EL ÁRBOL DE LA VIDA Y LA SABIDURÍA


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   Capítulo 4: Recuerdos de la infancia.

La mente de Shyal retrocedió a su infancia
“una pequeña elfa de rubios cabellos largos caminaba alegremente por 
los bosques, pero no muy lejos sin perderla de vista se encontraba una 
mujer elfa de rostro pálido y cabello oscuro, su madre la llamó
- Shyal, hija mía, ven aquí. ¡El bosque puede ser peligroso!- La niña 
no oyó o no quiso oír a su madre, pues siguió su camino. La mujer siguió 
llamándola, pero al ver que nada conseguía, salió en su busca. Era de 
noche, todo estaba muy oscuro, solo un leve resplandor de la luna 
brillaba, la mujer elfa buscó en vano, su hija había desaparecido y no logró 
encontrarla durante toda la noche, desesperada y con lagrimas en los 
ojos se dirigió a su casa.
Shyal, pequeña e indefensa se dirigió a las profundidades del bosque, 
cuando se dio cuenta de su situación intento retroceder, pero se había 
perdido, se sentó en una roca y lloró desconsoladamente. A lo lejos se 
oyó un aullido seguido de otro, la pequeña Shyal se cubrió con su manta 
e intentó dormir sin pensar en lo que tenía alrededor, de repente notó 
que algo le rozaba y miró y lo que encontraron sus ojos fue a una loba 
blanca como la nieve, Shyal no sintió miedo, la acarició por detrás de 
las orejas y ella respondió con un reconfortable gruñido y una dulce 
mirada, la loba la miró y miró a la manada, la pequeña elfa decidió 
acompañarla y esa noche durmió protegida por la manada de lobos. A la mañana 
siguiente se despertó y para su asombró los lobos le habían dejado un 
pedazo de carne, ella lo miró, no le gustaba comerse la carne cruda, 
pero tampoco sabía hacer una hoguera y tenía hambre, así que se la comió. 
La loba blanca se le acercó y caminaron las dos juntas. En la manda 
había lobos de todos los colores desde el marrón, pasando por el gris, el 
negro y el blanco. La pequeña Shyal se fijó en un lobo muy jovencito de 
color negro con la punta de la cola blanca, el cual tenía una oreja 
mordida, seguramente en alguna pelea. La loba blanca parecía ser la jefa 
de la manada junto a un lobo de un tamaño enorme y de color gris claro. 
Los demás o muchos de ellos eran los hijos de otros años de los jefes. 
Recordó claramente los años que había vivido en la manada, la trataron 
muy bien y consiguió entender a los animales, ahora los escuchaba más, 
se fijaba más en sus sonidos y poco a poco conseguía tratar con ellos. 
Cuando pudo hacerse independiente, le costó separarse de aquellos lobos 
que la habían cuidado...” Las imágenes se desvanecieron y se encontró 
en un bosque de pocos árboles la mayoría hayas y robles donde algún 
pajarillo cantaba  alegremente a la lluvia, ahora leve. El cielo seguía 
gris, las nubes no desaparecían, todo se volvía más triste sin la luz del 
sol, eran pocos los pájaros que se veían, una suave neblina cubría 
levemente el perfil de las montañas, que se encontraban al fondo, todavía 
lejos. 
El pequeño bosquecillo se quedó pronto atrás y se internó en unas 
arenas, donde, cuando el sol salía, abrasaba casi todo ser viviente. Pocos 
animales y plantas eran los que podían vivir en esas tierras, solían ser 
reptiles pequeños y ágiles y también pequeños invertebrados, las 
plantas que sobrevivían eran de diversos tamaños pero con grandes púas donde 
almacenaban el agua, pero ahora en invierno, todo era distinto, la 
arena, estaba húmeda plantas simples crecían alternadas y más de un animal 
correteaban por las arenas en busca de alimento.
Decidió descansar un rato, pues Kywer necesitaba comer y beber algo, 
pues llevaban un paso demasiado rápido. Kywer mordisqueo las hierbas y 
bebió de los charcos. Mientras tanto Shyal decidió comer también, sacó de 
su bolsa unos frutos y empezó a comérselos, mientras la suave lluvia se 
deslizaba por su suave capa y la brisa hacía que su túnica ondeara.  


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