LOS TRES FACTORES ESENCIALES PARA VENCER
DOMINGO 16 DE FEBRERO
“El reino de nuestro dios, y la autoridad de su Cristo”. El apóstol amado nos dice luego cómo es que los hermanos pudieron vencer “al dragón y la serpiente antigua, Satanás, el engañador y acusador de nuestros hermanos”.
Los factores que le dieron la victoria a nuestros hermanos, aplicados a nuestra vida, nos convertirán en vencedores a nosotros también. Son tres factores esenciales para vencer. Helos aquí:”
PRIMER FACTOR ESENCIAL: “LA
SANGRE DEL CORDERO”.
“Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero”.
Jesucristo es el “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”- (Jn. 1:14).
La palabra de Dios establece que: “sin derramamiento de sangre no hay remisión
de pecados”- (Heb. 9:22). Jesús derramó su sangre para establecer un nuevo
pacto con Dios- (Mt. 26:26; Ia. Cor. 11:25). La sangre de Jesucristo es
inmaculada. Jesús no vino por sangre humana. La sangre de Jesús es producto del
engendro milagroso del Espíritu Santo. La sangre de Jesús es esencial, tiene
poder. La vida esta en la sangre- (Gén. 9:4; Lev. 17:11; Deut. 12:23).
El hombre no tiene vida eterna, hay herencia de pecado, está
en su sangre y en su carne. La sangre de Cristo vivifica. La sangre de Cristo
limpia, transforma, libera, produce vida. “Pero si andamos en luz, como él está
en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo Su Hijo nos
limpia de todo pecado”- (Ia. Jn. 1:7).
SEGUNDO FACTOR ESENCIAL: “LA
PALABRA DEL TESTIMONIO”.
La palabra del Testimonio es la aplicación de la Palabra
Eterna a la vida personal. Es tomar lo que dice La Palabra de Dios y vivirlo,
confesarlo, ponerlo a prueba por fe y confiar plena y absolutamente en su
eficacia. La Palabra del Testimonio se compone de dos elementos, por un lado,
es imprescindible la Palabra de Dios. “Las palabras que yo os hablo son
espíritu de vida y son de vida”- (Jn. 6:63). Hay poder en la Palabra de Dios.
“Secase la hierba, marchitase la flor; más la palabra de Dios nuestro permanece
para siempre”- (Is. 40:8). “El cielo y la tierra pasarán”- (Mt. 24:35). “Porque
la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos
filos; que penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los
tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”- (Heb.
4:12).
El otro elemento de la Palabra del Testimonio es la
personalización de la Palabra. Es tomar la palabra, comerla, ingerirla e
introducirla en la vida interior. Lea las experiencias de Ezequiel y Juan- (Ez.
2:8; 3:3 y Juan 11:8-11).
TERCER FACTOR ESENCIAL: “CONSAGRACIÓN TOTAL”.
“Y menospreciaron sus vidas hasta la muerte”. Apocalipsis
dice claramente que vencieron al diablo porque menospreciaron su vida; es
decir, no estimaron su vida de más valor que su fe. El límite de la consagración
es la muerte. Juan el Bautista se inmortalizó cuando Herodes ordenó que le
cortaran la cabeza.
“Solo los violentos arrebataban el reino de los cielos”- sus
hijos: “El que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida
por causa de mí y del evangelio, la salvará”- (Mr. 8:35). La única manera de
salvar la vida es perderla; es decir, considerarse muerto para el mundo y vivo
para Dios. Nuestra consagración a Dios debe ser tal que podamos decir: “Con
Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y
lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me
amó y se entregó a si mismo por mí”- (Gál. 2:20). Si no podemos decir: “Porque
para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”- (Fil. 1:21), entonces no
podemos recibir la victoria total.
La victoria total exige una consagración total. En el
Antiguo Testamento la ofrenda del holocausto ardía toda, hasta ser consumida
por el fuego. Hagamos de nuestra vida un holocausto permanente, que nos lleve a
vivir cada segundo en entera consagración a Dios. ¡Oh Señor, danos, la gracia
que produzca en nosotros una vida de total renuncia a nosotros mismos, y
absoluta entrega a tu santa voluntad. AMEN.
AMADOS: Les escribo procurando exhortarles
a vivir bajo el poder de la sangre de Cristo, con el poder de la palabra de
Dios, y sobre el poder de una vida consagrada. “TODO LO PUEDO EN CRISTO QUE ME FORTALECE”- (Fil. 4:13).
“Somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”
(Rom. 8:37).
Trascrito por Shely