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Si aún no habéis oído hablar de Juanjo Piñeiro, pronto oiréis hablar de él. Gallego de origen y granadino de adopción, podemos considerar que Juanjo es un ciudadano del mundo, un todo terreno que ha viajado a todos los epicentros del planeta dónde su instinto le indicaba que crecían las plantas psicoactivas. Desde 1994 Juanjo ha cogido la mochila y ha emprendido un nuevo viaje cada vez que ha juntado suficiente dinero como para adquirir un billete de avión, pernoctando en sacos de dormir y comiendo lo que las gentes del lugar. México, Suramérica, India, Nepal y el sureste asiático recuerdan aún el incansable paso de este viajero por sus latitudes. Estos viajes han dado nacimiento a un par de libros, el segundo de los cuales, El despertar del hongo, ha salido a la luz el mes de Enero-99. En este sentido, podemos considerar que Juanjo es uno de los pocos especimenes ibéricos que ha dedicado todos sus esfuerzos a escribir libros sobre el tema, unos cuadernos de bitácora llenos de experiencias visionarias que quedarán para la posteridad como relatos sobre usos y costumbres de unas culturas que tienen ya los días contados. Hace tres meses, Juanjo emprendió su segundo viaje por tierras mexicanas, que tiene previsto que dure unos ocho meses. Antes de tomar de nuevo el vuelo hacia Latinoamérica, nuestro hombre pasó por la redacción de CAÑAMO, ocasión que aprovechamos para hacerle esta entrevista, así como encargarle una serie de artículos sobre sus experiencias mexicanas, que os presentaremos en los próximos números.
Vista la devoción, dedicación y obsesión de Juanjo por el tema de las plantas maestras que muestra, le preguntamos por los inicios de esta vocación, pues de parecer, parecerte que hubiese nacido ya con ella.
Bueno, no os penséis. Yo estudié derecho porque quería ser abogado laboralista, algo que ahora veo más bien como una actitud romántica de la vida. Luego me fui a vivir a Euskadi, dónde participé en el movimiento nacionalista por mi propia cuenta. Después de esto llegó mi primer viaje a la India, un lugar en el que conocí a sadhus que fumaban con sus chillums y me di cuenta de que existían otros estados de la mente además de este estado de ordinario en el que todos vivimos. Mi ingreso de pleno en el reino de las plantas fue a partir del congreso que organizó Fericgla en Lleida; de hecho, yo no pude asistir a él, pero conseguí los textos de las ponencias, unas lecturas que me dieron la idea de que detrás de los enteógenos se ocultaba algo que va más allá de lo que nosotros imaginamos.
Y siendo viajero decidiste emprender ruta hacia los paises en los que estas plantas crecían...
Pues si, sobre todo porque quería tener la experiencia de primera mano; no tenía contactos y las referencias de los libros que leí eran pocas, así que también planteé mi viaje como la posibilidad narrativa, el hacer una guía sobre las experiencias, los lugares y las personas que fui encontrando. De este viaje dejé constancia en mi libro En busca de las plantas sagradas.
En este primer viaje recorriste varios paises...
Si, primero llegué a Perú, donde enseguida di con un indio que aseguraba ser descendiente de un antiguo sacerdote inca; a partir de allí mi encuentro con la ayahuasca fue rápido. Y luego fueron llegando las otras plantas sagradas... Esta persona me indicó que existía una planta mágica que cuando fuera introducida en occidente despertaría capacidades dormidas que todos tenemos en nuestro interior. En mi posterior viaje a México me di cuenta de que esta planta no existía, que me habían dicho esto para que prosiguiera mi viaje, un hilo de Ariadna que me llevó a conocer el cactus del San Pedro y una marihuana más que potente en Colombia. En este momento nosotros mismos nos encontrábamos ya inmersos en su viaje, y para que la virtualidad del sentimiento no se nos escapara de entre las manos, le pedimos cuál fue su relación con los nativos de esas tierras, con los conocedores del uso de sus plantas maestras. Por un lado vi que las personas que conocen los usos de estas plantas son reticentes a abrirse a los occidentales, pero al mismo tiempo sienten la necesidad de dar a conocer sus artes. En mi caso, un chamán llegó a proponerme que me quedara con él un par de años, pues una iniciación completa en el reino de las plantas no se lleva a cabo en una semana. De todas maneras, yo no disponía de ese tiempo, y dejé la oportunidad para mejor ocasión. Como que veían mi naturaleza curiosa, solían darme pistas para que prosiguiera mi camino, sabiendo que las seguiria.
¿Y a un nivel personal, en la relación de vos con el otro?
En estos casos uno suele fiarse de los chamanes que le inspiran confianza, pues hay muchos que, ávidos de nuestro dinero, piden más que nos ofrecen. En ese viaje también empecé una relación que he seguido manteniendo hasta estos días. Es la relación con las plantas. Durante mis primeros trabajos con ayahuasca me di cuenta que se produce una comunicación bidireccional con la planta; no sólo es una relación de uno consigo mismo, o de reconocimiento de los efectos del brebaje; tienes también la clara sensación de que la planta te guía, te conduce por territorios que ella escoge para ti,
¿Y esto era sólo para el caso de la ayahuasca, o tuviste esta experiencia con otros enteógenos?
Encontré más de lo mismo con el San Pedro, y al llegar a Colombia también con la marihuana. Allí tienen una maría de lo más potente; nada que ver con el chocolate de aqui o las plantas que la gente cultiva amigablemente en su casa.
Así que podemos decir que se produce una simbiosis con las plantas...
Al llegar a México este diálogo se convirtió en un triálogo... Allí tuve una experiencia con Cannabis sativa y con los hongos psilocibicos, y se puede decir que en ese momento sentí que dentro de mi se estaba produciendo un triálogo entre las tres especies.
¿Cómo, un triálogo entre quién?...
Si, una comunicación bidireccional entre yo, digamos un representante de la especie humana, y los dos vegetales que acabo de mencionarte. Esto sale en mi último libro, El despertar del hongo... Y en mi opinión no es tan sólo el ser humano quien tiene curiosidad por las plantas; éstas, como especie distinta, también tienen cosas que aprender de nosotros... Esto es algo que encuentro a faltar en las sustancias de síntesis química, como las que hace Shulgin.
En ese momento, un servidor ya se encontraba en un estado que iba más allá del asombro. Estaba levitando un palmo por encima de mi butaca y no sabia si me encontraba ante un nuevo Darwin o, en el mejor de los casos, ante una reencarnación evolucionada del mismo. Pero Juanjo tenía cuerda para rato, y sin amedrarse por mi perplejidad prosiguló sin vacilar su disertación. El caso de la maría es muy curioso y, en mi opinión, insuficientemente estudiado. La relación de esta planta con los demás enteógenos es digna de tenerse en cuenta. Por ejemplo, sin modificar enteramente su naturaleza, introduce unos matices muy interesantes. Toma, por ejemplo, el caso del éxtasis, esa droga de la que hace un tiempo se hablaba tanto y que resulta que en la calle era todo adulteración. Yo he tenido experiencias con medio gramo de hongos, que de por si no son psicoactivos, que al combinarlos con marihuana ofrecen una experiencia muy cercana a la del éxtasis, que es tan complejo de fabricar. Esto se podría probar en terapia, y ver qué resultados ofrece.
Juanjo enlaza unos temas con otros sin solución de continuidad. El continente americano es tan rico en plantas que sus viajes le han traído a la mente la necesidad de reforzar nuestro estudio sobre ellas. En su opinión, ahora deberíamos continuar el trabajo iniciado hace 500 años por los conquistadores españoles. Como todos sabemos, al llegar allí descubrieron muchas plantas, algunas de las cuales trajeron aquí, como el tabaco. Pero en América quedan muchas variedades de esta planta, sumamente potentes y con un uso chamánico que perdura aun hoy en día, de las que nada sabemos. Otras plantas tuvieron menos suerte y fueron totalmente censuradas.
Al preguntarle por los motivos de este tupido velo, Juanjo lanza una opinión: El tema de los hongos, por ejemplo. Éstos ofrecían una comunicación directa con lo divino, con lo sobrenatural. En esas épocas la Iglesia católica era muy fuerte, y no deseaba que nada o nadie se interpusiera entre ellos y la divinidad. Ahora esta tendencia está cambiando de dirección. Toma el ejemplo de un obispo que fue a visitar a Maria Sabina pidiéndole que le iniciara a una experiencia con los hongos. Y están también las iglesias cristianas de Brasil, que toman la ayahuasca como sacramento en sus celebraciones.
Con Juanjo podríamos estar conversando durante días, por no decir semanas. Prontos a terminar nuestra conversación, le pido por su visión del devenir de este encuentro de culturas. Yo no creo que se produzca aquí en occidente una forma de chamanismo idéntica a la de estos pueblos ágrafos. Nosotros tenemos una sociedad que está organizada de una forma muy diferente a la suya y, por lo tanto, es imposible que adaptemos el uso de estas plantas copiando sus modelos. Evidentemente, se producirá una relación, pero el producto resultante es algo que no podría predecir. Éste es un proceso que llevará mucho tiempo. En conversaciones privadas con maestros budistas orientales, les he preguntado por la integración del budismo en occidente y su respuesta fue que los primeros cien años son los más confusos. Es un encuentro que a la vez es una adaptación, y esto se puede ver en los trasiegos del budismo en oriente. En el caso de las culturas chamánicas parece que queremos aprender de ellas, o como mínimo de las plantas que ellos usan, que forman parte de la naturaleza como nosotros. Yo he aprendido muchas cosas de mi mismo gracias a ellas, y me han dado también una idea de por dónde puede fluir la evolución humana en un futuro. Creo que aquí en occidente acabaremos creando nuestros propios rituales.
Libros publicados
En busca de las plantas sagradas, Juan José García Piñeiro. Gaia.
El despertar del hongo, Juan José García Piñeiro. Royland Ediciones.