De: Lector Enviado: Thu Aug 4 11:24 -- 2005 Para: divagaciones@elistas.net Prioridad: Normal Asunto:[divagaciones] Física del cigarrillo. FÍSICA DEL CIGARRILLO (Oído en abril de 1989 en la Radio Municipal de Buenos Aires.) Muy buenas. Hablemos hoy de la física del cigarrillo. Confieso que fumaba un atado diario, y lo hice durante veinte años. Un antiguo compañero de trabajo, Roberto Fernández, ex gordo, ex fumador, me dio una vez un lujoso folleto en colores contra el hábito de fumar. Lo acepté y lo leí con una sonrisa de suficiencia, hasta que vi en una foto, sobre el mármol de disección, un pulmón humano sanguinolento y lleno de manchas negras como pegotes de alquitrán. Asqueado, me dije: - Ya está decidido: no fumo más. Durante los dos primeros meses tuve muchas ganas de fumar, e imaginaba permanentemente el acto de encender y aspirar el cigarrillo. Después arrojé a la basura el atado empezado que todavía conservaba y me olvidé por completo de fumar. Recuperé el olfato y volví a poder subir de a dos los escalones, varios pisos. No por eso renuncié a los estimulantes, sólo que ahora creo poder generarlos personalmente: mis propias endorfinas me facilitan concentrarme cuando los estímulos exteriores así lo determinan, y me parece que de manera mucho más efectiva, natural y especifica que cuando necesitaba, por hábito, recurrir a la nicotina. Un año después tuve ocasión de leer otra vez ese folleto, y comprobé con sorpresa que el pulmón que había visto y que me había impresionado tanto era un pulmón sano. El enfermo estaba en otra página, y a decir verdad, lucía muchísimo mejor. Lo que mucha gente suele llamar nicotina es en realidad un aceite negro, pesado, un alquitrán que proviene de la combustión incompleta del tabaco. En espesor grande es completamente oscuro, pero en grosor muy pequeño, por ejemplo la milésima parte de un milímetro, es transparente como el agua, o muy ligeramente amarillento, por eso el humo del cigarrillo es blanco: está compuesto por muchísimas gotas esféricas microscópicas que reflejan y refractan la luz como lo harían perlas de vidrio diáfano. El ojo no distingue las esferitas individuales, pero percibe el conjunto como una nube blanca o amarillenta. El humo que sale por la parte de la brasa del cigarrillo proviene de una combustión más completa y a mayor temperatura. No hay ahí aceites o alquitranes, sino partículas sólidas carbonosas, de tamaño bastante menor que el de las gotas, no ya un micrón, sino la quinta parte de un micrón. ése es un tamaño comparable al de la longitud de onda de la luz azul, las partículas difunden más ese color, y por eso el humo de adelante es azulado. Sir Francis Drake le dijo una vez a la Reina Isabel I de Inglaterra que él era capaz de pesar el humo de su pipa. Ante la intrigada mirada de la soberana, le explicó que ese prodigio era de realización muy sencilla: pesó el tabaco y las cenizas, y halló por diferencia el peso del humo. Si bien el argumento del navegante no era totalmente exacto porque faltaba considerar el peso del oxígeno incorporado durante la combustión, sí permite estimar en algo menos de un gramo la cantidad de aceites liberada del tabaco. Si ese alquitrán formara una esfera de un centímetro de diámetro, tendría una superficie de unos tres centímetros cuadrados, y la asimilación de la nicotina tendría lugar con suma lentitud. Pero si dividimos esa esfera de aceite pesado en gotitas un micrón de diámetro cada una, habremos reducido diez mil veces el diámetro, un billón de veces el volumen y el peso, y cien millones de veces la superficie de cada gotita. El conjunto de ellas tendrá una superficie libre del aceite pesado del tabaco, que habría aumentado diez mil veces, y en esa misma proporción disminuirá el tiempo de asimilación, en comparación con el que demandaría la simple ingestión. Fumarse un cigarrillo permite incorporar sus estimulantes en un tiempo de diez segundos, frente a las diez horas que tardaríamos si nos lo comiéramos. Probablemente fumar sea la manera más rápida de incorporar un estimulante sin inyectarse. Es interesante calcular cuánto tiempo deberíamos permanecer en una habitación llena de humo hasta inhalar suficiente droga como si efectivamente nos hubiésemos fumado un cigarrillo. Aunque todo depende de cómo esté de contaminado el ambiente, el cálculo da que en una jornada de trabajo nos fumaríamos un cigarrillo involuntariamente y contra nuestra intención, lo que justifica los reclamos de los llamados fumadores pasivos. Gabriel García Márquez, el conocido escritor, excribió un artículo en el que relata su experiencia de ex fumador. Sin grandes dramatismos en lo que hace a los efectos químicos y neurológicos, el autor de Cien años de soledad hace hincapié en la reducción de los riesgos de incendio, en la ventaja de tener las manos libres y en la mayor higiene al evitar la diseminación de cenizas, y declara muy ufano que se siente magníficamente bien, como si jamás hubiera fumado. Más aún (agrega irónicamente): como si nunca hubiera dejado de fumar. Hasta otra vez. Lector físico -------------------------------------------------------------------------