Hacia 1950 irrumpe en Francia una explosiva tendencia teatral, el "teatro del absurdo", una forma que no segmenta el carácter trágico del cómico y busca expresar la crisis de comunicación y el absurdo social en que vive el hombre; un teatro cuya finalidad es demostrar que las convenciones escénicas no colmaban las expectativas contemporáneas. El español Fernando Arrabal encabeza, ya en los 60, uno de los movimientos más osados y desmitificadores del siglo XX: el Teatro Pánico.

En El triciclo, el autor hace convivir, en un mismo horizonte de expresión dramática, una variedad de géneros: tragedia, guiñol, poético, melodramático. Ese mismo eclectismo, desnivela lo básico de la estructura, como si tejiera y destejiera, ordenara los hilos de la trama y los desordenara provocando el efecto contrario al efecto supuestamente pretendido, o sea que el resultado es una fragilidad en el discurso dominante que convierte el drama en rehén de la crisis. Una obra desvaída, coagulada, reseca.

Sin embargo, la versión de Ruben Coletto le cambia la forma, la despeja, la tonifica, la transforma. Coletto pone el vuelo, la imaginación y el espíritu en su trabajo. La escasa proyección del original es socorrida por el director uruguayo y salvada de sucumbir en el desinterés y el tedio. Notable la versión de Coletto quien nos ha dado ya demostraciones de talento y originalidad en sus puestas.

Cristina Landó - 30 / 11 / 01
Guía del Ocio - pág. 31


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