COMUNIDAD APOSTÓLICA HOSANNA
SEMANA DEL 22 AL 28 DE SEPTIEMBRE DE 2002.
EN EL REPOSO DEL SEÑOR
“y decía: El
hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo” (Lucas 6:5)
LIBERTAD EN EL REPOSO
“Mujer eres libre”
REGOCIJO Y ALABANZA POR LA LIBERTAD.
Regocijo
1
El día de reposo es un día de regocijo. Todo el pueblo se regocijaba. Quien
recibió el milagro fue la mujer encorvada, sin embargo, todo el pueblo se gozó
en gran manera. Por ser el día de
reposo un día de libertad, es también día de milagros. En todo milagro de
sanidad hay gozo. Por tanto, es el día de reposo, los que vivimos en el reposo
del Señor nos regocijamos.
La mujer encorvada es un prototipo de la
gente común. Debido a su enfermedad esta mujer era objeto de menosprecio.
Empero, la mujer de la sinagoga es el símbolo de una vida en proceso de
bendición. Jesús la vio, la llamo, la proclamo libre, la toco y la sano. Tu
eres una vida en proceso de bendición. Por eso estas en esta Red. La mujer hizo
dos cosas que el Señor quiere que tu y yo hagamos: Enderezarnos y glorificar a
Dios.
Acompáñame
a la sinagoga. Es Shabat, o día de reposo. Todo el pueblo camina a la sinagoga.
También va una mujer que ha estado encorvada por dieciocho años. Pasado un
rato, la vemos salir de la sinagoga caminando recta y completamente sana. Es la
misma mujer, pero es otra mujer. Entro en la sinagoga con cara de angustia,
pero salió con rostro de regocijo. Entro en la sinagoga con afrenta, pero salió
con alegría.
Entro
a la sinagoga cargando su tristeza, pero salió glorificando a Dios.
Lo
mismo ocurrirá con tigo. No importa como has venido a esta Red. De aquí te irás
en victoria, bendición, regocijo y alabando a Dios.
Amen.
Permitamos
que la luz eterna de las Escrituras nos iluminen. 10 Enseñaba Jesús en
una sinagoga en el día de reposo; 11 y
había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de
enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. 12 Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer,
eres libre de tu enfermedad. 13 Y puso
las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios. 14 Pero el principal de la sinagoga, enojado de
que Jesús hubiese sanado en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en
que se debe trabajar; en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en día de
reposo. 15 Entonces el Señor le respondió y dijo:
Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su
asno del pesebre y lo lleva a beber? 16 Y
a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía
desatar de esta ligadura en el día de reposo? 17 Al decir él estas cosas, se avergonzaban todos
sus adversarios; pero todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas
gloriosas hechas por él. Lucas 13:10-17
2. A partir de la proclamación. “Mujer, eres libre de tu enfermedad”. La dama de nuestra enseñanza inició una
nueva vida. ¡Adiós a la joroba! ¡Nunca más andaré encorvada! La primera manifestación perceptible (por
los sentidos) de la nueva vida fue que se enderezó. La que hasta un minuto antes “en ninguna manera se podía
enderezar” estaba en pie, derecha, a la
vista de todos. Pero la primera
manifestación espiritual de su nueva vida fue que glorificaba a Dios. “... y ella se enderezó luego, y glorificaba
a Dios”. (Lc. 13:13).
La
libertad, el glorificar a Dios y el regocijo transitan, tomados de las manos,
por la misma vía. La mujer glorificó a
Dios como nunca antes lo había hecho.
Toda su vida había seguido con rigurosidad los ritos de su religión y
las exigencias de la sinagoga, pero aún así estaba “atada por Satanás”. (Vs. 16)
La ministración de Jesús la hizo libre.
El milagro fue el combustible impulsor de su regocijo y de su alabanza.
1.3.
3 Los encorvados no pueden
alabar a Dios. La Carga del pecado
constituye un impedimento absoluto para la adoración. El Salmo 137 ilustra la tragedia de los que aún queriendo, están
imposibilitados de glorificar a Dios. 1 Junto a los ríos de Babilonia, Allí nos sentábamos, y aun llorábamos, Acordándonos de Sion. 2 Sobre
los sauces en medio de ella Colgamos nuestras arpas. 3 Y los que nos habían llevado cautivos nos
pedían que cantásemos, Y los que nos habían desolado nos pedían alegría,
diciendo: Cantadnos algunos de los cánticos de Sion. 4 ¿Cómo cantaremos
cántico de Jehová En tierra de
extraños? Salmo 137:1-4
Los babilonios, que había
llevado cautivos a los judíos, les pedían a los últimos que cantaran. Pero los judíos habían colgado sus
instrumentos musicales en los árboles a la orilla del río a donde iban a
orar. Para ellos, fuera de Jerusalén no
había cántico. En la cautividad no hay
alabanza. Este es el cuadro del
pecador. Hasta cuando Jesús le haga
libre, no podrá alabar a Dios. Los
cautivos del pecado, los que no han conocido a Jesús como su Señor personal, no
pueden alabar a Dios.
La
mujer ni siquiera era consiente que ella estaba “atada por Satanás”. Tampoco lo eran, ni los líderes de la
sinagoga, ni mucho menos el pueblo.
Jesús tuvo que revelar la causa de la enfermedad de la mujer. Así, Jesús te revela la condición de tu
corazón. Jesús te quiere hacer libre
para que le alabes. Este pensamiento
concuerda con la oración del Salmista.
“Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre” (Salmo 142.7)
La
libertad abre los ojos al corazón y a la mente. La mujer libre “glorifica a Dios”. Esto nos ayuda a comprender las diversas reacciones que
apreciamos cuando la gente reconoce sus pecados y se rinde a Jesús. Lágrimas, quebranto, humillación,
primeramente, para luego manifestar paz, regocijo, entusiasmo y fe. La mujer decía, con el Salmista, lo que
podemos decir todos los que somos libres.
“11 Has cambiado mi lamento en baile; Desataste mi
cilicio, y me ceñiste de alegría. 12 Por
tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado.
Jehová
Dios mío, te alabaré para siempre.
(Salmos 30:11-12)
Jesús
te ha visto, estás bajo sus ojos. Jesús
te llama, oye su voz. Jesús proclama
bendición para ti, estás bajo sus promesas.
Jesús extiende sus manos para tocarte, estás pajo su poder. Eres libre para glorificar a Dios. Amén.