regionales que se celebraron en noviembre de ese mismo año. Parece que el mismo electorado, al menos a la parte que se consultó, demanda moderación

La expresión de un malestar

Esta definición culturalmente extraña de hinduismo atrajo a una gran parte de la emergente clase media india, que ha sido la gran beneficiaria de las reformas económicas encaminadas a incorporar a India a la economía internacionalizada. Según Samuel Huntingon, el triunfo de estos movimientos fundamentalistas responde a la expresión de un malestar, a consecuencia de los efectos de la, a menudo impuesta, modernización.

Modernización no es lo mismo que occidentalización ,afirma Samuel Huintingon en su libro The clash of civilizations . El auge económico tras la adopción de un modelo de economía de mercado ha invadido inevitablemente algunos aspectos de la vida tradicional de muchas sociedades emergentes, pero no conlleva necesariamente la adopción de idénticos patrones a occidente. La pretendida occidentalización es sólo un espejismo y éste está en la adopción por parte de algunas minorías influyentes de países del Sur de formas de vida occidentales y que generalmente creen en el individualismo, la economía de mercado y el sistema de gobierno democrático, rasgos reconocibles de occidente. Pero no conforman en modo alguno una cultura universal.

Según la tesis del autor, el desarrollo económico ha dado al colectivo social, o a la parte beneficiada, las clases medias, mayor confianza y seguridad. Pero este desarrollo, a su vez, no respeta en ocasiones la sensibilidad autóctona y puede ser visto como una amenaza directa hacia sus valores tradicionales. Ocurre entonces una búsqueda de refugio en estos valores, reinterpretándolos acorde con los tiempos, y rechaza, a veces violentamente, aquellos que se consideran importados de occidente. La religión, que es una seña de identidad importante en India, combinada con el nacionalismo se ha convertido en una fuerza social considerable que moviliza a la población para defender su sistema de valores e identidad que ven amenazadas. El rechazo total a los flujos externos no es posible, solo los talibán afganos lo pretenden, pero se concede mayor valor a las virtudes del propio sistema social. Así, por ejemplo, señala Khilnani: "El aumento del consumismo y la apertura de nuevas oportunidades económicas en las dos últimas décadas no han causado un significativo aumento del individualismo, sino que las oportunidades de disfrutar los placeres de la modernidad se llevaron a cabo en el marco de unidades colectivas como la familia"

Simultáneamente, el nacional-hinduismo está calando entre los grupos más desfavorecidos de la población, sobre todo urbana. Las reformas económicas han obligado al Estado a renunciar o reducir fondos para muchos programas públicos, como equipamientos colectivos para educación, sanidad o potabilización de aguas. A su vez las organizaciones extremistas fundan hospitales, escuelas, reparten limosna y desarrollan redes de solidaridad social. "Si aceptamos el planteamiento de que este sistema planetario engendra el desarraigo cultural, la pérdida de sentimiento de identidad y la precariedad social, podemos interpretar los nacionalismos excluyentes y los integrismos como otras tantas respuestas emocionales y regresivas ante dicho proceso."

Según Huntingon no se puede pedir adhesión a este renacimiento fundamentalista a una mentalidad lógico racional. Pero ignorarlo sería un sucicidio.

Hosted by www.Geocities.ws

1