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De entre las cenizas de lo que instantes antes hab�a sido una gran ciudad de torres marfile�as
comenzaba a crecer una abundante vegetaci�n de miles de colores, millones de tonos que envolv�an a
Haularan'hialaran que lloraba de alegr�a ante tanta belleza y de dolor ante los millones de vidas que
acababan de perecer en un suspiro de la eternidad. A su espalda un ni�o reci�n nacido de alguna nueva raza
humanoide miraba at�nito el espect�culo de ese nuevo mundo del cual �l era el primer habitante.
Haularan'hialaran toco su frente una irresistible y arrebatadora ternura mientras le ba�aba con sus l�grimas
que el ni�o beb�a con enorme satisfacci�n. Poco a poco la criatura se fue durmiendo arrullado y arropado por
la exuberante vegetaci�n. Haularan'hialaran sigui� su camino.
Lo vio de repente, como si hubiera aparecido de la nada, aunque llevaba all�
toda la eternidad, o solo un instante. Era enorme, cientos de metros de altura y varias decenas de metro de
di�metro. Sus ramas se extend�an hac�a el cielo, toc�ndolo, rasc�ndolo, acarici�ndolo. El �rbol de la
Creaci�n, el nombre lleg� a su mente sin saber muy bien como. Aun desde varios Kil�metros de distancia
pod�a verse que la corteza del �rbol la formaban miles de rostros que chillaban, re�an, llamaban y lloraban
a�n tiempo, alzando sus voces a todo el universo.
Al pie del �rbol hab�a un muchacho que parec�a dormir. Sus andrajosos ropajes estaban cubiertos
de sangre, aunque no parec�a suya. A su lado, en el suelo, hab�a una lanza. Haularan'hialaran evit�
acercarse pues el poder que emanaba el arma la asustaba, era como si aquel objeto de forma imprecisa le
contemplase con una sonrisa burlona. El mal que llevaba dentro reaccion� y quiso destruir a aquellos dos
seres, como hab�a hecho con tantos otros seres a lo largo los siglos, pero todo su esfuerzo fue in�til, aquel
muchacho y el arma que parec�a protegerle como un perro guardi�n estaban muy por encima de su poder.
Por primera vez en toda su existencia sab�a lo que era sentir realmente el miedo, un desagradable pinchazo
en su nuca que no le dejaba pensar. Quiso huir pero no pudo, las caras que formaban la corteza del �rbol
empezaron a gritar de forma horrible su nombre, desesperadamente, entre risas burlonas; ella les grit� que se
callasen, les amenaz� con todo su poder, pero los rostros no hicieron sino aumentar el volumen de sus
risotadas. En ese momento el muchacho se despert�.
De un solo salto se plant� ante Haularan'hialaran apunt�ndole a la cara con la lanza, que parec�a
estirarse hacia ella, queriendo devorarla.
-�Qui�n eres t�? -dijo Koshen, entre asustado y enfadado.
ES ELLA, KOSHEN. EL MOMENTO A LLEGADO.
- �El momento de qu�?
DE UNIROS.
Haularan'hialaran escuch� tambi�n la voz e la lanza en su interior y su fortaleza interior se derrumb�. Ese era el
punto de encuentro y ese muchacho era ese ser que tanto tiempo llevaba presintiendo, el instrumento de su
fin, el futuro que tanto la intrigaba y que tanto la asustaba hab�a salido a su encuentro en el camino y no
estaba muy segura de si estaba preparada para recibirle. Pero la lanza volvi� a hablar:
YO OS CRE� A LOS DOS. T�, LA LLAMADA POR ELFOS HAULARAN'HIALARAN, Y T�,
KOSHEN DE ITRANIA, OS HICE INMORTALES Y OS DI MIL UNIVERSOS POR LOS QUE VAGAR. YO
ENCONTR� EN MIS VIAJES UNA DIMENSI�N DESORDENADA HECHA PEDAZOS Y DECID� UNIRLA,
TRAER EL ORDEN EN EL KAOS, LA PAZ EN LA TORMENTA. VOSOTROS SOIS LA PUERTA Y LA LLAVE DE MI NUEVO MUNDO, AMBOS SOIS BIEN Y MAL, MAL Y BIEN Y DE VUESTRA UNI�N LLEGAR� EL EUILIBRIO.
�No! - Fue Kosher quien grito con todas sus fuerzas y los miles de rostros de �rbol le imitaron
burlones.- Esa no es la realidad que la creaci�n merece. Nuestros universos son los universos de libre
albedr�o, de la libertad. �Tu quieres poner fin a esa libertad! �No lo permitir�!
- �No lo permitiremos! - Secund� Haularan'hialaran y los mil rostros del �rbol volvieron a re�r.
NO TENEIS NINGUNA OPCI�N. NO TENEIS PODER SOBRE M�.
La lanza se estir� a la velocidad del pensamiento, como un rayo, en dos direcciones, alcanzando a un t
tiempo a Kosher y a Haularan`hialaran. El dolor fue apocal�ptico, mezclado con un indescriptible y aborrecible
placer que recorri� sus cuerpos de punta a punta. ten�an ganas de re�r y de llorar, se sent�a morir y renacer
a cada instante y aunque ten�a ganas de gritar no pod�an o�r sus propias voces, sumergidas bajo el mar de
alaridos que profer�an los mil rostros que formaban la corteza del �rbol de la creaci�n. Sent�an como la lanza
se encog�a atray�ndolos entre s�, de forma inevitable, en un abrazo de consecuencias inexplicables. Iban a
ser unidos en uno solo, toda la bondad y el mal que hab�a en su interior correr�a por un solo cauce atado y
doblegado por el ser que lat�a dentro de aquella lanza. Los rostros del �rbol rompieron a llorar y sus
l�grimas comenzaron a empapar el suelo como un r�o dulce y salado a un tiempo. Gritaron, y sus gritos se
fundieron en uno solo con los del �rbol, su piel empez� a fundirse en un solo, sus ropajes, sus colores,
lo que hab�a a su alrededor, todo comenz� a girar y mezclarse en un torbellino de luz y tinieblas, de dolor y
placer, de risas y l�grimas, de colores, de gritos ag�nicos de la creaci�n. Y la realidad comenz� a contraerse
en un solo punto. Kosher vio a su alrededor el momento en que encontr� aquella lanza que le hab�a
esclavizado, miles de a�os atr�s, vio todos sus viajes en pos de aquel momento, todos los rostros que hab�a
matado con aquella infernal arma. Haularan'hialaran record� como los Elfos la bautizaban entre l�grimas ante
su hogar arruinado que volv�a a renacer. Todo se concentr� en un solo punto. Vidas, pensamientos, el
�rbol, ellos dos. Todo en un solo punto de inmensa energ�a y poder en el desaparecido
universo, ciudades, monta�as, r�os, estrellas, todo fue absorbido por ese punto. Y cuando todo hubo sido
absorbido, el punto estallo en millones de millones de pedazos que cayeron desperdigados por el tapiz
negro de la nada como gotas de pintura formando un cuadro inmenso, un nuevo orden de existencia pintado
por una mano desconocida y, justo en el centro, donde hab�a estado el �rbol de la Creaci�n, un ni�o abr�a
los ojos, mientras con la mano procuraba protegerse de una inmensa luz que brillaba en el reci�n estrenado
cielo.
DEL KAOS VENDRÁ EL ORDEN. UN NUEVO MUNDO. UNA NUEVA OPORTUNIDAD.
Tras el espejo, m�s all� de la luna roja, esta el camino, cierra los ojos y s�guelo.
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