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Bueno, basta
de filosofía barata y zapatos de goma (más zapatos de goma que Lolo
Si bien conocía el tema que trataba la obra y el perfil del autor,
igualmente al entrar a sala me impactó profundamente… estaba en un lugar
marginal. Enseguida
que me senté y comenzó la obra me sentí dentro de ella; varias veces tuve
que contenerme para no responder a los actores, que me hablaban, me
provocaban, me hacían reflexionar… ¡Impresionante!
Qué más puedo decir… Mauricio Iafrate El
que tiene la razón, siempre gana. O
por lo menos, es lo que parece. O lo que algunos están interesados en que
parezca. “El triunfo de la razón (me dijeron que dijo B. Brecht) es el
triunfo de los razonables”. Pero lo que el texto de Arrabal y el espectáculo
parecen poner en entredicho es qué razón y qué es ser razonable. Hay la
razón del más fuerte, del que tiene el poder y la riqueza, mientras otros
no pueden pagar la cuota del triciclo. Hay la razón del que tiene las
armas, aunque él también lleve un casco o escafandra que lo aprisiona a su
vez (eso está muy bueno) y aunque tenga un lenguaje incomprensible que,
sutilmente y hermosamente, es tapado por el canto armonioso de unos
prisioneros que no han opuesto resistencia. A ese absurdo le llamamos razón,
acaso por costumbre, o porque lo razonable siempre es una cuestión de mayorías.
Pero “El triciclo” es una obra sobre la razón de la sinrazón, la razón
de la poesía en un mundo esencialmente malvado que destierra o margina al
amor o al arte (¿el hombre de la flauta?). La razón loca o absurda: ¿se
puede ser un inocente profundo y a la vez un criminal? A lo mejor, en un
mundo donde todo está al revés, ser inocente es ser criminal y por eso el
que lo sabe no tiene otro proyecto que dormir. Eso es lo que a mí me
transmitió la obra. Es un espectáculo muy valioso, pero difícil, para un
público que cada vez más espera todo digerido. Charles En estos tiempos donde la obviedad reina, poder disfrutar de un espectáculo "que avive el seso" y despierte las ganas de jugar e integrarse es todo un regalo. Y más aún utilizando un espacio con muy buenos ojos, no sólo por la fineza de su arquitectura sino por haberlo dispuesto de manera que uno se siente dentro de esas cajas donde nos gustaba jugar cuando éramos chicos. De eso se trata, de seguir defendiendo el "play" y que los adultos no nos olvidemos de seguir en su práctica. Ya que uds., guachos, lo están disfrutando. Y se les nota!!! Ana Pouso Quise escribirles enseguida de volver de ver la función, aún bajo los efectos de la misma. Quiero felicitarlos y decirles que me llegó muchísimo, como hacía tiempo no me llegaba ninguna obra. Es más, cuando veo teatro moderno, por regla general, quedo como en ascuas; sin embargo, esta obra la disfuté. Pasé de la risa a la angustia en forma muy agradable. Lo que noté es que la mayoría del público no sentía como yo, no sé si me equivoco. En momentos que yo me hubiera reído a carcajadas, nadie reía. Fue como si el público recién se soltó pasando la mitad de la obra. Bueno, los felicito nuevamente y mucha suerte. Elsa Colistro Después de tres horas de haber visto la obra permanece en mí ese estado del alma que sólo produce la intensidad de la belleza. Mil gracias por esa entrega, por esa apuesta y por esa puesta. Un abrazo. Lía Schenck |
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