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SORPRENDENTE VERSION TEATRAL
Hacia los 50, el teatro francés sufre importantes transformaciones con el aporte adicional y gravitante de nuevos autores, dispuestos a romper con ortodoxias tradicionales. Por entonces se empieza a hablar del "absurdo", como una especie teatral que no segmenta el carácter trágico del cómico, que busca expresar las crisis de comunicación y absurdo social en que vive el hombre, a través de un lenguaje insólitamente coloquial, resumidero para estereotipos y toda convención escénica. Entre ellos se encuentra Fernando Arrabal, quien ejercita este estilo, además de encabezar en París por los 60, uno de los movimientos más osados y desmitificadores del siglo XX: el Teatro Pánico. Arrabal considera las cosas con la mirada de la infancia y descubre, sin poder comprenderlo, un mundo de crueldad y muerte (se ha evocado) a Charlot en "Picnic en el campo", 1959) y, aunque el amor fuese el sentimiento para procurar un refugio, debe descartarse porque viene acompañado por la fatalidad del mal que engendra monstruos ("El gran ceremonial", "El cementerio de coches", 1966). Recientemente se estrenó en Montevideo "El triciclo", pieza que narra la historia de seres, no solo marginados por la sociedad sino automarginados, que conviven revolviéndose en un estercolero interior, donde hierve la sopa podrida de cada uno, metida en el ollón grasiento que fuera alguna vez, un limpio jarro de naturaleza. Son seres aparecidos emergentes de un inframundo, para quienes las cosas ya dichas son cosas muertas, y la realidad es una entelequia. No obstante algunas instantáneas metafóricas valiosas, el texto de Arrabal se desvanece a medida que avanza, empalidece desde su escritura, no se sostiene, porque su estructura es indigente, su dimensión sociolinguística no alcanza injerencia material, las relaciones recíprocas entre el "lenguaje desarticulado, los diálogos inverosímiles y la descomposición de los personajes" -entre otros elementos marcados por la preceptiva del absurdo-, llegan al trance sin vigor, fragilizados. ¿Con qué instrumentos del pensamiento y la sensibilidad puede aprehenderse el proceso dramático de "El Triciclo"? Arrabal arroja a un balde vacío una imponente reflexión sobre las paradojas vivenciales, del mismo modo que atenúa el valor testimonial de sus personajes, negándoles la inserción conflictiva, tanto en la realidad como en la ficción, de lo cual resulta ese desvaimiento que amengua la impronta dramática de las situaciones. Aún las falencias de la obra, nuestra objeción reside en un punto específico: la fragilidad de su estructura dramática; la desvirilidad de su complexión teatral; la flaca atención que despierta ; la falta de reciedumbre; lo incoloro y tedioso de su desarrollo. Pero todas estas objeciones quedan al margen, casi olvidadas ante la versión de Coletto, quien da forma viviente y reconforta la estética de Arrabal sustituyendo con inspiración y destreza los desmayos dramáticos. Coletto pone su talento al servicio de una transmutación delirante que ilumina el espectáculo, le anima, ilustra el conflicto, tensa y afloja las bases tragi-cómicas, energetiza el espacio y sobre todo, crea, crea y crea, amplifica la imaginación, transforma el clima, pone la versión a toda vela, la lirifica sin melodramatizarla y genera un micromundo fantástico donde lo retenido se suelta y deriva hasta sobrepasar el horizonte del propio autor. Sobre la evolución de los foros espaciales concretos de la sala, produce un ámbito fácilmente auscultable, para el espectador, de visiones sombrías que constituyen una suerte de formato dentro del cual están los actores. Coletto, subraya un carácter epinómico jugándolo a varios colores con el fin de evitar la monocordia y, sin emplear trucos mantiene en vilo al público como si se estuviera frente a un motor indetenible. Excepcional versión de Coletto, que transforma totalmente el clima de la obra reemplazando la fatiga que produce la lectura del original, en una representación de elaborada vertiginosidad. El teatro que formula Coletto mediante los hipotextos y la hipertextualidad de Arrabal, se centra en la idea de despojar el hecho dramático de todos los elementos posibles prescindibles, y enunciar un modelo de interpretación, usando el vasto campo escénico dentro del cual coexisten simultáneamente, personajes del mundo real con otros provenientes de un universo mítico, ambos vehiculizados hacia el mismo contexto onírico. El director impulsó la comprensión y posterior interpretación de fenómenos históricos y sociales ocurridos en períodos anteriores, pero destacando la incidencia recogida y explicitada por el estado actual de la sociedad. De igual modo, Ruben concita la meditación sobre los procesos de aceptación de valores. La labor de Coletto, en cuanto a la exploración y búsqueda para consolidar y dinamizar este flacuchento texto ha sido muy valiosa; una legítima explosión de creatividad teatral. A partir del pronóstico, referente a la conflictividad individual, la versión crece y transmite la desesperanza y la lucidez que, en condiciones similares a esta crisis, los hombres logran armonizar a puro fórceps. Las actuaciones están a la altura del trabajo del director. Iván Solarich crea un personaje inédito, hasta hoy día, lo mejor que le vimos hacer en su proficua trayectoria. Solarich aplica en la concepción de su papel, un soporte interno desplazable, o sea que, el actor comparte con el personaje la peculiaridad de oponerse a la realidad empírica, y ejercer una suerte de poder sobre el psiquismo de los otros; Iván hegemoniza el espectáculo a través de una creación sin efectos tramposos, dándole al rol índole humana universal. Laura Schneider nos ha sorprendio con su interpretación de fuerte sesgo dramático, a través del cual exterioriza magníficamente, ese estado de asfixia sin destino. Nelson Flores, en espléndida actuación, compone la criatura desde el fondo, la pone en existencia sin caricaturizarla; dimensiona su "viejo", acentúa las contradicciones recurriendo a la máscara trágica y el pompón de arlequino. Mario Santana se interna en una especie de síntesis sostenida y punzante. Completan el elenco Hugo Arturo y Ruben Coletto. Excelente espacio escenográfico, buenas luces, apropiado vestuario y bien elegida la ambientación sonora. Erica
Bauer - 14 / 12 / 01 |
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