Hola marginales:
A veces uno cree que cuando habla de un espectáculo, debe hacerlo con un
toque intelectual o inteligente, posiblemente sea así, pero no busquen
ninguna revelación, generalmente (y por suerte) no tengo más que unas
cuantas sensaciones cuando veo un espectáculo.

Desde el ingreso al Cervantes, uno está predispuesto a ver un espectáculo al
menos distinto, al que nos venimos malacostumbrando a ver, en los nuevos
"shopping centers culturales", como diría un jovenviejo maestro del norte,
que parece tener más claro que nosotros mismos, que el sur también existe o
resiste; lo mejor viene al entrar a la sala, un lugar realmente marginal,
que deja ver los vestigios de un tiempo majestuoso, en un Montevideo de
esplendor. Pero como no se trata de escribir un tango de los tiempos pasados
y la decadencia de una ciudad como tantas, o quizá sí, se trate de eso, de
esa especie de costumbre que por indiferencia ya no nos sacude, cuántos
marginales no vemos por Montevideo, verlos es también reconocernos.

Nada, sólo quiero dejarles un abrazo a todos, el espectáculo es brillante,
tiene el sello Coletto en la dirección y puesta. La escenografía impacta y
el lenguaje sonoro es fantástico, sin la necesidad de un solo instrumento
que no sea el cuerpo humano, una fiesta para el oído; puta si se podrá hacer
cosas, si lo hacen con unos cartones y lamparitas de 60, y no porque no se
tenga un mango sino por opción estética (también); qué bueno ver energía en
un espectáculo, sobre todo cuando la gente viene de distintos lugares, cada
uno con su escuela o librito. Esto confirma que lo bueno es no atarse a
ningún librito y ver a Bretch, Artaud o Stanislavsky en un Triciclo es
alucinante.

Bueno, basta de filosofía barata y zapatos de goma (más zapatos de goma que
filosofía), y nada, a vos Ruben un abrazote, te ví en la charla del Odin, un
maestro el tipo!!!! Cuándo vas a hacer un taller? Que no sea sábado en la
mañana!!!

Lali, sos un bicho alucinante, qué bueno verte en teatro, love iu.
Hugo me cagué de la risa con el chimpancé fascista.
La dejo por acá y arriba con lo del Cervantes.
Un abrazote a todos.

Lolo


 Si bien conocía el tema que trataba la obra y el perfil del autor, igualmente al entrar a sala me impactó profundamente… estaba en un lugar marginal.

Enseguida que me senté y comenzó la obra me sentí dentro de ella; varias veces tuve que contenerme para no responder a los actores, que me hablaban, me provocaban, me hacían reflexionar…

¡Impresionante! Qué más puedo decir…
 

Mauricio Iafrate


El que tiene la razón, siempre gana.

O por lo menos, es lo que parece. O lo que algunos están interesados en que parezca. “El triunfo de la razón (me dijeron que dijo B. Brecht) es el triunfo de los razonables”. Pero lo que el texto de Arrabal y el espectáculo parecen poner en entredicho es qué razón y qué es ser razonable. Hay la razón del más fuerte, del que tiene el poder y la riqueza, mientras otros no pueden pagar la cuota del triciclo. Hay la razón del que tiene las armas, aunque él también lleve un casco o escafandra que lo aprisiona a su vez (eso está muy bueno) y aunque tenga un lenguaje incomprensible que, sutilmente y hermosamente, es tapado por el canto armonioso de unos prisioneros que no han opuesto resistencia. A ese absurdo le llamamos razón, acaso por costumbre, o porque lo razonable siempre es una cuestión de mayorías. Pero “El triciclo” es una obra sobre la razón de la sinrazón, la razón de la poesía en un mundo esencialmente malvado que destierra o margina al amor o al arte (¿el hombre de la flauta?). La razón loca o absurda: ¿se puede ser un inocente profundo y a la vez un criminal? A lo mejor, en un mundo donde todo está al revés, ser inocente es ser criminal y por eso el que lo sabe no tiene otro proyecto que dormir. Eso es lo que a mí me transmitió la obra. Es un espectáculo muy valioso, pero difícil, para un público que cada vez más espera todo digerido.

Charles


En estos tiempos donde la obviedad reina, poder disfrutar de un espectáculo "que avive el seso" y despierte las ganas de jugar e integrarse es todo un regalo. Y más aún utilizando un espacio con muy buenos ojos, no sólo por la fineza de su arquitectura sino por haberlo dispuesto de manera que uno se siente dentro de esas cajas donde nos gustaba jugar cuando éramos chicos. De eso se trata, de seguir defendiendo el "play" y que los adultos no nos olvidemos de seguir en su práctica. Ya que uds., guachos, lo están disfrutando. Y se les nota!!!

Ana Pouso


Quise escribirles enseguida de volver de ver la función, aún bajo los efectos de la misma. Quiero felicitarlos y decirles que me llegó muchísimo, como hacía tiempo no me llegaba ninguna obra. Es más, cuando veo teatro moderno, por regla general, quedo como en ascuas; sin embargo, esta obra la disfuté. Pasé de la risa a la angustia en forma muy agradable. Lo que noté es que la mayoría del público no sentía como yo, no sé si me equivoco. En momentos que yo me hubiera reído a carcajadas, nadie reía. Fue como si el público recién se soltó pasando la mitad de la obra. Bueno, los felicito nuevamente y mucha suerte.

Elsa Colistro


Después de tres horas de haber visto la obra permanece en mí ese estado del alma que sólo produce la intensidad de la belleza. Mil gracias por esa entrega, por esa apuesta y por esa puesta. Un abrazo.

Lía Schenck


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