SELECCIONES VERSIÓN DE ANTOLOGÍA, escrito por Bruce Bliven 

 

El cerebro humano es una de las cosas más maravillosas de todo el universo.  La mayoría de las personas lo consideran como un mecanismo delicado, y claro que lo es; pero también es un órgano resistente y durable, mucho más útil de lo que generalmente advierte.

He aquí algunos hechos importantes, que pueden ayudarle a utilizar su cerebro con mayor eficiencia.

 

No hay cansancio cerebral.

Los hombres de ciencia estiman que ese estado no puede existir.

Cuando parece estar cansado el cerebro después de algunas horas de trabajo mental, casi con seguridad la fatiga está localizada en otras partes del organismo: los ojos o los músculos del cuello y de la espalda.  El cerebro mismo puede seguir trabajando casi indefinidamente.

Lo que parece fatiga mental frecuentemente no es más que aburrimiento.  Al leer un libro difícil, por ejemplo, surge el conflicto entre le deseo de continuar y el impulso de interrumpir la lectura. 

“A menudo lo que se siente no es fatiga, sino falta de atención e incapacidad para desentenderse de pensamientos que distrae”

 

La capacidad mental es inagotable.

La parte del cerebro que interviene en el pensamiento, en la memoria y en todas las actividades conscientes está formada principalmente por diez o doce mil millones de células diminutas. 

El hombre más sabio que jamás haya existido nunca ha llegado a acercarse siquiera a la utilización total de la plena capacidad de su maravilloso almacén mental.

Un distinguido neurofisiólogo ha calculado que después de 70 años de actividad el cerebro puede contener hasta 15 billones de datos distintos.   Así la memoria es una tesorería cuyas dimensiones y capacidad están casi por encima de la comprensión humana.  Es una lástima que tantos de nosotros almacenemos mucho menos saber y experiencia de lo que en realidad es posible.

 

La Inteligencia natural es menos importante de lo que en general se cree.

El número de células cerebrales en una persona de inteligencia media es lo suficientemente grande para que tal individuo, si las utilizara plenamente, pudiera sobrepasar con mucho las hazañas de memoria del mayor genio que jamás haya existido.  Una persona de inteligencia media que industriosamente acumula conocimientos y habilidades año tras año logra mucho más que una persona de gran inteligencia que no estudia. 

Algunos de los hombres más importantes de la historia no tenían más que aptitudes intelectuales ordinarias.

Entre ellos, por ejemplo, están estadistas como Cromwell y Lincoln, genios militares como Napoleón y Nelson; escritores como Goldsmith y Emerson.  Todos estos hombres, a decir verdad, tenían una inteligencia superior al promedio de las personas, pero figuraban muy por debajo de los más brillantes.  Lo que poseían en alto grado era carácter y capacidad para trabajar con afán hasta que alcanzaban lo que se habían propuesto.

 

 

Las facultades mentales aumentan con la práctica

Como el sistema muscular del cuerpo, el cerebro tiende a atrofiarse con la falta de ejercicio, y a mejorar con éste.

Todo lo que se haga con el cerebro lo ejercita, aunque evidentemente hay más ejercicio cuando se hace algo difícil que cuando se hace algo fácil.  Cuando más se razona más fácil es proseguir nuevos razonamientos.  La capacidad de memorizar también mejora con la práctica.  Algunas autoridades en la materia consideran que el tiempo requerida para memorizar cualquier cosa puede, con la práctica, reducirse en dos tercios.

Todo aspecto de la personalidad queda almacenado en el cerebro, incluso con la fuerza de voluntad, que también se desarrolla con la práctica.  Cada vez que se ejerce la voluntad para aplicarse a la terminación de una tarea desagradable o tediosa, se facilita un poco más lo que se necesita la próxima vez.

 

 

La edad no impide aprender

Uno de los conceptos más entendidos es el de que con la edad algo le sucede al cerebro que dificulta los intentos ulteriores de estudiar.  Esto sólo es cierto en proporción tan pequeña que para la mayoría de las personas carece de importancia práctica.

Se nace con todas las células cerebrales que siempre se tendrán; unas cuantas de ellas mueren de tiempo en tiempo y no son sustituidas.  Pero, excepto en el caso de una grave enfermedad cerebral, el número de las que mueren es insignificante.

Verdad es que todos los viejos sufren el deterioro de sus facultades físicas y que algunos experimentan una disminución de sus facultades mentales.  La opinión médica actual más autorizada es la de que, en ambos casos, lo que ocurre es que se presentan varios "accidentes" menores en diversas partes de nuestro maravilloso y complicado mecanismo fisiológico.  Acaso ninguno de ellos sea serio en sí mismo, pero el efecto total puede ser grave.

La decadencia del cerebro en las personas de edad está vinculada a la defectuosa circulación de la sangre y de las preciosas sustancias que trasporta, especialmente el oxígeno y la glucosa.  Probablemente a esto se deba que los ancianos recuerden sucesos de su juventud más vívidamente que los del pasado reciente; los recuerdos juveniles quedaron registrados cuando la circulación sanguínea era mejor.

Decadencia mental grave sólo la sufren algunos ancianos.  Todos tenemos noticia de hombres y mujeres que se mantiene mentalmente vigoroso y despierto durante el noveno o incluso el décimo decenio de la vida.  El hecho de que existan demuestra que las facultades mentales deficientes no acompañan inevitablemente el paso de los años sino que son el resultado de proceso patológicos.

La ciencia no ha hallado ninguna razón por la cual el promedio de las personas no pueda continuar aprendiendo con una eficiencia, por lo menos, de 85 a 90 por ciento durante todo el séptimo decenio de su vida y aun después.  Sería estupendo que las personas jubiladas comienzan a adquirir nuevas habilidades o a

aprender nuevas materias.  Por el falso concepto de que son "demasiado viejas para aprender!" Millones de personas de edad se apartan de estimulantes aventuras intelectuales.

Hosted by www.Geocities.ws

1