Por:
Verónica A. Lamanna .
Profesora en nivel inicial y Licenciatura en Ciencias de
Co-autora del Proyecto de Actualización Curricular en Didáctica de los procesos
de Enseñanza –Aprendizaje en el Jardín Maternal curriculum
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Como
el nivel inicial, puede, en este contexto, promover la formación de sujetos que
gradualmente vayan construyendo su autonomía, su capacidad de decidir, de
escuchar al otro, de defender sus ideas. Porque no podemos desconocer, que
estas instituciones educativas, jardines maternales y jardines de infantes, se
hallan inmersas en esta contradictoria pero desafiante realidad.
Abstract de la ponencia sobre Valores en el Nivel Inicial, dictada por la
docente en el marco del Post- grado de Actualización para docentes de Inicial
que se dicta en el mismo establecimiento.
Noviembre 2004. Instituto Superior Modelo Lomas.
Intentando abordar la construcción de la ciudadanía desde la edad más temprana,
no podemos dejar de remitimos a la Ética. La ética, en griego
"éthos", significa costumbre. Cicerón la traduce al latín como
"rnoris", en castellano "moral". Por tanto,. etimológicamente>, ética y
moral,_ significan la mismo. Sin embargo, filosóficamente, ética y moral aluden
a cuestiones diferentes.
La moral es previa a la ética, y se trata de una norma de valores y creencias
que se da en cada grupo de seres humanos y exige su cumplimiento. Todos los
pueblos tienen una moral determinada.
La ética es una disciplina filosófica que estudia y teoriza acerca de estos
mandatos morales. Por ello el ámbito de la ética siempre es el del deber ser.
Y aquí nos encontramos frente al punto nodal que pretendemos abordar, cómo se
da e1cumplímiento de la norma:
·Por Derecho, sin cuestionar, por coerción.
·Por heteronomía moral, sumisión y obedecimiento irracional.
·Por autonomía moral, es decir cumplimiento racional, comprensión y aceptación
de la norma.
En la actualidad, nos encontramos frente a una realidad compleja, desbordante
de problemáticas económicas, sociales, políticas y educativas. Estos tiempos
posmodernos, nos hablan de una “modernidad líquida”, una cultura occidental
carente de relatos, de perfil megalómano, con aires de superioridad. Una
cultura occidental que no posibilita el diálogo, que sufre un fuerte
etnocentrismo cultural, que no acepta “lo diferente”, que padece la ausencia de
utopía.
Pensar en estos tiempos tan violentos, complejiza nuestra labor de comprender
cómo, entonces, se construye la ciudadanía desde la edad más temprana. Como el
nivel inicial, puede, en este contexto, promover la formación de sujetos que
gradualmente vayan construyendo su autonomía, su capacidad de decidir, de
escuchar al otro, de defender sus ideas. Porque no podemos desconocer, que
estas instituciones educativas, jardines maternales y jardines de infantes, se hallan
inmersas en esta contradictoria pero desafiante realidad.
Y es aquí donde apostamos al cambio, a la formación de ciudadanos autónomos,
desde la infancia.
Para poder repensar estas cuestiones quisiera compartir con ustedes el legado
de un filósofo, del cual sólo tenemos noticias por las obras de Platón (s. V
aC).
Sócrates, filósofo ateniense, es inspirado por el oráculo de Delfos, con el
precepto “conócete a ti mismo".
De esto, se trataba, su vida, su enseñanza. Sócrates cuida su alma para mejorarla,
implicando esto una inagotable tarea, un constante examen de conciencia.
Sócrates tenía conciencia tan solo de una cosa, de su ignorancia. “Sólo se que
nada sé”, esta premisa lo convertía en el hombre más sabio de Atenas.
Este filósofo debía cumplir una misión de escrutador de conciencias y estimular
a todos a efectuar su propio escrutinio, Sócrates se dirigía, en los gimnasios,
en el ágora, en las calles, en los banquetes, no hacía distinciones de clase,
oficio o edad, aunque sí era selectivo con sus discípulos (a pesar de que uno
de ellos fue el peor de los Treinta Tiranos de Grecia). Sócrates tenía una
misión moralizante, exhortaba a hacer el bien, demandaba políticos
comprometidos con la virtud y la justicia, pero que sobre todo, antes de dedicarse
a lo “público” se conocieran interiormente.
Pero el cómo hacía esto Sócrates también resulta relevante para nosotros como
docentes, ya que la “mayéutica” invitaba al discípulo a construir el
conocimiento. El arte de preguntar consistía en no dar las respuestas acabadas
sino invitar y desafiar al otro, por medio de preguntas, a pensar, resolver la
situación y encontrar una respuesta a modo de investigación racionalmente.
Sin embargo, Sócrates, a pesar de predicar que la felicidad se encuentra en la
excelencia moral, no halla un final feliz. Hacia el año
De acuerdo con la “Apología" platónica, en el proceso, Sócrates centra su
defensa en el relato de su vida y en su misión “enseñante” de filosofar. Tuvo
que esperar 30 días en la cárcel, y a pesar de hallarse con cadenas en los
pies, continuaba conversando filosóficamente con discípulos y amigos. Uno de
ellos, le pedió que huyera, que se fugara para escapar de la muerte. Pero
Sócrates, le respondió "No importa vivir, sino vivir bien, y por ello,
hacerse culpable de injusticia es peor que la muerte”. El fin de la historia
nos dice que Sócrates tomó el vaso contenedor de cicuta, lo vació de un trago y
así falleció.
Pensar en el legado socrático es de vital importancia para resignificar estas
cuestiones sobre la construcción de la ciudadanía.
Despejándolo del drama que supone esta historia y del altruismo que no
pretendemos emular, la idea es reflexionar acerca de cómo vivir en la verdad y
en los valores, sin pensar en la coerción, en el obedecimiento carente de
sentido. La intención es empaparnos de las máximas de este filósofo ateniense y
contagiarnos de su búsqueda eterna hacia la rectitud, tema que hoy en día es
completamente abandonado.
Pero pensando en esta cuestión dela virtud, la construcción del conocimiento,
la toma de decisión y defensa de esta postura y sus consecuentes acciones, no
podemos dejar de remitirnos a la educación. Una educación, como Bruner llama,
“puerta de la cultura”, “foro de discusión”, actividad compartida.
Y pensando en sujetos de aprendizaje del nivel inicial, como sujetos pensantes
y deseantes, no como remite el término infancia etimológicamente “ahí – no –
palabra”, sino en sujetos “con palabra”, con mucho por decir. Pero que “este mucho
que decir”, va de la mano de “mucho que pensar” “mucho que sentir”.
Es aquí por demás importante la tarea del nivel inicial y sus docentes. Ya que
es en esta etapa donde los niños comienzan a forjar el camino a la autonomía,
transitando la difícil tarea de ser libres. Una libertad que solamente puede
ser vivida cuando hay respeto, derechos y obligaciones, cuando las normas son
acordadas, comprendidas, vividas... por alumnos y docentes.
La formación de “futuros ciudadanos” es la empresa más importante del sistema
educativo y comienza en el Nivel Inicial. Lugar que debe promover espacios
dialógicos, rondas, relatos, escucha comprensiva, contenidos que estimulen e
inviten al desafío de pensar, experimentar, equivocarse. Canciones, juegos y
actividades obstaculizadoras cognitivas al igual que movilizantes desde lo
emocional. El Nivel Inicial debe constituirse como la apuesta más sólida de la
educación, la base por excelencia del futuro, de la vida. Porque la formación
de estos sujetos de aprendizaje de 45 días a 5 años demanda docentes
comprometidos con su práctica, en búsqueda de su autonomía, con curiosidad,
creatividad, con apertura para enriquecer su formación, con capacidad para
enternecerse y contener al otro. Ser docente del Nivel Inicial, es una ardua
tarea, no trágica como la historia socrática, pero sí exigente, supone
reflexionar, poner el cuerpo, ser creativo, tener capacidad de vincularse desde
el afecto sin perder de vista los límites. Requiere docentes que no pongan
broches, que no manden en penitencia, que no etiqueten a sus alumnos, por el
contrario, el Nivel Inicial necesita imperiosamente docentes con capacidad de
escuchar, de trasponer didácticamente de forma adecuada, de enseñar valores
viviéndolos en el aula, cantándolos, jugándolos.
Esta es la misión de los docentes de Inicial, una educación que no adiestre, ni
castigue porque esto conduce a la formación de sujetos heterónomos,
imposibilitados a la hora de opinar y decidir. El fin por excelencia del Nivel
Inicial es la emancipación, la pedagogía de la autonomía, la constitución de la
autoridad pedagógica, la invitación al dialogo, la comprensión, el respeto por
las normas y la construcción de la ciudadanía desde la edad más temprana...
para que en el futuro no halla sujetos adultos con “broches puestos en la boca”
que los callen y sometan sino para que estos ciudadanos ejerzan su poder,
puedan elegir, tomar una postura y comprometerse, como diría Sócrates desde la
virtud y los valores.