COMUNIDAD
APOSTÓLICA HOSANNA
REDES DE
CRECIMIENTO
LECCIÓN DE LA
SEMANA DEL 10 AL 16 DE AGOSTO DE 2003.
LA FE DEL
LLAMAMIENTO (II)
“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba”. (Hebreos 11:8)
1.1
(1) Abraham ha aparecido en el escenario de las
galería de los héroes de la fe y nos ha introducido en el fascinante estudio de
su admirable vida. “EL PADRE DE LA FE”
nos ha dicho que la historia de su vida, la que interesa, se inició con la
intervención divina, cuando Jehová lo llamó en Ur Caldea. Luego, Abraham nos manifestó que la
intervención de Dios exigió de nuestro padre tres actitudes puntuales, las que
quedaron definidas en la lección anterior con los títulos de Separación,
Búsqueda y Dependencia.
1.2
(2) Como vimos, Abraham fue llamado a separarse
de y a separarse para. Además, Abraham,
en repuesta al llamado de Dios, inició la Búsqueda de una ciudad que tiene
fundamento cuyo arquitecto y constructor es Dios. Esta búsqueda moldeó la vida del patriarca. Finalmente, Abraham aprendió a depender de
Dios en todo. La dirección, la
provisión y la protección de Dios hicieron que Abraham desarrollara una vida de
dependencia de quien lo había llamado.
Es preciso que veamos que juntamente con el llamado, Dios le dio a Abraham PROMESAS, mismas que se constituyeron en la sustancia de su fe. Estudiamos, pues, como:
LA FE DEL LLAMAMIENTO SE SOSTIENE EN LAS PROMESAS DE DIOS.
ESPERANZA CONTRA ESPERANZA
2.1 (3) La fe que sostiene es aquella que extiende su brazo para asirse de la promesa. El Dios de Abraham, el mismo Dios nuestro, es un Dios de promesas.
Abraham, de setenta y cinco años, con Sara, su esposa, de sesenta y cinco, y estéril de nacimiento, salieron de su hogar hacia una tierra desconocida, confiando en Dios para todo. Pablo, quien fue profundamente impactado por la fe de Abraham, nos dice que “El creyó en esperanza contra esperanza,...” (Romanos 4:18).
En Abraham luchaba la esperanza biológica, acompañada de la esperanza que marcaban las leyes de la naturaleza, contra la esperanza que marcaban leyes de la naturaleza, contra la esperanza que producía la fe. Por un lado, la ancianidad de la pareja y la esterilidad de Sara hacían esperar que por lógica natural Abraham muriera sin hijos. Por el otro, la fe alimentaba la esperanza de descendencia porque Dios lo había prometido.
2.2 (4) El poder de la fe,
que vence lo que las leyes naturales y terrenales determinan, es expresado en
la pluma del Apóstol de los gentiles en los siguientes términos: “Por tanto, es por e, para que sea por
gracia, a fin de que la promesa sea firme para todas su descendencia, no
solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la ley, sino
también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros
(como está escrito: Te he puesto por
padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los
muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. El creyó en esperanza contra esperanza,
para llegar a ser padre de muchas
gentes, conforme a lo que se le había dicho:
Así será la descendencia. Y no
se debilitó en la fe al considerar su
cuerpo, que estaba ya como muerto ( siendo de casi cien años), o la esterilidad
de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por
la incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando
gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer
todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada pro
justicia. Y no solamente con respecto a
él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a
quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los
muertos a Jesús, Señor Nuestro,...”(Romanos
4:16-24)
2.3 (5) La fe obra por la gracia. La gracia es el lado de Dios, que en este caso es la promesa. La fe es al lado del hombre que espera el cumplimiento de las promesas de Dios. La fe espera con el nivel creativo de Dios, quien llama las cosas que no son como si fuesen.
La fe no se debilita porque no pone sus ojos en las cosas o aspectos que hacen imposibles el cumplimiento de las promesas, si no , en el dador de las promesas. Abraham no consideró su vejez, ni la esterilidad de Sara.
La fe se fortalece dando gloria a Dios, porque el sólo hecho de creer y, por tanto esperar, se debe a la profunda convicción de que Dios es poderosos para hacer todo lo que ha prometido. La fe glorifica a Dios, y al hacerlo, se fortalece, aunque no vea la promesa cumplida.
La fe se transforma en justicia. El significado Bíblico de justicia indica que Dios le aplica al hombre de fe los méritos de la obra de Jesucristo. La fe cubre al hombre de tal modo que Dios lo ve libre de pecados y apto para realizar las promesas de Jesús.
La fe deja una herencia. Los hijos de Abraham somos hijos de la fe y viceversa. (Los hijos de la fe somos hijos de Abraham).
2.4 (6) La fe actúa en base a las promesas que ha recibido. Es así como opera la individualidad de la fe. Si para Noe la fe estuvo en construir el arca y entrar en ella, para Abraham la fe actuó en su salida y peregrinaje. Las obras no producen fe. Es a la inversa. La fe produce obras. Porque creemos, hacemos; no hacemos para creer. Primero fe, luego obras. Nadie recibe nada de Dios por sus obras. Me es impuesta la carga de dejar esto muy claro y enfático. Las obras no nos hacen merecedores del favor de Dios. La obra perfecta de la fe ya la hizo Jesucristo. Abraham miraba al Mesías venidero. Nosotros miramos al Mesías que ya vino y murió por nosotros. Pretender ganar el favor de Dios por las obras es desmeritar la obra de Jesús, y, en consecuencia, actuar contra la fe.
Las buenas obras deben ser el
resultado de una vida de fe. No hacemos
buenas obras para salvarnos. Hacemos
buenas obras porque somos salvo. Aquí
también aparece la “esperanza contra esperanza”.
LLAMADO A LA GRANDEZA
3.1 (7) La promesa de Dios a Abraham se comprendía en el llamamiento narrado por Moisés en Génesis 12:13 “Pero Jehová había dicho a Abraham: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas la familias de la tierra”.
Notemos que Dios le promete a Abraham “...haré de ti una nación grande, ...”, y “,... engrandeceré tu nombre,...”
3.2 (8) Según Esteban “El Dios de la Gloria”, fue quien llamó a Abraham. (Hechos 7:2-3) Dios se le apareció a Abraham fue grande por esencia.
3.3 (9) “Haré de ti una nación grande” La promesa conduciría a Abraham a ser padre de una gran nación. Al la sazón existían grandes naciones sobre la tierra. Los caldeos, los egipcios, los cananeos, los amorreos. Los retaitas. Los zuzitas, los enitas, los hereos, los amalecitas y los heteos eran grandes naciones que habitaban los territorios próximos y aledaños a la tierra a la que Abraham era llamado. Un hombre sin descendencia era llamado para fundar una nación nueva, una nación para Dios. Como tal, esta nación sería grande. Esto requería fe.
AMADO: Las promesas de Dios son grandes Nunca estimes las limitaciones
de tu condición para empequeñecer tu promesa.
Dios te ha llamado para algo grande, muy grande. Amén.
3.4
(10) “Engrandeceré tu nombre”.
Abraham era un desconocido. Abraham es venerado por mas de tres mil millones de los habitantes de la tierra. Realmente Dios engrandeció el nombre de Abraham.
Jesús enfoca la grandeza del
nombre de Abraham en la historia del hombre rico y Lázaro, que Lucas recoge en
sus Evangelio (Lucas 16:19-31)). Lázaro
murió y fue llevado “al Seno de Abraham”, antecedente de lo que para los
cristianos es el cielo de gloria, morada eterna de los redimidos por la sangre
de Jesucristo. Luego murió el rico,
quien vio a “ Abraham, y a Lázaro en su seno”. Leamos a Lucas “Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por
os ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en
tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.
Entonces misericordia de mí, y envía a Lázaro para que refresque mi
lengua; porque estoy atormentado en esta llama” (Lucas 16:22-24).
Aún en el infierno el nombre de Abraham es grande. La fe ejercida engrandece.
BENDICIÓN Y MALDICIÓN
4.1 (11) La promesa de Abraham incluye la bendición y la maldición “Te bendeciré,... y serás bendición” (Génesis 12:2)
“Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”(Génesis 12:3)
El tiempo y el espació se unen para impedir que nos extendamos. Bástenos con algunos señalamientos trascendentales.
4.2 (12) La promesa de Dios es una promesa de Bendición. Toda promesa divina encierra una bendición. El que espera la promesa recibe la bendición prometida.
Dios es un Dios de bendición. La bendición es el supremo bienestar del hombre, en un área específica, o en su personalidad total. La bendición de Abraham incluía su espíritu, su alma y su cuerpo. Básicamente, la bendición de Abraham abarca la vida eterna, la libertad espiritual, la salud física, la procreación, la posesión territorial y la prosperidad materia.
Estas bendiciones alcanzan
también a “todos los que son de la fe”
4.3 (13) “Serás bendición”. Dios bendijo a Abraham y o constituyó en una bendición.
Dios bendice para que el bendito se convierta en bendición para otros. Dios te bendice para que bendigas. Dios extiende su bendición a otros por medio de tu fe. Es tan cierta esta prome3sa que tu, yo y todos los que estamos es estas red gozamos de la bendición que Dios nos da por ser hijos de Abraham.
4.4 (14) “Bendeciré a los que te bendijeren,...” La promesa incluye bendecir a los que procuraban el bienestar de Abraham. Más tarde leeremos de Siquem, Faraón y Abimmelec y veremos que cuando bendijeron a Abraham ellos fueron bendecidos. La bendición de Dios es una protección y una proyección de esa misma bendición. Un vaso de agua fría, dado a un profeta, no queda sin recompensa. (Mateo 10:41) Jesús se encarga de bendecir a los que te bendigan. Quien propicie el plan de Dios para ti será bendito por Dios.
4.5 (15) La Bendición es global. La dimensión de la bendición incluye a todos. “Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”(Génesis 12:3)
4.6 (16) “A los que maldijeren maldeciré; ...” La promesa de Dios incluía también manifestarse en contra de los enemigos de Abraham. Quien se oponía a Abraham se oponía a Dios. Quien obstaculizara a Abraham se oponía a los planes de Dios. Dios se encargaba de derramar su juicio en contra de los que le causaban problemas a Abraham se oponía a dios. Quien obstaculizara a Abraham se oponía a los planes de Dios. Dios se encargaba de derramar su juicio en contra de los que le causaban problemas a Abraham. Y “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 1:31). Faraón, Abimelec y los reyes que se llevaron a Lot experimentaron lo que es tocar a un hombre que camina en fe. ¡Que Dios nos libre de la maldición de atacar a uno de sus benditos.
4.7 (17) Amado: La fe del llamamiento es la fe que se determina a vivir por las promesas de Dios. Persuádete de que las promesas de Dios son grandes y son para ti. La gracia de Dios te da promesas. La fe hace que las promesas se cumplan. Tu fe te llevará a disfrutar todas las promesas de Dios. Amén.
Trascrito al ordenador por: Lilita Lam