LIEHTSÉ,
filósofo chino de la escuela taoista. Floreció hacia el siglo IV, antes de la
era cristiana.
Un
leñador de Cheng se encontró en el campo con un ciervo asustado y lo mató.
Para evitar que otros lo descubrieran, lo enterró en el bosque y lo tapó con
hojas y ramas. Poco después olvidó el sitio donde lo había ocultado y creyó
que todo había ocurrido en un sueño. Lo contó, como si fuera un sueño a toda
la gente. Entre los oyentes hubo uno que fue a buscar al ciervo escondido y lo
encontró. Lo llevó a su casa y dijo a su mujer:
—Un
leñador soñó que había matado un ciervo y olvidó dónde lo había
escondido y ahora yo lo he encontrado. Ese hombre sí que es un soñador.
—Tú
habrás soñado que viste un leñador que había matado un ciervo. ¿Realmente
crees que hubo un leñador? Pero como aquí está el ciervo, tu sueño debe
ser verdadero —dijo la mujer.
—Aun
suponiendo que encontré al ciervo por un sueño —contestó el marido—, ¿a
qué preocuparse averiguando cuál de los dos soñó?
Aquella
noche el leñador volvió a su casa, pensando todavía en el ciervo, y realmente
soñó, y en el sueño soñó el lugar donde había ocultado el ciervo y también
soñó quién lo había encontrado. Al alba fue a casa del otro y encontró al
ciervo. Ambos discutieron y fueron ante un juez, para que resolviera el asunto.
El juez le dijo al leñador:
—Realmente
mataste un ciervo y creíste que era un sueño. Después soñaste realmente y
creíste que era verdad. El otro encontró al ciervo y ahora te lo disputa,
pero su mujer piensa que soñó que había encontrado un ciervo. Pero como aquí
está el ciervo, lo mejor es que se lo repartan.
El
caso llegó a oídos del rey de Cheng y el rey de Cheng dijo:
—¿Y
ese juez no estará soñando que reparte un ciervo?
Liehtsé.