COMUNIDAD APOSTÓLICA HOSANNA

REDES DE CRECIMIENTO

LECCIÓN DEL 24 AL 30 DE NOVIEMBRE DE 2002.

 

MILAGRO EN LA FIESTA 4

REPOSO EN LA PALABRA

 

1.1     (1)  Comenzamos este fascinante estudio analizando la ocasión, el lugar, la condición y motivación del milagro que Jesús hizo en el paralítico de Betesda.  Fiesta, Jerusalén, oveja y misericordia nos siguen dando preciosas lecciones.

Luego vimos el papel del agua en movimiento.  El paralítico nos enseño después el poder del deseo que Dios produce en nosotros.  Veremos hoy un elemento vital, un requisito sine quanon, como dirían los romanos, tanto para entrar, como para vivir en el reposo el Señor:  La palabra “Rema”  de Dios.  “Jesús le dijo:  Levántate, toma tu lecho   y anda.  Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo.  Y era día de reposo aquel día.  Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado:  Es día de reposo no te es lícito llevar tu lecho.  El les respondió:  El que me sanó. Él mismo me dijo:  Toma tu lecho y anda.  Entonces le preguntaron:  ¿Quién es el que te dijo:  Toma tu lecho y anda?  Y el que había sido sanado no sabía quien fuese, porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar.  Después le halló Jesús en el templo, y le dijo:  Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor”.  El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado”.  (Juan 5:8-15)

1.2     (2) Cuando tú eres invitado a la fiesta como en efecto lo eres, moras en Jerusalén, eres oveja del Buen Pastor, te cobijas bajo la misericordia de Dios, ves las agua agitadas y desarrolladas un profundo deseo en el Señor, estás en la ruta para recibir tu milagro.  Sólo te falta lo que culmina el milagro:  una palabra personal de Jesús.  Jesús le dijo al paralítico:  “Levántate, toma tu lecho, y anda”.  (Juan 5:8).  En base a esta palabra el paralítico se levantó y caminó.  Esta misma palabra le sostuvo y le garantizó la presencia de Dios.  En el reposo del Señor la palabra”Rhema”, es decir, la palabra personal, aplicada a una necesidad, momento, circunstancia o propósito particular te da la victoria.

 

PALABRA QUE LEVANTA

 

2.1    (3)  “Levántate, toma tu lecho, y anda”

(Juan 5:8).  La palabra que Jesús pronunció en uno de los pórticos del estanque de Betesda fue dirigida exclusiva y directamente al paralítico.  Alrededor del interlocutor de Jesús “Yacía una multitud de enfermos”  de todo tipo.  Empero, Jesús dirigió su palabra sólo al paralítico.  Fue una palabra estrictamente personal.  Esto es lo que yo llamo, en base a la revelación del Nuevo Testamento, la palabra “Rema”-

 

2.2    (4)  La palabra personal es palabra de fe.  El rema de Dios produce fe.  Antes de que se levanten las piernas inmóviles debe levantarse la fe.   Lo primero que levanta el rema es la fe.  Desde luego que en este caso operó la de Jesús pero podemos concluir que la obediencia, la acción del paralítico de intentar levantarse; su esfuerzo, producto de su voluntad, también nos demuestra su fe.  Jesús no tomó al paralítico y lo levantó.  Jesús recibida.  “ Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho y anduvo”.  (Juan 5:9).  La fe de Jesús y la palabra proclamada impactaron al paralítico.  El hombre recibió y desarrolló fe “al instante”.  Esa era la fe que necesitaba en este momento para esa necesidad particular.  Así opera el rema de Dios.  Y así también actúa la fe de Dios.  Antes de la fe viene el Rema.  Todo Rhema recibido y creído genera fe.  Rhema y fe es decir milagro.  El rema resucitó el deseo muerto del paralítico.  El rhema unió la fe al deseo.  Rhema, deseo y fe actuaron para la sanidad.

2.3    (5)  La palabra personal es palabra de victoria.  Nuestro enfoque nos ubica en el corazón del paralítico.  Si vemos a Jesús el “rhema”  es palabra de autoridad.  Pero nuestro interés es ver el milagro desde la posición del paralítico.  La palabra de autoridad de Jesús se convirtió en palabra de victoria en el corazón del paralítico.  La palabra de victoria levanta.  Treinta y ocho años de parálisis es una demostración fehaciente del poder de la postración.  La palabra de victoria deshizo toda una historia de postración y frustración.  ¡Recibe tu palabra de victoria y levántate!

2.4      (6)  La palabra rhema levanta porque derrota al no y a su poder.  El rhema de Dios es superior a todos los que nos impiden levantarnos y andar. Recordemos que la razón del paralítico para continuar en su lecho fue “Señor, no tengo”.  Los no tengo, no puedo, no hay, no sirvo, no nadie habían mantenido al paralítico atado a su lecho durante treinta y ocho años.   Además de la estera de juncos, el paralítico se acostaba sobre su frustración, su dolor y su desgracia.  La palabra rhema rompió la unión entre aceptación y fracaso.  En su lugar, el rhema estableció un nuevo vínculo indisoluble entre deseo y fe.  “Al instante”  se produjo el milagro, porque los Noes habían sido derrotados.  Tú experiencia puede ser similar Recibe tu rhema de Dios.

 

 

PALABRA QUE SOSTIENE

3.1        (7)  Aún en los casos en los que Jesús sanó a un enfermo utilizando una vía o ministración especial su palabra acompaño al milagro.  Así ocurrió  con el ciego a quien Jesús sanó untándole lodo hecho con su propia saliva; con la mujer encorvada a quien tocó con su mano; con el sordomudo a quien le metió sus dedos en las orejas y escupió tocándole la lengua;  o, con la suegra de Pedro a quien toco en su lecho de enfermedad.  En estos, como en los casos similares, la ministración no excluyó a la palabra; antes bien, se complemento con ella !Hay poder en la palabra de Dios! (Juan 9:6; Luc.13:13, Mr. 7:33, Mat. 8:14-15)

3.2        (8)  El paralítico no sabía quién era Jesús.  Tú y yo tenemos la gran ventaja de saber quien es Jesús.  No obstante, el paralítico aceptó la palabra de Jesús, tomó su única posesión, la enrollo, se levantó y comenzó a caminar.  Todo lo que representaba la fiesta,  Jerusalén, la oveja, la misericordia, el agua en movimiento y el deseo de un milagro se sintetizó en la palabra “Levántate y anda”

Cuando tú recibes la palabra y actúas en base a esta palabra, Dios se hace responsable de ti.

3.3        (9)  La palabra que tú recibes ha de ser atacada.  La parálisis, su causante y sus

amigos no estarán felices al verte caminar.  Pronto aparecerán las voces críticas, acusatorias, burlonas, difamatorias y/o insultantes para contradecir la Palabra.

 

La religión  no está de acuerdo con la Palabra.  Los religiosos, en su lugar de alegrarse por el milagro que es paralítico había recibido, le recriminan por andar con su lecho al hombro.  Según ellos, el hombre estaba violando la Ley.  Los judíos preferían verlo paralítico que sano y llevando su lecho. “Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado:  Es el día de reposo; no te es lícito  llevar tu lecho.  (Juan 5:10)

En realidad el lecho del paralítico era una estera hecha de juncos que apenas le protegía del frío del ambiente, y del piso.  Enrollar la estera y tirársela al hombro no requirió ningún esfuerzo del paralítico.  Pero la religión ve todo según la óptica de sus torcidos intereses.

 

3.4        (10)  El paralítico descargó la responsabilidad de su acción sobre Jesús.    El que me sanó, él mismo me dijo:  Toma tu lecho y anda”.  (Juan 5:11).  Los  religiosos no le preguntaron al hombre  “¿Quién fue el que te sanó?, que hubiera sido lo lógico, si no ¿Quién es el que te dijo:  Toma tu lecho y anda? (Juan 5:12)

Los judíos no le preguntaron al hombre ¿Quién fue el que te sanó?. Porque esta interrogante implicaba el reconocimiento de que su investigado había estado enfermo y ahora estaba sano, con lo cual estaban aceptando el milagro de Jesús.  El diablo se opone permanentemente a que tú le des la gloria a Dios.

Lo cierto era que el hombre no sabía quién era Jesús.  Sólo sabía que alguien poderoso y compasivo  le había dado una palabra, y que en base a ella estaba sano.

Aún sin tener una revelación suficiente de Jesús el hombre se mantuvo en la palabra, y que en base a ella estaba sano.

Aún sin tener una revelación suficiente de Jesús el hombre se mantuvo en la palabra recibida.

 

Amado:  La palabra rhema sostiene.  Tu fe, tu integridad, tu servicio y tu amor serán atacados.  Tu visión, tus planes y tu futuro serán zarandeados.  En momentos de turbulencia lo único que te sostiene es la Palabra, el Rhema que has recibido de Dios.  Ningún ataque de los enemigos pudo retrotraer al hombre a la parálisis.  La palabra fue la roca del paralítico.  “El que me sanó, él mismo me dijo:  Toma tu lecho y anda”.  (Juan 5:11).  La palabra te conecta con el Sanador.

Dependiendo del caso particular de cada uno, la palabra rhema es el cordón umbilical por  el cual recibes vida del Salvador, Ayudador, Proveedor, Sanador, Protector, Ayudador, Proveedor, Sanador, Protector, Guiador y Vencedor.  La palabra te garantiza que la presencia de Jesús estarás contigo en todo momento y en toda circunstancia.

 

PALABRA QUE PROYECTA

4.1    (11)  “Levántate, toma tu lecho y anda”.  El paralítico se levantó y tomó su lecho.  Estas fueron acciones consumadas.  El “andar” era (y es) acción continua.  Levantarse y tomar el lecho fueron  actos iniciales que concluyeron en Betesda. 

El andar era la nueva vida del hombre por el resto de sus días.  El milagro que Dios realiza en ti no concluye con el milagro en sí.  Siempre hay un “anda”  posterior.

4.2    (12)  El hombre de Betesda había sido sostenido por la Palabra cuando fue atacado por los religiosos.  El hombre estaba “andando”. No me deja de impresionar el primer destino del nuevo “andar”  del hombre.  Jesús lo encontró en el templo.  Nuestro hombre no fue a visitar sus familiares, ni a reconocer su antigua casa.  El hombre se dirigió a la casa de Dios.

Jesús te quiere hallar en el templo.

Tomando en cuenta la formación religiosa de un judío entendemos que el hombre de Betesda fue al templo a agradecerle a Dios por su milagro.  No hay mejor lugar para encontrase con Jesús que aquél que ha sido constituido como casa de Dios. 

La vida del nuevo”andar”   tiene fundamento en las experiencias que recibimos en el templo.  El templo es un lugar de adoración y de revelación.

Así como el pueblo adoraba a Dios en el templo, también recibía allí Palabra de Dios.  Jesús encontró al hombre de Betesda en el templo y allí le dio una nueva palabra.  “Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor” (Juan 5:14)

4.3    (13) Jesús se interesa en tu futuro.  La Palabra del templo fue una palabra de proyección.  La palabra del Betesda fue una palabra de liberación, de cumplimiento presente.  La segunda palabra de Jesús miraba al porvenir.  Jesús no te suelta después que tú has recibido el milagro que necesitas.  Jesús sabe lo que realmente necesitas.  Jesús sabe lo que necesitas, aunque tú no sepas que lo necesitas, y te guiará y te cuidará.

4.4    (14) “Mira, has sido sanado”.  Yo soy hoy el resultado a mi ayer.  Mañana seré el producto de mi hoy.  Jesús quería que el hombre valorara a conciencia el milagro recibido y viviera en consonancia con la misericordia con la que había sido tratado.

“No peque más para que no te venga alguna cosa peor”.  ¿Habrá algo peor que la miseria de treinta y ocho años de parálisis?  Sí, hay algo peor:  La eternidad en el infierno.

 

La Palabra tiene poder para definir nuestro futuro.  Tal vez la parálisis del hombre tenía relación  con algún pecado o una forma de vida pecaminosa “no peques más”  indica al menos dos cosas.  Una , no vuelvas al mismo pecado que te llevó a la parálisis.  Otra, no practiques más ningún tipo de pecado.

 

En Betesda el paralítico recibió la palabra que necesitaba para su sanidad.  En el templo recibió la palabra que necesitaba para su nueva vida.  Este es el rhema de proyección.

4.5    (15)  Isaías quedo  “paralítico” cuando murió el rey Uzías.  La manera tan triste y deprimente cómo un rey que gobernó a Judá más tiempo que ningún otro rey impactó al profeta.  Uzías fue un rey ingeniero, agrónomo, estrategia, militar, sabio y capacitado, durante cuyo reinado la nación prosperó.  Sin embargo, un día quiso ofrecer los sacrificios que Dios había reservado para los sacerdotes.  En su locura, y en su pretensión fue castigado por Dios. “Entonces Uzías, teniendo en la mano un incensario para ofrecer incienso, se llenó de ira; y en su ira contra los sacerdotes, la lepra le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la casa de Jehová, junto al altar del incienso.  Y le miró el sumo sacerdote Azaría, y todos los sacerdotes, y he aquí la lepra estaba en su frente; y le hicieron salir apresuradamente de aquel lugar; y él también se dio prisa a salir, porque Jehová lo había herido.  Así el rey Uzías fue leproso hasta el día de su muerte, y habitó leproso en una casa apartada, por lo cual fue excluido de la casa de Jehová; y Jotán su hijo tuvo cargo de la casa real, gobernando al pueblo de la tierra”.  (2da.Crónicas 26:19-21).  Isaías quedó paralítico hasta que vio a Jehová en su gloria en el templo.  “En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo”.  (Isaías 6:1)  Isaías 6 registraba la visión de un profeta que sale de su parálisis al contemplar a Dios y recibir su palabra en el templo.  Isaías inició un nuevo futuro por la Palabra.

4.6      (16)  A Jesús lo persiguieron porque el hombre de Betesda fue y le dijo a los judíos quién le había sanado.  El reposo del paralítico fue causa de persecución contra Jesús.  Jesús no se detuvo porque sus enemigos se levantaban contra él porque traía el reposos a  las almas sufrientes.  El “quebranto”  del día de reposo de Jesús era la “bendición”  de los enfermos y necesitados.

 

Amado:  Esta palabra es la voz de Dios para tu presente y tu futuro.  Jesús te envía esta lección para levantarte, para sostenerte y para hacerte conquistador de tu porvenir.  Amén.

 

 

 

 Trascrito por:  Lilita Lam

 

 

 

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