DIVERSIDAD
CULTURAL
La identidad cultural de una sociedad esta
definida por la aceptación y reconocimiento de las múltiples diferencias y
particularidades que interactúan en esta, teniendo en cuenta el fenómeno de
multiculturalismo, considerando que:
a.-
Hay una frontera que no se puede franquear en la condición multicultural: la
que separa el reconocimiento del otro de la obsesión por mi propia identidad.
La apertura a la alteridad es un requisito de la multiculturalidad.
b-
Quien no es capaz de reconocerle a cada cultura sus valores y pretensiones de
universalidad, no está preparado para asumir la multiculturalidad.
c-
El multiculturalismo sólo tiene sentido como la combinación, en un territorio
dado con una relativa unidad social, de una pluralidad de culturas que
mantienen permanentes intercambios y comunicaciones entre actores que utilizan
diferentes sentidos de la vida. La coexistencia o simple convivencia de
culturas no expresa necesariamente la condición multicultural.
d.-
La experiencia multicultural está modificando radicalmente nociones centrales
como igualdad, dignidad, diferencia y libertad. Necesitamos un principio de
igualdad humana abierto a las diferencias y una noción de libertad no reducida
a la simple autonomía del individuo, sino como necesidad de reconocimiento al
interior de las comunidades y sus tradiciones concretas. La igualdad abierta a
las diferencias presupone la aceptación de la igualdad de valor de las
diferentes culturas y el abandono de nociones como culturas "superiores",
"avanzadas", "primitivas" o "subdesarrolladas".
e.- Al convertirse las sociedades y los individuos en expresiones multiculturales se plantea ahora como exigencia, no simplemente la preservación cultural, sino el urgente reclamo del reconocimiento universal de la equiparación de las diversas culturas.[1]
Definido de este modo el multiculturalismo es
similar al concepto de tercera vía establecido por Mariano Juan Garreta en
donde asumiendo la diversidad y la diferencia se apueste a la convivencia, el
diálogo, la alteridad y la reciprocidad entre culturas, tratándose no sólo de
compartir valores sino de intentar la construcción concertada y dialógica de un
concepto de ciudadanía, una ciudadanía compartida que citando Jurgüen Habermans ( 1985 ) se base en “ la coexistencia
de las formas de vida con derechos iguales que aseguren a cada ciudadano la
oportunidad de crecer en el mundo de una herencia cultural si sufrir
discriminación alguna por ese motivo”.
[1] Formación en administración
y gestión cultural. Segunda entrega. Organización de Estados Iberoamericanos.
1997-1998.