| LA CARRERA HACIA ANC�N |
| Octubre de 1984, �ramos j�venes de 15 y 16 a�os, nos autotitul�bamos "La Mancha", recuerdo a aquellos chicos, all� estaban Chercca, Obeso, el "recio" (hermano de Obeso), Murillo, Le�n, Llerena, Delgado "tombo", Villafane, y por su puesto yo. Durante varios meses sal�amos a correr a las 5 de la ma�ana, a esa hora Villafane ven�a tocar el timbre y gritaba mi nombre por la ventana, entonces yo saltaba de la cama y me vest�a velozmente con polo, short y zapatillas, para luego lavarme la cara y salir disparado a buscar a Llerena, quien viv�a a la vuelta de casa. Juntos los tres, trot�bamos hacia Palao Oeste y consegu�amos que saliera Chercca, entonces nos embarc�bamos hacia la Carretera Panamericana y cruz�ndola despert�bamos a Le�n y Delgado, para finalmente ir toda esa multitud hacia la casa de Obeso. Detr�s de la casa de Obeso hab�a una canchita y media cuadra m�s all� otro terreno libre, pod�amos usar cualquiera de ellos para jugar nuestro partido de f�tbol. La costumbre de jugar f�tbol era fuerte, �ramos adolescentes con gran energ�a f�sica, con �mpetu, con ganas de demostrar nuestras capacidades f�sicas, de modo que tras formar aquel h�bito decidimos, Johnny Villafane y yo, asumir un reto mayor: Ir corriendo hasta Anc�n. La idea se nos ocurri� durante un d�a de clases en la escuela y la decisi�n fue autom�tica: "Vamos". Durante el recreo se lo comunicamos a los chiicos de "La Mancha" y a otros dos o tres m�s, y lo programamos para el s�bado de esa misma semana a las 3 de la ma�ana. Viernes en la noche, el plan era el mismo, Johnny me llamar�a, ir�amos donde Llerena y as� sucesivamente, pero perm�tanme que les cuente lo que ocurri�: A las 3 de la madrugada Johnny lleg� a mi casa, yo cumpl� con salir porque era el de la idea y quer�a demostrarme a m� mismo que pod�a lograr una meta propuesta. Adem�s sal� preparado, ten�a por lo menos 10 chicles para masticar y recuperar el aliento, y llev� varias monedas para comprar algo y pagar mi pasaje de regreso desde Anc�n. Buscamos a Llerena y sali� pero s�lo hasta su puerta, entonces dijo que estaba cansado, con sue�o, excusas que no se admiten entre ganadores... y lo dejamos para que duerma. Fuimos donde Chercca y sali�, ya �ramos 3; intentamos con Le�n y Delgado, mas sus familiares nos dijeron que estaban profundamente dormidos. Volamos hasta Obeso y conseguimos que se uniera al grupo. Quisimos sacar a Murillo y no pudimos, entonces cometimos la imprudencia de retarnos: "A ver quien llega primero hasta Fiori" -dijo uno de nosotros. Corrimos a toda velocidad desde Palao Este hasta Fiori, y entonces nos tiramos en un pasto que hab�a junto al grifo. Totalmente agotado, pens� si podr�amos llegar hasta Anc�n, y mi respuesta mental fue inmediata: "Reci�n son las 3:30 de la ma�ana, tienes tiempo suficiente, p�rate y empieza a trotar". De modo que le hice una se�al a Johnny, �l se percat� del asunto y empezamos juntos a trotar, dejando echados atr�s a los otros dos. Al pasar la Av. Tom�s Valle ya no ve�amos a los dos chicos que dejamos, pero a la altura de la Av. Izaguirre aqu�llos casi nos pasan al estar corriendo por un costado no visible. Una vez que los vimos decidimos acelerar nuestro trote y no paramos de correr por lo menos 2 kil�metros. En el fondo no quer�amos que nos alcanzaran, as� que de cuando en cuando volte�bamos la vista para ver si estaban cerca. Luego empezamos a agotarnos de modo que tomamos la estrategia de correr un kil�metro y caminar otro. Utilizamos este m�todo hasta llegar a Puente Piedra. Una de las cosas m�s bonitas que recuerdo es estar corriendo bajo un cielo azul puro, sin contaminaci�n, con �rboles a trav�s de toda la carretera Panamerica, todav�a lo recuerdo, todav�a lo siento, todav�a lo percibo. Es muy posible que este evento haya influenciado mucho en m� m�s adelante a mis 21 a�os cuando realiz� grande caminatas por mi lugar preferido de meditaci�n: Puente Piedra. En una futura oportunidad contar� c�mo escrib� varios cap�tulos de mi cuento "El Osito Exitoso" caminando por al Carretera Panamericana en Puente Piedra, tambi�n como invent� algunas din�micas de juegos, y c�mo visualizaba mi futuro durante mis lindos paseos. Llegamos al kil�metro 30 de Puente Piedra a las 6 de la ma�ana, para entonces hab�amos consumido casi todoslos chicles as� que nos dirigimos al mercado de Puente Piedra y compramos un kilo de manzanitas. Regresamos a la carretera y seguimos pero caminando, hemos caminado casi 15 kil�metros pasando lo que en ese tiempo llam�bamos "grandes desiertos" (que hoy ya no existen), conversando sobre el colegio, las chicas, nuestros amigos que no salieron de la cama ese d�a, sobre d�nde estar�an ahora Chercca y Obeso, pero m�s que nada alegres porque nos faltaba cada vez menos kil�metros para llegar a nuestro objetivo. "Sigamos caminando" -nos dec�amos. En el fondo quer�amos llegar hasta Anc�n y contarles a todos "nuestra haza�a", hab�a valor, determinaci�n, �nimo. Sin embargo, faltando unos 5 kil�metros para llegar, una idea me asust�, la garita de control, �c�mo podr�amos pasarla? �nos revisar�an? �qu� podr�a pasarnos? Le coment� mis temores a Johhny y creamos un plan sencillo: Llegar�amos a la garita comiendo nuestras manzanitas, luego disimuladamente caminar�amos por detr�s de ella y la pasar�amos caminando a paso normal sin voltear, sin voltear ojo. Y as� lo hicimos, cumplimos el plan y no tuvimos nada que temer, la playa estaba a la vista. La emoci�n nos empezaba a embargar, aceleramos la marcha y pronto llenos de alegr�a nos encontr�bamos mirando los edificios y el mar, frente a frente. Recuerdo que pas� caminando un se�or con su reloj, me atrev� a preguntarle la hora y aqu�l contest�: 10:15. Siete horas y cuarto, fue el tiempo que tardamos en llegar a Anc�n, lo hicimos, lo festejamos, nos quitamos el polo y las zapatillas y entramos pocos metros en el mar. Luego salimos a la orilla y nos preguntamos: "�nos creer�n los dem�s?. Mi mente busc� una respuesta inmediata: "�Llevemos pruebas!" Fue as� como reunimosconchas, trocitos de mar y toda clase de cosas marinas que encontr�bamos, y lo mejor fue que hallamos algo que parec�a tent�nculo de pulpo o calamar peque�o. Lo envolvimos en un peri�dico que recogimos durante nuestra b�squeda y dijimos: "Listo, a regresar a casa". Llegamos a casa cerca de la 1 p.m. y sorprendimos a todos con nuestras pruebas, sin embargo, mis parientes de casa botaron las pruebas a la basura. No obstante a ello, siempre hablamos sobre nuestra carrera a Anc�n, sobre nuestra determinaci�n, nuestro valor, nuestro empe�o, nuestra fuerza. Fueron 33 kil�metros y lo logramos, logramos nuestra meta, s�, lo hicimos. Enrique Verde. (Publicado en el Juego de Sal�n: "Super Vendedor" en 1999). |