—Ese
cuento del agujero en el suelo, que baja quién sabe hasta dónde, siempre me ha
fascinado. Ahora es una leyenda musulmana; pero no me asombraría que fuera
anterior a Mahoma. Trata del sultán Aladino; no el de la lámpara, por
supuesto, pero también relacionado con genios o con gigantes. Dicen que ordenó
a los gigantes que le erigieran una especie de pagoda, que subiera y subiera
hasta sobrepasar las estrellas. Algo como la Torre de Babel. Pero los
arquitectos de la Torre de Babel eran gente doméstica y modesta, como ratones,
comparada con Aladino. Sólo querían una torre que llegara al cielo. Aladino
quería una torre que rebasara el cielo, y se elevara encima y siguiera
elevándose para siempre. Y Dios la fulminó, y la hundió en la tierra abriendo
interminablemente un agujero, hasta que hizo un pozo sin fondo, como era la
torre sin techo. Y por esa invertida torre de oscuridad, el alma de! soberbio
Sultán se desmorona para siempre.
De
The Man Who Knew Too Much (1922), de G. K. Chesterton