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De: Juan Magariños <[email protected]>

Para: <[email protected]>

Asunto: [museo] sobre los documentos

Fecha: miércoles, 29 de diciembre de 1999 16:33

 

Estimado Sebastián:

 

Te contesto a través de la red porque me parece que tu pregunta es relevante para nuestro tema del Museo. No obstante, sólo haré una somera referencia ya que el tema: el documento y/o el objeto-documento, se presta para mucho más. Lo que espero es que alguien, con más conocimiento, se integre y añada información y perspectiva teórica.

 

A mi me recordó, en principio, el desarrollo de M. Foucault, en su "Arqueología del saber", acerca de la diferencia entre "documentos" y "monumentos". La utiliza para diferenciar una perspectiva cerrada en la aparente totalidad del documento, respecto de otra perspectiva o visión de la epistemología de la historia que se abre a completar lo necesariamente incompleto de cualquier discurso, mediante el rastreo y búsqueda en otro ámbito donde lo que dice el documento encuentra su sentido y que si no fuera por ese otro no lo alcanzaría. Por eso prefiere considerar a los documentos como monumentos (por los que ha pasado el tiempo, produciendo fracturas y dejando las formas incompletas, exigiendo al que los contempla la tarea de imaginar ese complemento que les devuelve el sentido) y nunca a la inversa.

 

Otro aspecto, creo que podría radicar en considerar la diferencia entre el "objeto-documento", al que mencionas en tu mensaje del 23 de noviembre, y el "meta-documento" que, en el museo, está destinado a dirigir la interpretación del visitante hacia otros aspectos que, aparentemente, enriquecen, pero que también pueden tergiversar la inicial comprensión del texto de base u objeto-documento. Por eso (lo que también es tema muy foucaultiano) no se trata de buscar lo "oculto" en un discurso, sino lo "no dicho", y esto no es un juego de palabras. Lo "oculto" sólo está en la mente de un eventual lector, pero lo "no dicho" en un documento (que ahora dejo como sinónimo de discurso) lo es sólo porque está dicho en otra parte. Entonces, la tarea del investigador es descubrir ese otro lugar en que está dicho lo no dicho o lo dicho de modo diferente a como  lo dice el discurso en estudio. No es una interpretaión subjetiva, sino como resultado de la busqueda y el contraste. Porque nada significa, si no es porque se diferencia de lo dicho de otro modo y este otro decir le confiere sentido.

 

Todavía otra posibilidad: estudiar al documento, según la tricotomía peirceana. Una cosa es el documento como signo icónico; otra lo es como signo indicial; y una tercera como signo simbólico. Las tres perspectivas están en el documento, pero según sus características o, quizá mejor, según lo que el curador quiere hacer ver del documento, es posible que la exhibición destaque lo "icónico": sus características formales. Esto ocurre cuando, más allá de lo que dice el documento nos interesa la forma de su escritura, el color o la textura de su apariencia o, incluso, su aroma; se considera entonces que esto es lo que jerarquiza al documento y le otorga carácter de objeto exhibible.

 

También es posible que, todavía sin atender a su contenido, lo que interese del documento sea su materialidad, es decir, su carácter "indicial": la materia prima de que está fabricado: la arcilla sumeria, el papiro egipcio, el pergamino medieval, etc. O las características del trabajo que soporta: cómo han sido grabados o trazados o pintados sus caracteres; si contiene una única presentación u oculta bajo la primera otros trabajos recuperables en mayor o menor medida, o si lo que interesa es el contexto donde se lo encontró o el acontecimiento que estuvo asociado a su existencia.

 

Y, finalmente, está el carácter "simbólico" del documento, el cual parece ser el predominante sin que lo sea necesariamente. Muchos documentos han perdido su valor semántico, pero conservan la importancia de su forma (en cuanto íconos) o de su existencia (en cuanto índices). Pero, desde luego que la información que el documento trasmite o mejor, y siempre foucaultianamente, lo que el documento construye como acontecimiento, como acto valeroso o criminal, como reflexión o emoción, tiene particular atractivo para el que se acerca al documento esperando que lo que llegará a trasmitirle (su eficacia simbólica).

 

Hay otras maneras de concebir al documento. Yo hoy llego hasta aquí, pero espero que otros añadan, contradigan, insistan. Eso es lo bueno de un grupo de discusión, el cual no es más que este conjunto de mensajes que son los documentos (o monumentos incompletos) que nos dan existencia.

 

Feliz año 2000. Para ti, Sebastián, y para todos los integrantes de la lista "Museo".

 

 

Juan Magariños de Morentin

La pluralidad de las lenguas

garantiza y enriquece la cultura de la humanidad.

Yo te escribo en mi lengua,

contéstame tú en la tuya.

 

 

Estimado Profesor: me he tomado el tiempo necesario para rastrear la teoría que maneja el ICOFOMLAM para hacer uso del término-concepto "objeto -documento", lamentablemente mi tardía incorporación a este comité latinoamericano de teoría ( solo tres años), me impide manejar todos los documentos de base y mi coordinadora estará en Méjico hasta marzo, es ella sin dudas quien me podrá orientar para dar datos precisos respecto al uso de "objeto-documento".

Sin embargo y con total modestia avanzo en esto:

objeto-documento: en tanto documento de una realidad en otra realidad, el museo

objeto-documento: en tanto fuente de conocimiento por la información que posee, en tanto representaciones de una perspectiva específica del mundo.

objeto-dato: los objetos una vez seleccionados para el museo tienen valor en tanto se transforman en "datos"

objeto-documento: en tanto y en cuanto opera el proceso comunicacional, su condición de documento se da por la presencia de quien lo lee.

Documento: desde la definición de documento, el objeto opera como soporte, soporte que permita la perdurabilidad de la información. Se dice entonces que toda la información contenida en un soporte y capaz de ser comunicado constituye un documento.

Pido disculpas si mi aporte no tiene el valor académico deseado para una lista de discusión.

El final de cada encuentro a través de la lista reza ...Yo te contesto en mi lengua, tú en la tuya..., quizás los conocimientos que no tiene alto valor académico y son solo fruto de la percepción, la intuición, el criterio personal o la experiencia profesional  puedan ser considerados también un "lengua", lo que significaría también un valioso aporte.

Saludos a todos.

 

Amigas/os de MUSEO1

y estimadas/os SEMIOTICIANS :

 

Continúo con el desarrollo acerca de LA SEMIÓTICA DEL OBJETO EN EL MUSEO.

 

Uno de los aportes fundamentales de Ch. S. Peirce consistió en establecer el INTERPRETANTE como el lugar de la plenitud (provisional) del signo. No hay signo hasta tanto una determinada percepción no haya encontrado su lugar en el sistema mental de interpretación a donde lo remite el observador. No es que, mientras tanto, exista un signo no interpretado, es que no hay signo.

 

Desde esta perspectiva, el objeto en el museo sólo adquiere su valor específico cuando resulta interpretado por cada uno de los visitantes que lo perciben efectivamente y según las características que, en la mente de cada uno de tales visitantes, adquiere esa percepción.

 

Vuelve a actualizarse una observación que formulé, en algún mensaje anterior, respecto de las semióticas de la imagen visual y que considero generalizable a la interpretación de cualquier clase de signo: NINGUNA SEMIOSIS ES AUTOSUFICIENTE PARA LA OBTENCIÓN DE SU INTERPRETACIÓN. Esto quiere decir que el interpretante necesita poner en relación la percepción actual que pretende interpretar con la huella mnémica, EN CUANTO YA INTERPRETADA, de otra o de otras múltiples percepciones, experiencias sensoriales, nombres, expresiones y frases verbales, comportamientos percibidos o protagonizados, etc., etc., en los cuales, por semejanza o diferencia, se basará para interpretar dicha percepción actual. Tal la función que cumple la parte del modelo cerebral de identificación del objeto visual al que S. M. Kosslyn denomina "MEMORIA ASOCIATIVA".

 

El término "interpretación" involucra una doble tarea: la de RECONOCIMIENTO y la de INTERPRETACIÓN propiamente dicha. La primera culmina cuando el espectador SABE QUÉ ES LO QUE ESTÁ VIENDO. Suele asimilársela a estar capacitado para asignarle un nombre. La segunda cuando el espectador LA VINCULA CON DIVERSOS ASPECTOS DEL SISTEMA CULTURAL del que dicho espectador participa. Supone la capacidad para asignarle un contexto, tanto simbólico o conceptual como existencial o utilitario.

 

Este es el ámbito de concurrencia, que puede abarcar desde la complementariedad hasta el conflicto, entre LA PROPUESTA DEL CURADOR de la exhibición y EL UNIVERSO DE SIGNIFICACIONES CON EL QUE EL VISITANTE LLEGA AL MUSEO, acerca de todo lo cual continuaré proponiendo el debate, a la brevedad.

 

Cordialmente.

Juan Magariños de Morentin

 

Amigos de MUSEO1

y estimadas/os SEMIOTICIANS :

 

Mi mensaje del sábado concluía comprometiéndome a continuar el debate acerca del OBJETO EN EL MUSEO, en cuanto parte de la SEMIÓTICA INIDICIAL, aproximándome a ese espacio de complementariedad o conflicto que está constituido por la concurrencia entre LA PROPUESTA DEL CURADOR de la exhibición y EL UNIVERSO DE SIGNIFICACIONES CON EL QUE EL VISITANTE LLEGA AL MUSEO.

 

Una breve observación, a partir de un comentario "in vivo" de Alicia Sarno, integrante del Equipo de Investigación de la Universidad Nacional de La Plata sobre "El museo como acto comunicativo" y en su carácter de museóloga. Cuando me refiero al "CURADOR" lo hago como designación de un SUJETO COLECTIVO, ya que, y en este sentido el comentario de Alicia, en el diseño, organización y puesta en práctica de la exhibición, interviene siempre y necesariamente un equipo de diversas personas con diversos conocimientos y habilidades. Por supuesto, también el término "VISITANTE", sin ser de mi entera satisfacción, como ya comenté en algún viejo mensaje en la Lista de MUSEO1, también designa un SUJETO COLECTIVO: el conjunto de personas que concurren al museo y establecen contacto con el objeto exhibido.

 

Pero retomando el hilo inicial, lo que ahora me interesa es considerar al objeto exhibido como un punto de encuentro entre LOS MUNDOS SEMIÓTICOS POSIBLES DEL CURADOR Y DEL VISITANTE.

 

Creo que la expresión "MUNDO SEMIÓTICO POSIBLE" va a requerir, en algún momento, un desarrollo atento. Yo lo he trabajado en LOS FUNDAMENTOS LÓGICOS DE LA SEMIÓTICA, de Editorial Edicial, BsAs., 1996 y en la Revista Electrónica de la Universidad de La Plata, "ARCHIVOS", Nº 1 (y único, por el momento) que puede verse en http://www.unlp.edu.ar/archivos. Otros enfoques pueden encontrarse es J. HINTIKKA (1969). MODELS FOR MODALITIES. Dordrecht: Reidel, con la dureza y la fascinación propia de un excelente lógico; también, en la muy atractiva recopilación que hace S. ALLÉN (1989) en POSSIBLE WORLDS IN HUMANITIES, ARTS AND SCIENCES. Berlin: Walter de Gruyter. Por supuesto todo ello iniciándose, quien tenga un interés riguroso, con algún texto de lógica modal, como, por ejemplo: G. E. HUGHES y M. J. CRESSWELL (1973). INTRODUCCIÓN A LA LÓGICA MODAL. Madrid: Tecnos.

 

Desde otro punto de vista, para quienes no tengais un especial afecto por la lógica, resulta más que suficiente con el concepto, que, yo al menos, postulo como afín, de "LAS FORMACIONES DISCURSIVAS" de M. FOUCAULT en su ARQUEOLOGÍA DEL SABER, a la que he hecho frecuente referencia. El problema, abierto a una búsqueda de solución por parte de todos, consiste en desarrollar un conjunto de operaciones que concreten, incluso desde una perspectiva visual, las relaciones que pueden identificarse cuando se trabajan construcciones discursivas (o mejor y más abarcativamente: semióticas) complejas, permitiendo compararlas entre sí.

 

En la semiótica indicial, uno de estos Mundos Semióticos Posibles es una situación empírica concreta, construida según determinadas RELACIONES ESPACIALES y, en el caso del museo, DECIDIDA POR EL CURADOR PARA LA EXHIBICIÓN DEL OBJETO.

 

Algunas de estas relaciones espaciales pueden recaer sobre el mismo objeto y están destinadas a proponer una determinada VISUALIZACIÓN de dicho objeto. Otras a ponerlo en relación con un universo de conceptos e imágenes textuales de las que provendrá la información necesaria para su SEMANTIZACIÓN. Otras, en fin, a vincularlo con un universo de comportamientos tendientes a la construcción de su dimensión PRAGMÁTICA. En cualquier caso, ese conjunto de relaciones espaciales implica una PROPUESTA DE IDEOLOGIZACIÓN DEL OBJETO, según determinaciones con las que el curador pretende controlar, o, al menos, desde la que pretende orientar la capacidad interpretativa del visitante.

 

El otro de estos Mundos Semióticos Posibles, es aquel constituido por un CONJUNTO DE POSIBILIDADES INTERPRETATIVAS PREDETERMINADAS, según el cual cada visitante se ubica en presencia del objeto para configurar una situación empírica imaginaria, construida según determinadas RELACIONES ESPACIALES, EN LA QUE ESE VISITANTE ESTÁ DISPUESTO A SITUAR  AL OBJETO.

 

Algunas de estas relaciones espaciales pueden recaer sobre el mismo objeto y están destinadas a establecer las características que el visitante puede aceptar como adecuadas para la VISUALIZACIÓN de dicho objeto. Otras a poner a este objeto en relación con un universo de conceptos e imágenes mnemónicas de las que proviene, al tiempo de la puesta en presencia del visitante ante el objeto, la información necesaria para la SEMANTIZACIÓN que ese visitante puede conferirle. Y otras relaciones espaciales, en fin, vincularán al objeto, en el imaginario del visitante, con un universo de comportamientos tendientes a la construcción de su dimensión PRAGMÁTICA. En cualquier caso, ese conjunto de relaciones espaciales implica una PROPUESTA DE RECONOCIMIENTO DEL OBJETO, según determinaciones desde las cuales el visitante estará dispuesto o no a aceptar la propuesta ideologizadora del curador.

 

En su forma más elemental, los Mundos Semióticos Posibles del curador y del visitante están constituidos por las POSIBILIDADES DIALÉCTICAS, EN CUANTO OPOSITIVAS Y EVENTUALMENTE CONTRADICTORIAS, DE VISUALIZACIÓN, SEMANTIZACIÓN Y UTILIZACIÓN PRAGMÁTICA APLICABLES AL OBJETO. Estas tres dimensiones son los ámbitos en los que se juega la posibilidad de INTERCAMBIO COMUNICATIVO entre el curador colectivo y el conjunto de los visitantes individuales del museo. Se materializan en la forma de exhibición del objeto, los textos, gráficos y audiovisuales a los que se lo asocia y las actividades pedagógicas o lúdicas que se programan como experiencia kinésica con el objeto o con sus réplicas o sus componentes o sus resultados.

 

¿Cómo lo exhibe el curador VERSUS cómo lo hubiera querido percibir el visitante? ¿Qué información le asocia el curador VERSUS qué sabía de él el visitante? ¿Qué relación física admite el curador que puede establecerse con el objeto VERSUS cuál es la que al visitante le interesa establecer?

 

Tales considero, en principio, que pudieran ser los tres temas básicos para el análisis de los objetos de un museo en cuanto propuesta de comunicación.

 

¿Y vosotros, qué opinais?

 

Cordialmente.

Juan Magariños de Morentin

 

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