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Los revolucionarios del FPMR se despiertan |
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Vive el tiempo de su primer congreso, al parecer con participación de gente de varias zonas del país y donde se decidió que el Frente sigue siendo “un instrumento” de sectores sociales y del pueblo. Sin renunciar a las tesis “militares”, todo indica que hoy los rodriguistas priorizan por el trabajo político y social. Indican que “el principio de reorganización del FPMR pasó siempre por estar insertos objetivamente en las luchas populares y sus nuevas condiciones”.
En esa vertiente de priorización, un
documento frentista habla de impulsar acciones a nivel nacional,
territorial y sectorial organizadas como “frentes político-sociales que
logren aglutinar, agrupar o coordinar en torno a esta política a gran
parte del contingente cercano al rodriguismo y a las ideas
antiimperialistas y anticapitalistas en general”. Indica que “externamente
el FPMR se construye a través de la profundización de sus vínculos con las
fuerzas sociales”.
Hasta donde se sabe, una idea central del FPMR es crecer en distintos sectores sociales y en diversos espacios (territorios) en todo el país. Y sigue haciendo contactos con otras organizaciones de izquierda y sociales. Las armas parecen estar desechadas por ahora aunque los rodriguistas plantean que su organización es un “instrumento (que) podría expresarse mediante una instancia interna partidaria o columna vertebral apoyada en tres líneas de acción: social, militar e internacional”. En el marco de su primer congreso, el Frente estableció como su eje un “proyecto revolucionario, patriótico y popular” que “permita resolver las contradicciones fundamentales que limitan el progreso y el desarrollo de nuestro país, mediante un proceso de lucha que abra paso a cambios estructurales, encabezadas por el pueblo y sus organizaciones”. En un documento público indicaron que “hemos descartado la inserción en la institucionalidad”, sobre todo la electoral. Sin embargo, precisan que “no negamos el uso de determinados espacios legales o semilegales en el ámbito de base que el pueblo utiliza para articularse y defender sus reivindicaciones históricas (juntas de vecinos, centros de alumnos o federaciones, sindicatos y otros)”. El FPMR ya constituyó lo que llaman una nueva Dirección Política Nacional donde ya no estarían muchos de sus tradicionales comandantes y jefes que encabezaron el desarrollo y operaciones del rodriguismo desde su fundación en 1983. En algún sentido ha quedado atrás el camino de las acciones como el atentado contra Augusto Pinochet, los grandes apagones por atentados a torres eléctricas, el secuestro de personalidades militares y empresariales, y lo que fue denominado como la estrategia de Guerra Patriótica Nacional. Hoy, la idea de la organización es “virgorizar la praxis del FPMR”. Esta fase de los rodriguistas pondría término a una alargada situación interna de debate y contradicciones que, por cierto, dejó en el camino a algunos de sus más destacados dirigentes y produjo divisiones y fracturas. En un momento los frentistas hablaron del “PDI”, el proceso de discusión interna, iniciado entre 1991 y 1992 cuando vivieron serios golpes represivos, comenzaba el ciclo de “democracia formal” en el país y protagonizaron sucesos delicados como el haber matado al senador pinochetista Jaime Guzmán, ideólogo del régimen militar. En un texto titulado “Nuestra Dignidad y Futuro”, el Frente señala que “este debate interno tuvo como escenario un quehacer orientado por un sentido general de construcción política a partir del avance de la organización popular, y se basó en una consolidación política ideológica como primer paso para poder hablar con seriedad de incidencia social y política. Para que todo este esfuerzo tuviese coherencia (construcción de adentro hacia fuera) también hubo que ampliar tanto en contenido como en forma (nuevos mecanismos) nuestra democracia interna, el debate político-ideológico horizontal...” En una entrevista a “rebelión.org”, un miembro de la Dirección Política Nacional, reivindicó la existencia actual del Frente en un “país marcado por las contradicciones” económicas y sociales, con “el poder de los monopolios” vigente y con “un régimen político muy coherente con este modelo económico”. Agregó que “la izquierda y los sectores populares que luchan por la verdadera transformación social no puede ni deben prescindir de un instrumento político organizador (llámese partido, movimiento, frente, etc.) ya que las transformaciones no vendrán espontáneamente...”. Precisó que “lo anterior se ha visto corroborado en los hechos durante las masivas explosiones de lucha social ocurridas en Ecuador, Argentina y Bolivia”. El FPMR acaba de cumplir 20 años de existencia y está centrando su actividad en el campo social antisistémico y no desecha su aspiración de arribar a una sociedad socialista. En todo este proceso interno se ha abierto también a la reflexión y la discusión con otros sectores políticos y sociales de izquierda y anticapitalistas. Así, organizó el seminario “Proyectos y Construcciones Actuales, Revolución y Socialismo” en que participaron representantes de La Surda, Partido Comunista, Colectivo de Trabajadores, Corriente Revolucionaria, Centro de Formación “Araceli Romo” y dirigentes estudiantiles secundarios y universitarios. En ese seminario un denominador común fue el considerar como central la lucha social, la organización sindical y estudiantil, las alianzas entre estos sectores y fortalecimiento de “las organizaciones alternativas”.- |
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Las actividades culturales son un delito |
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La historia comenzó el 8 de agosto, cuando el inspector municipal Juan Carlos Fabrega cursó un parte por “realizar actividad cultural sin permiso municipal”, y que en la práctica era un taller gratuito de guitarras para niños, una más de las múltiples actividades que realiza Nayalén para niños y jóvenes del sector, como son talleres de malabarismo, batucada, artesanía, teatro, break dance, entre otros. Además el Centro a recibido más de 15 visitas de carabineros en menos de tres meses, cinco visitas de inspectores municipales aduciendo que si sacan personalidad jurídica los dejan tranquilos, inspección de la JUNJI, dos visitas de Inspección de Obras, la última al trabajo del padre de la monitora afectada, amenazando con demoler la casa si no aparecen unos planos que la Municipalidad tiene en su poder.
El 25 de septiembre el Centro,
junto a organizaciones que validan el trabajo de
Nayalén,
fueron a manifestarse al Municipio de Puente Alto, oportunidad en que el
mismo alcalde señaló que “esto es una estupidez” y que solucionaría el
caso lo más pronto posible. Sin embargo el parte siguió su curso y hoy la
monitora se encuentra prófuga por no cumplir con la reclusión nocturna.
A comienzos de noviembre el municipio sólo envió un escueto correo electrónico en que señalaba que “aquí hay un error”, sin embargo no ha existido la verdadera voluntad de solucionar “esta estupidez”. El Centro Cultural Nayalén ha acudido a diferentes representantes políticos y culturales, además de medios de comunicación, y la única respuesta ha sido la de algunos partidos políticos que entregan su ayuda, siempre y cuando la denuncia se realice en las dependencias de sus partidos. Ante esta situación, y decididas a seguir trabajando por la cultura en su sector en forma autónoma y autogestionada, el Centro desea hacer pública esta denuncia que incluye persecución, amenazas y obstaculización de gestión cultural por parte de las autoridades y por eso hacen un llamado a todos aquellos que hacen cultura, poesía, teatro, malabar, zancos, pantomima, danza, a manifestarse en contra de esta injusticia el lunes a las 10 de la mañana en la Corte de Apelaciones de San Miguel.
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ESTREMECIMIENTO BOLIVIANO
Humberto Decarli
[email protected]
El caso boliviano es digno de analizar por sus características emblemáticas para
América Latina. La renuncia del presidente Sánchez de Losada, luego de la
presión popular de calle, es muy significativa por el momento atravesado en la
región.
Sin embargo, el altiplano tiene sus especificidades. En el año de 1952 unos
acontecimientos ocurridos estremecieron al mundo. Por vez primera un ejército
regular latinoamericano en el siglo veinte era derrotado por una formación
paralela. La organización política Movimiento Nacionalista Revolucionario junto
a la fuerza policial y a los trabajadores de las minas, constituyeron la
plataforma de este interesante movimiento.
Empero, los dirigentes históricos de este sacudimiento perdieron las
perspectivas. Víctor Paz Estenssoro, Juan Lechín y Walter Guevara Arce, fueron
los líderes de la insurrección de la nación creada por el Mariscal de Ayacucho.
Sus políticas devinieron en traición y durante mucho tiempo Bolivia fue una
muestra de inestabilidad política cuyo desenlace fue una sucesión de regímenes
dictatoriales de extrema derecha vinculados al narcotráfico.
Primero René Barrientos y luego Alfredo Obando expresaron el golpismo en sus
formas más primitivas. Acto seguido el general Juan José Torres trató de darle
un viraje izquierdista al gobierno y terminó derrocado y asesinado en Buenos
Aires en el marco de la aciaga Operación Cóndor del cono sur.
Después una pléyade de militares copó la escena, siendo las figuras más
importantes Hugo Bánzer y Luis García Meza. Causaron un genocidio que incluyó
los homicidios de los dirigentes populares Marcelo Quiroga Santa Cruz, Carlos
Flores Bedregal y Gualberto Vega.
Posteriormente hubo un regreso transado a la democracia formal porque la
política hemisférica de los Estados Unidos así lo requería. Se sucedieron los
Bánzer, Jaime Paz Zamora y el empresario Gonzalo Sánchez de Losada, revestido de
la legalidad grotesca propia de América Latina.
A comienzos del presente año, se produjo unos hechos vehementes, expresados en
la quema de la Vicepresidencia, el Ministerio del Trabajo y de las sedes
nacionales en La Paz de los partidos tradicionales, el M.I.R. y el M.N.R.,
demostrando la irascibilidad del pueblo. Los manifestantes, miembros de la
administración pública y trabajadores en general, fueron apoyados por fuerzas
policiales en una redición en menor escala de la revolución del año de 1952.
Ahora, una decisión política disparatada como fue la exportación de gas a los
Estados Unidos y México a través de un puerto chileno, fue la chispa que
encendió la pradera. Se generó un extraordinario movimiento de masas iniciado
con el bloqueo a la ciudad más importante de Bolivia desde las adyacencias de El
Alto, población aledaña con un fuerte componente aborigen y pobre. Después se
produjo el desenlace por todos conocido que de manera alguna resuelve el
problema de fondo.
Nuestro continente mestizo está en ebullición. Primero Argentina con sus
piqueteros y los timados por la banca, causantes de la renuncia del incompetente
presidente De La Rúa. Luego Perú en la ciudad de Arequipa cuando se pretendió
privatizar la empresa local de electricidad y la gente desesperada se alzó
generando la desaplicación de la medida. Después se produjo el fraude financiero
en Uruguay y de nuevo la calle se hizo presente.
El dirigente cocalero Evo Morales al inicio de la crisis guardó silencio y
ulteriormente se unió a la protesta sosteniendo que había necesidad de salvación
de la democracia y eso pasaba por la renuncia presidencial. En cambio el
representante aymará Felipe Quispe y su movimiento Pachacutik, heredero del
Tupakatari, desde el primer momento fue directo en sus proposiciones. La
respuesta de Estados Unidos y la O.E.A. fue la de apoyar a Sánchez de Losada
fundamentado en la Carta Democrática.
Pero el empuje popular presionó una salida: la abdicación presidencial, la cual
ha sido empleada como un mecanismo de distensión del proceso. No sabemos cuál
será el desenlace de la crisis pero desnuda que sus esencia radica en la
estructura de poder desprestigiada en Bolivia, Argentina, Ecuador, Perú,
Venezuela y América Latina en general.
Realmente pasamos por un momento difícil. Está en auge el movimiento
globalizador en materia financiera cuya instantaneidad está soportada por la
tecnología punta. Esa directriz se expresa en los programas creados por los
organismos derivados de Breton Woods destinados a perfilar nuestras economías.
Son decisiones apuntaladas por los factores de poder internos sobrevivientes de
la crisis, como las fuerzas armadas y los nuevos fenómenos políticos en la
región.
Venezuela debe verse en el espejo del altiplano. La ausencia de legitimidad del
gobierno nacional, estatal y municipal está más presente que nunca. No basta con
acudir a unas elecciones ni apelar a constituyentes cosméticas ni colocar
figuras prestigiosas porque sería una respuesta gatopardiana. No habrá solución
de fondo hasta producirse una transformación profunda en la organización social
y de poder en nuestra zona. La sociedad boliviana estuvo por encima del poder y
esa es la posibilidad más acertada para acometer los cambios necesarios.
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El “indigenismo” en Bolivia
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por Aníbal Montoya El papel revolucionario de las masas campesinas de Bolivia ha hecho pasar a un primer plano la cuestión de las reivindicaciones de los llamados “pueblos originarios”. La inmensa mayoría de los campesinos bolivianos, particularmente los del Altiplano, son indígenas. Durante 500 años las masas indígenas sufrieron la opresión y la explotación más descarnada, primero a manos de los conquistadores españoles y luego, tras la independencia del imperio español, a manos de los “criollos” blancos y las nuevas elites dominantes formada por la oligarquía y los capitalistas nacionales. Siglos de opresión, marginación y acoso han hecho surgir en los últimos tiempos una cierta conciencia nacional “indígena” en una gran parte de este sector de las masas. Por supuesto, los marxistas, los socialistas revolucionarios, debemos luchar contra la más mínima muestra de opresión contra estos pueblos y contra cualquier privilegio de una parte de la población a costa de la otra. Defendemos todas las reivindicaciones que los hagan avanzar y sacudirse el yugo contra siglos de opresión y violencia. Pero también decimos a estos compañeros que la lucha contra la opresión debe ser una lucha unida de todas las capas oprimidas de la sociedad, seamos indígenas, blancos o mestizos. Todos, siendo obreros y campesinos pobres, tenemos el mismo enemigo: los terratenientes, los capitalistas y el imperialismo. Es un error y un peligro grave dividir la lucha revolucionaria de las masas oprimidas según el color de la piel de cada uno porque así el enemigo nos derrotará más fácilmente que si luchamos todos juntos. La lucha por la nacionalización del gas no la pueden ganar solos los obreros de las ciudades, pero tampoco los campesinos indígenas del Altiplano. Los obreros y campesinos pobres, seamos indígenas, mestizos y blancos tenemos los mismos intereses y los mismos enemigos. Juntos podemos vencer, pero divididos la derrota será segura. Bajo el socialismo, donde desaparece la explotación del hombre por el hombre y donde sólo prevalecen el interés de la solidaridad, la fraternidad y la cooperación, nadie tendrá interés en oprimir a nadie y por lo tanto se darán las mejores condiciones no sólo para la convivencia común entre los diferente pueblos sino también para que cada comunidad decida libremente qué grado de relación quiere tener con el resto. La lucha unida por el socialismo también es la lucha por la dignidad y la plena emancipación de los pueblos originarios del continente americano. La cuestión de Chile La lucha contra la apropiación imperialista del gas ha situado en un primer plano ante las masas bolivianas el papel de Chile en todo este proyecto. Como se explicó anteriormente, el acuerdo del gobierno de Lozada con las multinacionales proyecta la salida al mar del gas por medio de un gasoducto que desemboca en los puertos del norte de Chile, dado que Bolivia carece de salida directa al mar, al perder su territorio costero marítimo en la guerra con Chile en el siglo XIX. No cabe duda de que con este proyecto la burguesía chilena, igual que la oligarquía boliviana, espera obtener pingües beneficios con la explotación imperialista del gas boliviano. No es ningún detalle que en muchas de las marchas y protestas que hubo en las últimas semanas en Bolivia, se escucharan consignas antichilenas y en algunas se reclamaba la devolución de los territorios perdidos hace ya más de 125 años. Durante décadas, la clase dominante boliviana estimuló en las escuelas y los cuarteles del ejército el odio nacional contra los chilenos. Es una ley que las clases dominantes de todos los países siempre utilizan los odios nacionales para ocultar su dominación y sus privilegios sociales, dirigiendo la frustación y la desesperación de las masas explotadas, a manos de esta misma clase dominante, hacia el pueblo de la nación rival sin distinguir entre las masas oprimidas y las opresoras. Los marxistas debemos rechazar los intentos de enfrentar a los trabajadores y campesinos bolivianos con sus hermanos, los trabajadores y campesinos chilenos, y viceversa. Las masas oprimidas de Bolivia y Chile no tienen ninguna responsabilidad por las guerras de conquista y de rapiña que en el pasado impulsaron las oligarquías que dominaban ambos países y que sólo buscaban aumentar sus privilegios y sus intereses de clase, sin importarles los destinos de ambos pueblos. La explicación de la situación de miseria, pobreza y explotación de las masas bolivianas o chilenas no residen en la posesión de más o menos territorios sino en la existencia del capitalismo y en el dominio de la sociedad por una clase dominante voraz y parásita que, en ambos casos, sometió a los trabajadores y campesinos a brutales y sangrientas dictaduras cuando veían amenazados sus privilegios. Las dictaduras de Hugo Bánzer en Bolivia y Pinochet en Chile demostraron que las clases dominantes de ambos países no tenían ningún problema en colaborar mutuamente para reprimir por igual a las masas en sus respectivos países. En realidad, los diferentes países latinoamericanos que surgieron tras la independencia del imperio español son una creación artificial de las oligarquías locales en colaboración con los imperialismos inglés y norteamericano para así mantener desunidos nuestros pueblos y garantizar un control más estrecho de sus recursos y riquezas. Un campesino y un obrero boliviano tienen más en común con un campesino y obrero chileno que con oligarcas corruptos y vendidos al imperialismo como Sánchez de Lozada. Y viceversa, cualquier trabajador chileno se siente más cercano a un trabajador boliviano que a un dictador genocida y sanguinario como Pinochet. Frente al nacionalismo burgués, los trabajadores y campesinos pobres, bolivianos y chilenos, tenemos que enarbolar la bandera del internacionalismo proletario. Una Federación Socialista de América Latina permitiría la integración social y económica de los recursos de Chile y Bolivia y del resto Latinoamérica, en interés mutuo de todos los pueblos. Una América Latina sin fronteras artificiales que nos desgarraran y dividieran, y desaparecidos los odios y rivalidades nacionales fomentados por nuestras clases dominantes, permitiría a los trabajadores y campesinos bolivianos volver a tener acceso directo al mar y a ambos pueblos, boliviano y chileno, beneficiarse mutuamente de la unión y la planificación de sus recursos productivos |