La sustancia que ha
investigado y que le ha dado más renombre es la MDMA, el
popular éxtasis. En realidad este compuesto no es una creación
de Shulgin, pues fue sintetizado por un laboratorio farmacéutico
en el año 1910, descartándole aplicación alguna. Su
estudio como material psicoactivo fue retomado por Shulgin,
aceptando desde aquel momento el modesto papel de padre
adoptivo de la criatura. La fama del compuesto radica en
que viene a representar toda una nueva familia de sustancias
que, no siendo enteramente psiquedélicas, su efecto se
centra en la apertura de las puertas del corazón,
permitiendo al individuo expresar y experimentar contenidos
afectivos sepultados y reprimidos por las barreras culturales
de nuestra sociedad. Aunque durante mucho tiempo esta
sustancia fue usada en la escena terapéutica underground
californiana, pasó a tener un estatus de ilegalidad a partir
del momento su uso se expandió en los campus universitarios,
cuando el incombustible Tim Leary osó declarar que la MDMA
sería en los años ochenta lo que la LSD para los años
sesenta.
Dicen que este
aprendiz de brujo sabe tanto de manejar moléculas que
merecería el Premio Nobel. Estos mismos rumores apuntan que
no se lo dan porque este reconocimiento levantara un debate
que los gobiernos no sabrían cómo manejar. Sea como fuere,
yo he visto al maestro Shulgin conversando con un Premio
Nobel de Química y a éste, saturado por complejos de
inferioridad, encogerse y retraerse sin atreverse a hacer
inciso alguno a lo que Shulgin exponía.
Shulgin nunca ha
llevado a cabo experimentos con animales, ya que siempre ha
considerado que las narraciones que estos pueden aportar
sobre este tipo de experiencias interiores es más bien pobre.
El otro camino que quedaba era el ensayo con otros seres
humanos, pero de nuevo descartó esta posibilidad por
considerarla el summum de la inmoralidad. Dar a alguien algo
que puede resultar tóxico, o de cuyos efectos poco o nada
conoce, haciéndolo servir de conejillo de indias como la CIA
hacía con soldados del ejército para ensayar la LSD como
arma de guerra, era poco ético. Esto condujo a Shulgin a
diseñar un plan mucho más humano a la vez que intrépido:
el bioensayo. Este raro nombre significa que Shulgin
probaba consigo mismo los compuestos que ideaba, empezando
con dosis pequeñas que iba aumentando en caso de no obtener
efecto alguno. En el caso de dar con un compuesto
interesante, entonces lo probaba con su esposa, al más puro
estilo de la pareja original, como Eva y Adán, que en
el jardín del Edén probaron por primera vez el Fruto
Prohibido. Y una vez pasada esta excitante prueba
matrimonial, ensayaban la sustancia con un reducido y selecto
grupo de amigos.
En 1991,
Alexander y su esposa Ann expusieron todo este camino de
conocimiento y autodescubrimiento en su libro PIHKAL, A
Chemical Love Story. Como reacción a esto la agencia
americana para las drogas reaccionó paranoicamente, lo que
les llevó a escenificar un asalto a la casa de los Shulgin
con personal engalanado de escafandras de astronauta por
el peligro que implicaba el aproximarse a un lugar tan contaminado
de sustancias peligrosas y tóxicas-. A pesar de que Shulgin
contaba con un permiso de investigación, este happening
se saldó con un juicio que incautaba a los Shulgin todos los
ahorros de su vida. Quizás alguien podría suponer que
Alexander Shulgin, teniendo los conocimientos de química que
posee, tendría una cuenta bancaria de lo más desbordada.
Pero esto no es así. El amable juez que lo procesó tuvo la
indiscreción de averiguar el total de los ahorros de la
familia, y dictó una sentencia con una multa que les
embargaba este dinero. La suma no llegaba a los dos millones
de pesetas, y dejó a la pareja sin recursos. Este tropiezo
fue saldado por un simpatizante que abrió una suscripción a
través de Internet, en la que entusiastas de todo el planeta
aportaron sus donativos para que los Shulgin continuaran
pagando sus gastos alimentarios cotidianos. Como Ann es una
persona partidaria del amor universal y poco amiga a los
enfrentamientos, estos mismos policías que les habían
detenido fueron invitados más tarde a las reuniones que los
Shulgin celebran mensualmente en su casa con amigos. Se
comenta que los agentes, después de haber leído su libro,
inquirieron a los Shulgin sobre la posibilidad de conseguir
dichas sustancias. Ann y Sasha les recordaron que ellos
investigaban, pero que no comercializaban.