COMUNIDAD APOSTÓLICA HOSANNA
REDES DE CRECIMIENTO
LECCIÓN DE LA SEMANA DEL 17 AL 23 DE AGOSTO DE
2003.
LA FE DEL LLAMAMIENTO
“Por la fe Abraham, siendo llamado obedeció para salir al lugar que
había de recibir como herencia; y salió
sin saber a dónde iba” (Hebreos 11:8)
1.1(1) Intervención Divina y Promesas de Dios han
sido los temas que han orientado nuestro examen del llamamiento de
Abraham. Hay otro aspecto fundamental.
Cuyo soslayamiento sería incurrir en un error de interpretación. Me refiero a la obediencia.
1.2 (2) La fe
marcha seguida de la obediencia. Leamos
una vez más a Moisés. “Y se fue Abram,
como Jehová le dijo; y Lot fue con él.
Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y
todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en
Harán, y salieron para ir a la tierra de Ganaán; y a tierra de Canaán llegaron” (Génesis 12:4-5).
“Se fue Abram, como Jehová le dijo”.
Esta es la esencia de la obediencia de Abraham. La manifestación inicial de salir y caminar
hacia la tierra a la que Dios le llamaba, marcó la vida de un hombre, que llegó
a ser tan obediente, que cuando Dios le pide a su hijo, no duda en ofrecerlo en
holocausto. Consideremos pues, las
lecciones más destacables de la obediencia de Abraham.
2.1(3) La obediencia no es una virtud espontánea
del hombre. Por el contrario el hombre
es rebelde por naturaleza. El pecado de Adán en el huerto del Edén
sembró en la raza humana la semilla de la desobediencia. Nadie tiene que enseñarle a un niño a
desobedecer. El gen espiritual de la
rebeldía y el camino propio es connatural con la existencia humana. Esto lleva
al apóstol Pablo a exclamar, citando a su vez, lo dicho por David en el Salmo
14. “Como está escrito: no hay justo, ni aún uno; no hay quien
entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron
inúlites; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos
3:10-12). Es una verdad que: “...por
cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,...” (Romanos
3:23).
2.2 (4) Surge entonces la pregunta,
luego que todos somos desobedientes
a Dios, ¿Cómo obedeció Abraham al
llamado divino? La respuesta es que
Abraham aprendió a obedecer. La obediencia se aprende. ¿No has leído al escritor de los
Hebreos: “Y aunque era hijo, por lo que
padeció aprendió la obediencia;...?” (Hebreos 5:8)
Jesús mismo aprendió la obediencia. No fue fácil para Jesús separarse del Padre,
aceptar recibir el pecado de todos los hombres y morir. Jesús, por sus padecimientos, aprendió la
obediencia.
2.3 (5) El aprendizaje de la
obediencia es empírico. La
obediencia no se aprende por medio de
lecciones meramente teóricas. La
obediencia se aprende por medio de la experiencia. La mente puede saber algo, mientras que la voluntad hace todo lo
opuesto. El hombre sabe que el alcohol es altamente perjudicial, no
obstante, se embriaga.
Jesús perfeccionó la obediencia y se constituyó en
autor de la salvación eterna para todos los que obedecemos. “... y habiendo sido perfeccionado, vino a
ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen;...” (Hebreos
5:9)
2.4 (6) El aprendizaje de la obediencia de Abraham
pasó por momentos de dolor.
“Y tomó Taré a Abraham su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo,
y a Sarai su nuera, mujer de Abraham su hijo, y salió con ellos de Ur de los
Caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron
allí. Y fueron los día de Taré
doscientos cinco años; y murió Taré en Harán”
(Génesis 11:31-32)
Cuando Dios llamó a Abraham en Ur de los caldeos, Abraham salió con su
padre Taré. “Obediencia parcial”. La Biblia no da sustento para tal cosa. Para Dios no existe la “obediencia
parcial”. Sencillamente, obedecemos o desobecemos.
Abraham salió con Taré, su padre, desobedeciendo a la orden divina que había sido “Vete de tu tierra
y de tu parentela, y de la casa de tu padre”.
(Génesis 12:1). Abraham quería
agradar a Dios y también agradar a su padre.
Dios se había propuesto levantar una nación por medio de Abraham, no de
Taré. Son muchas las razones esgrimidas
para explicar, o aún justificar la acción de Abraham, pero no es el caso que
nos ocupa. Lo cierto es que Abraham
sólo llego hasta Harán, donde murió Taré.
Cuando no obedecemos a Dios algunas cosas van a morir para que
aprendamos a obedecer.
En Harán Abraham recibió la reiteración de su llamamiento. Entonces, habiendo aprendido con dolor la
lección. Abraham decidió obedecer
plenamente el llamado de Dios. El
aprendizaje de la obediencia nunca termina.
Abraham continuó aprendiendo a obedecer a Dios, a tal punto, de que casi
cuarenta años más tarde, cuando Dios le pide a Isaac, su hijo, en
holocausto, Abraham no dudó en
ofrecerlo, “...pensando que Dios es poderoso para levantar aún de entre los
muertos, de donde, en sentido figurado, también se volvió a recibir”(Hebreos 11:19).
Amado: Aprendamos a Obedecer.
3.1(7) La “obediencia ciega” no es tan ciega. La obediencia es un acto de la voluntad, la cual
a su vez es influida por los sentimientos, las emociones y los
pensamientos. Mente corazón y voluntad
forman el triángulo del alma. Cuando
las emociones y sentimientos gobiernan
la voluntad el resultado es una personalidad voluble, inestable y
dependiente. Cuando la razón gobierna la voluntad, veremos una
personalidad determinada, fría y hasta calculadora. Cuando hay equilibrio entre emociones, pensamiento y voluntad
tendremos una personalidad centrada. De
allí que la obediencia ciega, en el caso de Abraham, fue el producto de su
convencimiento de que como Dios lo llamaba, tenía que actuar en fe frente a las
promesas de Dios.
3.2 (8) Obediencia no es
fanatismo. El fanatismo sí es ciego. El
fanatismo ocasionó la tragedia del once
de septiembre de 2001. Los terroristas “obedecieron”, ciegamente, las órdenes
de Al-Kaheda. Eso no es fe.
La obediencia de la fe es la convicción personal, íntima, de que Dios
tiene el futuro en sus manos.
3.3 (9) La convicción que lleva a la
obediencia es obra de la Palabra de dios y el Espíritu Santo. Abraham obedeció porque había recibido una
palabra de Dios y el Espíritu Santo.
Abraham obedeció porque había recibido una palabra de Dios.
La Palabra de Dios y el
Espíritu Santo. Abraham obedeció porque
había recibido una palabra de Dios. La
palabra en realidad encerrada demandas y promesas. Recordemos que la Biblia dice:
“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10;17)
Toda convicción que no venga de la palabra de Dios no es fe.
3.4 (10) La convicción transforma el
sistema de valores, organiza el pensamiento en torno a lo que dios dice empuja
la decisión en el sentido que determina la Palabra. Abraham convencido que Dios lo llamaba para heredar bendición,
salió sin saber a dónde iba (Hebreos
11:8). Aquí radica la fuerza de la fe. La convicción genuina produce
determinación. La ausencia de convicción produce duda, indecisión y confusión.
Amado: Pídele a Dios que el Espíritu Santo te dé
convicción sobre la palabra de Dios. Amén.
Decisión:
4.1(11) La convicción que se queda en sí misma
muere. La convicción, exige, para su
supervivencia, acción. Abraham fue un
hombre de acción. Aunque Abraham esperó
durante 25 años el cumplimiento de las promesas de Dios no se mantuvo pasivo en
la tierra. Entre el llamamiento de Abraham en Ur, y el nacimiento de Isaac en
Canaán hay un mundo de experiencias y enseñanzas en la vida de Abrabram. Es interesante estudiar, por ejemplo, los
nombres de Dios que Jehová le reveló a Abraham durante ese tiempo. El viaje a Egipto, la guerra contra los
reyes, el encuentro con Melquisedec, la unión a Agar, y los problemas con
Abimelec son sólo algunas cimas en la gran montaña de la vivencia de
Abraham. En el fondo Abraham se movió por una decisión: Seré lo que Dios me ha dicho: “padre de multitudes”
4.2 (12) La decisión es la fuerza de la voluntad impulsada por Dios que
nos hace superar los obstáculos. Cuando Abraham llegó a la tierra que Dios le
prometió la encontró ocupada. “Y pasó
Abraham por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino de More; y
el cananeo estaba entonces en la tierra”
(Génesis 12:6). Un hombre sin
decisión cuestiona a Dios, o sencillamente, se regresa al ver que lo que Dios
le entrega está en manos de otro. El
diablo tratará de adueñarse de lo que Dios te ha prometido. Tu fe ha de demostrar decisión para sacar de
la tierra de tu promesa a quienes no les pertenece.
4.3 (13) La decisión se alimenta con los encuentros con Dios. “ Y apareció Jehová a Abraham, y le
dijo: A tu descendencia daré esta
tierra. Y edificó allí una altar a
Jehová, quien le había aparecido”
(Genesis 12:7). Dios sabe cuando
somos atacados por la contrariedad o la confusión. Dios visitó a Abraham en
Canaán para confirmarle que esa tierra sería suya, aunque los cananeos la
ocuparan en ese momento. La decisión
recibe muchos ataque y se enfrenta a múltiples obstáculos. No renuncies a tu promesa. Busca la voz de Dios. Haz de tus encuentros con Dios una práctica
consuetudinaria.
4.4 (14) La decisión se reafirma en el altar. “Luego se pasó de allí
a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al
occidente y Hai al oriente; y edifico allí altar a Jehová, e invocó el nombre
de Jehová” (Génesis 12:8). Abraham
edificó altar e invocó el nombre de Jehová. En tierra extraña y rodeado de enemigos
la fuerza de Abraham era la comunión con Dios, misma que le proporcionaba el
altar. Para seguir obedeciendo a
Dios, Abraham necesitaba seguir
aprendiendo, fortaleciendo su convicción y reafirmando su decisión, lo cual
lograba únicamente en el altar.
Amado: Dios nos ha llamado a la obediencia. Si obediencia no hay fe. La obediencia se forja en el aprendizaje, se
desarrolla con la convicción y triunfa por la decisión. “Y Daniel propuso en su corazón no
contaminarse con la porción de la comida del rey,...” (Daniel 1:8). El éxito de
Daniel se debió a su decisión juvenil.
La fe es obediente. Amén
Revisado: Elvis Coronado.