La madre de Stephen, extenuada, rígidamente surge del suelo, leprosa y turbia, con una corona de marchitos azahares y un desgarrado velo de novia, la cara gastada y sin nariz, verde de moho sepulcral. El pelo es lacio, ralo. Fija en Stephen las huecas órbitas anilladas de azul y abre la boca desdentada, diciendo una silenciosa palabra.
La
Madre
(Con
la sonrisa sutil de la demencia de la muerte.)
Yo
fui la hermosa May Goulding. Estoy
muerta.
Del
Ulysses (1921), de James Joyce.