UNA EXPLORACION EXISTENCIAL


Saludamos en primer lugar la apertura de un nuevo espacio cultural, el cual ya en otros tiempos había funcionado como teatro, pero su platea con el  correr del tiempo se transformó en un estacionamiento, mientras que lo que es la tertulia había permanecido sin tocar. Y fue este el motivo que movió a este grupo de gente a crear la magia necesaria para que los fantasmas de entonces descendieran sobre el escenario para quedarse a habitar ese refugio de gente con sueños, anhelos, esperanzas de trasmitir cultura a pesar de la crisis, a pesar de los contratiempos, a pesar del propio arte. Adelante, pues.

En esta ocasión nos enfrentamos a un autor en cierta forma emblemático del teatro del absurdo español; al igual que Ionesco su aporte al teatro francés ha sido un golpe de escena, ante todo. Busca ante todo crear un impacto en el público. El teatro del absurdo, como está emparentado  a las realidades fundamentales de la condición humana, los relativamente pocos problemas fundamentales de la vida y de la muerte, del aislamiento y de la comunicación, aunque aparezca frívolo y grotesco, representa una vuelta a la función religiosa original del teatro. Esto es el enfrentamiento del hombre con la esfera de lo mítico y lo religioso. Como la antigua tragedia griega, los misterios medievales y las alegorías barrocas, el teatro del absurdo es un intento por hacer consciente al espectador de la precaria y misteriosa situación del hombre en el universo. La diferencia estriba simplemente en que en la tragedia griega las realidades fundamentales eran sistemas metafísicos conocidos y aceptados por todos, mientras que el teatro del absurdo expresa la falta de valores aceptados. Es decir presenta simplemente con ansiedad o escarnio, una intuición individual del ser humano de las realidades fundamentales tal y como él las experimenta, los frutos del descenso del hombre a las profundidades de su personalidad, sus sueños, sus pesadillas  y sus fantasías. Y es así como Arrabal en esta obra trabaja el lenguaje quitándole la consabida complejidad para ir así desintegrándolo, es decir abriendo un abanico de sugerentes referentes del lenguaje, y así evitar lo discursivo, ya que la escena es un medio multidimensional y permite así el empleo simultáneo  de elementos visuales, movimiento, luz y lenguaje.

En esta obra la comunicación que se trata de establecer en forma verbal se presenta como un fracaso. Como si un freno se pusiera entre los humanos que quieren comunicarse. Caso de Climando-Mita-Apal-Viejo de la flauta-, hay una reiteración en las palabras, como una reiteración en las escenas para acentuar así la desconexión que hay entre los seres; es como tratar de amplificar el problema o el tema de preocupación del o de los protagonistas, en este caso el dinero para pagar la cuota del triciclo. Estos seres marginales, al borde del abismo y muchas veces los móviles y las acciones que cometen pueden resultar incomprensibles. Es difícil identificarse con personajes tan complejos, aunque se muestren por momentos ingenuos y hasta bondadosos, Se presenta un cuadro de una sociedad en desintegración que ha perdido su significado. Acá encontramos que los personajes intentan mostrarnos sus temores, sus conflictos interiores, sus pesadillas y por momentos sus ilusiones.

Vemos moverse sobre el escenario acartonado a Iván Solarich con una gran dosis de credibilidad con su Climando que percibe su mundo, al  igual que Apal, desde un criterio restringido pero reconocible y genuino. Mario Santana es el que más allá de su sueño reconce la realidad: van a morir porque asesinaron a un hombre. Es el más realista de la obra. Asume su fin, lo conoce, y lo trasmite. Todos los personajes se mueven en torno a ese absurdo que por momentos los aprehendemos. El elenco en general rinde en forma pareja y trasmiten la impresión de estar dentro de ese otro mundo no tan lejano al nuestro pero con otros códigos.

Coletto una vez más demuestra en su dirección una percepción y una sensibilidad muy acabada del absurdo, con una correcta dirección de actores, a los cuales mueve con eficiencia. El vestuario creativo y elocuente nos introduce en ese mundo de superpuestos y supuestos. La escenografía por momentos nos aleja y por otros nos acerca a la acción. El uso del cartón da por momentos toques de intimidad y por otros de despojamiento. Un buen uso del espacio todo, lo cual hace que las acciones sean más vívidas. La mentira, la verdad, el odio, el amor, el encuentro y el desencuentro se aúnan en este Triciclo de Arrabal que dará mucho que hablar y que obliga a reflexionar sobre el tema de hacia donde va la vida y hacia donde la muerte. En una palabra el existencialismo.

María Rosa Carbajal - 22 / 7 /01
CX 38 Sodre - Teatro al día


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