
Tomas de Quincey, ensayista y critico de todo, incluso de si mismo, probó en sus carnes las distintas naturalezas de uno de los divinos regalos. Para él, el opio fue panacea, farmaco y veneno. A este irónico e insolente ingles de principios del siglo XIX debemos el magnifico libro autobiográfico "Confesiones de un inglés comedor de opio", escrito que inaugura un nuevo estilo y tema en la literatura universal.
" ¡Ah justo, sutil y poderoso opio!. ¡Bálsamo y alivio de los corazones de los pobres y los ricos por igual, de las heridas sin curación, de los tormentos que incitan la rebelión del espíritu!. ¡Opio elocuente! (...) Sólo tú le otorgas tales dones al hombre, tú posees las llaves del Paraiso. ¡Ah justo, sutil y poderoso opio!".