CÓMO DESCENDIMOS EN LA ISLA DE LAS HERRAMIENTAS

 

 

FranÇois Rabelais, escritor satírico francés. Nacido en Chinon, circa 1494; muerto en París, en 1553. Fue ecle­siástico; ejerció la medicina en diversas ciudades del sur de Francia. Viajó por Francia y por Italia. Famoso por Pantagruel y Gargantúa (1532-1564); publicó también: Topographiae Antiquae Romae Epistola (1534); Supplicatio pro Apostasia (1535); La Sciomachie (1549).

 

 

Levantamos nuestro velamen y en menos de dos días arribamos a la Isla de las Herramientas.

Era esta una isla desierta y de nadie habitada. Había muchos árboles de los que pendían hoces, picos, serru­chos, sierras, cinceles, martillos, tijeras, tenazas, palas, vi­rolas y berbiquíes.

De otros pendían dagas, puñales, espadas, cortaplu­mas, cuchillos, punzones, cimitarras, estoques, flechas, mandobles y navajas.

El que necesitaba cualquiera de estos objetos no tenía más que sacudir el árbol: caían enseguida como cirue­las, y al llegar a cierra encontraban una especie de yerba que se llamaba vaina y en ella se envainaban. Cuando caían era preciso precaverse para que no cayeran sobre la cabeza, los pies u otra parte del cuerpo. Caían de punta, para envainarse, con gran riesgo de herir a la gente.

Debajo de otros árboles vi ciertas especies de yerbas que crecían como picas, lanzas, jabalinas, alabardas, par­tesanas, rejones y asadores; crecían tanto que envolvían al árbol del que tomaban los hierros y las hojas conve­nientes para cada uno...

Del quinto y último libro de Pantagruel (1564), de François Rabelais.

 

 

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