La Jornada, México D.F. Sábado 20 de marzo de 2004
James Petras
Capitalismo versus socialismo:
nueva visita al gran debate
El debate sobre capitalismo y socialismo está lejos de
haber terminado. De hecho, la batalla por las ideas se intensifica. Organismos
internacionales, incluidos Naciones Unidas, la Organización Internacional del
Trabajo, la Organización de Agricultura y Alimentación, la Organización Mundial
de la Salud, los informes de las organizaciones no gubernamentales, la UNESCO y
expertos independientes nacionales y regionales proporcionan datos duros que
permiten discutir los méritos del capitalismo y del socialismo.
Las comparaciones entre países y regiones antes y después
del advenimiento del capitalismo en Europa del este, Rusia y Europa central,
así como entre Cuba y naciones ex comunistas, arrojan una base adecuada para
trazar algunas conclusiones definitivas. Quince años de "transición al
capitalismo" es tiempo más que suficiente para juzgar el desempeño e
impacto de políticos capitalistas, privatizaciones, políticas de libre comercio
y otras medidas de restauración de la economía, la sociedad y el bienestar
general de la población.
El desempeño económico: crecimiento, empleo y pobreza
En el comunismo las decisiones económicas y la propiedad
eran nacionales y públicas. En los pasados 15 años de transición hacia el
capitalismo cerraron casi todas las industrias básicas o fueron copadas por las
corporaciones multinacionales europeas y estadunidenses, y por los billonarios de la mafia, la energía, la minería, las
comunicaciones, la infraestructura y el comercio al por mayor. Esto condujo a
un desempleo masivo o a empleos temporales, un estancamiento relativo, una
emigración vasta y una descapitalización de la economía mediante transferencias
ilegales, el lavado de dinero o el saqueo de recursos.
En Polonia, el antiguo astillero de Gdansk, punto de origen
del sindicato Solidaridad, está hoy cerrado y es una pieza de museo. Según
cifras oficiales, más de 20 por ciento de la fuerza de trabajo está desempleada
(Financial Times, 21-22 de febrero de
2004) y lo ha estado durante la mayor parte de la década. Otro 30 por ciento
tiene empleos marginales o muy mal pagados (en la prostitución, el
contrabando, el narcotráfico, los mercados callejeros de viejo, el comercio
ambulante o la economía subterránea). En Bulgaria, Rumania, Latvia y Alemania
oriental prevalecen condiciones semejantes o peores. El crecimiento per cápita real promedio en los pasados 15
años está muy por debajo de los 15 años previos, en los que privaba todavía el
comunismo (especialmente si incluimos los beneficios de cuidado a la salud,
educación, vivienda subsidiada y pensiones). Lo peor es que las inequidades
económicas crecieron geométricamente, pues el uno por ciento superior controla
80 por ciento de los activos privados y más de 50 por ciento del ingreso,
mientras los niveles de pobreza exceden 50 por ciento o más. En la antigua
Unión Soviética, especialmente en las repúblicas sur-centrales asiáticas, como
Armenia, Georgia o Uzbekistán, los niveles de vida se desplomaron 80 por
ciento, a grado tal que casi un cuarto de la población emigró o se volvió
indigente, mientras se saquean industrias, tesoros públicos y recursos
energéticos. En Armenia, el número de investigadores y científicos cayó de 20
mil en 1990 a 5 mil en 1995, y continúa en declive (National
Geographic, marzo, 2004). De ser centro de alta
tecnología soviética, Armenia pasó a ser un país controlado por bandas
criminales en el que la mayoría de la gente vive sin calefacción o
electricidad.
En Rusia el pillaje es peor y el desplome económico muy
severo. Para mediados de los años 90 más de 50 por ciento de la población vivía
en la pobreza (y más aún fuera de Moscú y San Petersburgo -Leningrado,
durante el periodo soviético), crecía la condición de indigencia ante la falta
de vivienda y se colapsaron los servicios generales de educación y salud. Nunca
en tiempos de paz en la historia moderna se había derrumbado tan profunda y
rápidamente un país, como hoy es el caso de la Rusia capitalista. La economía
se privatizó -es decir, fue absorbida por gangsters
rusos, comandados por ocho oligarcas multimillonarios que sacaron del país más
de 200 mil millones de dólares, principalmente a bancos de Nueva York, Tel Aviv, Londres y Suiza. El asesinato y el terrorismo son
armas para lograr la "competitividad económica", mientras se diezma
cada uno de los sectores de la economía y la ciencia (y la mayor parte de los
científicos de altura mundial necesita recursos e instalaciones básicas). Los
principales beneficiarios de esa situación son los antiguos burócratas
soviéticos, los jefes de la mafia, los bancos israelíes y estadunidenses, los
militares y las corporaciones multinacionales. Los entonces presidentes George
Bush (padre) y William Clinton proporcionaron el
respaldo político y económico para que los gobiernos de Gorbachov
y Yeltsin supervisaran el saqueo de Rusia, con la
ayuda y aprobación de la Unión Europea e Israel. El resultado del saqueo masivo,
el desempleo y las subsecuentes pobreza y desesperación fue un inmenso
incremento de los suicidios, desórdenes sicológicos, alcoholismo, adicción a
las drogas y muchas enfermedades rara vez vistas en tiempos soviéticos. La
expectativa de vida entre los hombres rusos cayó de los 64 años durante el
último año del socialismo a 58 años en 2003 (Wall
Street Journal, 4 de
febrero de 2004), índices que están por debajo de los de Bangladesh
y 16 años por debajo de Cuba, cuya expectativa es de 74 años (estadísticas
nacionales cubanas, 2002). Es decir, la transición al capitalismo en Rusia
provocó más de 15 millones de muertes prematuras (fallecimientos que no
habrían ocurrido si la expectativa de vida hubiera permanecido en los niveles
que había durante el socialismo). Esos decesos, socialmente inducidos por el
capitalismo emergente, pueden equipararse con el número de muertes ocurridas en
el peor periodo de las purgas de los años 30. Los expertos en demografía
predicen que la población rusa decrecerá 30 por ciento en las siguientes
décadas (Wall Street
Journal, 4 de febrero de 2004).
Las peores consecuencias de la transición al capitalismo,
con respaldo de Occidente, ocurrirán en unos cuantos años. La introducción del
capitalismo minó por completo el sistema de salud pública y condujo a un
repunte de las enfermedades infecciosas mortales, antes bien controladas. Los
responsables del Programa Conjunto de Naciones Unidas contra el VIH/sida
publicaron un informe empírico completo que, entre sus hallazgos, señala que en
Europa oriental y Asia central "los niveles de infecciones crecen con más
rapidez que en cualquier otra parte, y actualmente en la región hay más de 1.5
millones de personas infectadas (2004). En 1995 había sólo 30 mil" (había
menos de 10 mil en el periodo socialista). Los índices de contagio son aún
mayores en la Federación Rusa, donde la tasa de incremento del VIH -entre
jóvenes que alcanzaron la edad adulta durante los regímenes
"capitalistas", respaldados por Occidente entre 1998-2004- es de las
más altas en el mundo.
Quienes contribuyeron a la expansión de la epidemia de sida
son bandas criminales de Rusia, Europa oriental y los países balcánicos y
bálticos, que trafican heroína y que año tras año entregan más de 200 mil
"esclavas del sexo" a burdeles de todo el mundo. La violenta mafia
albanesa que opera en el Kosovo liberado controla parte significativa
del tráfico de heroína y de "esclavos del sexo" en toda Europa
occidental y América del Norte. Enormes montos de la heroína producida por los
señores de la guerra, aliados de Estados Unidos en el Afganistán liberado,
pasan a través de los miniestados de la antigua
Yugoslavia e inundan los países de Europa occidental. Los ahora emancipados
oligarcas de la mafia judía rusa controlan gran parte del tráfico de drogas,
armas ilegales, mujeres y jovencitas atadas a la industria del sexo y el lavado
de dinero en Estados Unidos, Europa y Canadá (Robert Friedman, Red Mafiya,
2000). Multimillonarios mafiosos han comprado y vendido prácticamente a todos
los políticos y partidos políticos importantes, al estilo usual en las
"democracias orientales", siempre aliados, formal o informalmente,
con los servicios de inteligencia estadunidenses y europeos.
Los indicadores económicos y sociales documentan de manera
concluyente que el "capitalismo realmente existente" es
sustancialmente peor que los estados benefactores, de crecimiento moderado, con
gran cantidad de empleos, que existieron durante el periodo socialista previo.
En los indicadores personales -en términos de seguridad pública y privada,
empleo, retiro y ahorros-, el sistema socialista representaba un lugar mucho
más seguro para vivir que las sociedades capitalistas controladas por pandillas
que lo sustituyeron.
En lo político, los estados comunistas respondían mucho más
a las demandas sociales de los trabajadores, instauraron algunos límites a las
inequidades del ingreso y -pese a acomodar los intereses rusos de política
exterior- diversificaron, industrializaron y controlaron los sectores
importantes de la economía. En el capitalismo los políticos de los estados ex
comunistas vendieron a precio de remate todas las industrias importantes,
entregándolas a monopolios locales o foráneos, lo cual alimentó las monstruosas
inequidades que pasaron por alto los intereses de los trabajadores en lo
relativo a empleo y salud. En lo tocante a la propiedad de los medios de
comunicación masiva, el monopolio del Estado fue remplazado por monopolios
locales o extranjeros que conllevan los mismos efectos homogeneizantes.
Casi no podría ponerse en duda que, haciendo un análisis
objetivo de los datos comparativos entre los 15 años de transición al
capitalismo y los 15 años previos de socialismo, el periodo socialista es
superior en casi todos los indicadores de calidad de vida.
Ahora comparemos el socialismo cubano con los nuevos países
capitalistas emergentes de Rusia, Europa oriental y Asia sur-central.
El socialismo cubano fue golpeado severamente por la
conversión al capitalismo en Europa oriental y la Unión Soviética. La
producción industrial y el comercio cayeron 60 por ciento y la ingesta de
calorías diarias por individuo se desplomó a la mitad. No obstante, la
mortalidad infantil en Cuba continuó bajando de 11 por cada mil nacimientos en
1989 a seis por cada mil en 2003 (lo que lo compara favorablemente con Estados
Unidos). Mientras Rusia gasta únicamente 3.8 por ciento de su producto interno
bruto en atención a la salud y 1.5 por ciento en atención privada, los cubanos
canalizan 16.7 por ciento. Mientras la expectativa de vida entre los hombres
decreció a 58 años en la Rusia capitalista, aumentó a 74 años en la Cuba
socialista. Mientras el desempleo aumentó 21 por ciento en la Polonia
capitalista, decreció 3 por ciento en Cuba. Mientras las bandas criminales y
los traficantes de drogas son rampantes en los países capitalistas emergentes,
Cuba inició programas de educación y capacitación para la juventud desempleada,
pagándoles salarios para que aprendan algún oficio, además de proporcionarles
empleo.
Los continuos avances científicos en Cuba, en lo relativo a
biotecnología y medicina, son de mérito mundial, mientras la infraestructura
científica en los países antes comunistas se colapsó y sus científicos han
emigrado o carecen de recursos. Cuba mantiene su independencia política y
económica, mientras los países capitalistas emergentes se tornaron clientes
militares de Estados Unidos y le proporcionan mercenarios en los Balcanes,
Afganistán e Irak. Mientras los europeos orientales trabajan como soldados
mercenarios para Estados Unidos en el tercer mundo, 14 mil trabajadores cubanos
de la salud laboran en las regiones más pobres de América Latina y Africa, en cooperación con varios gobiernos nacionales que
han solicitado sus servicios. Hay más de 500 trabajadores cubanos de la salud
en Haití. En Cuba la mayoría de las industrias son nacionales y públicas, y
tienen enclaves en los mercados privados y operaciones conjuntas con capital
extranjero. En las naciones ex comunistas casi todas las industrias básicas son
propiedad de extranjeros, como casi todos los medios de comunicación y las
"industrias de la cultura". Mientras Cuba mantiene una red de
seguridad social en alimentación, vivienda, salud, educación y deportes, en los
países capitalistas emergentes el "mercado" excluye a sectores de
desempleados o de pobres de todos esos bienes y servicios.
Los datos comparativos de la economía y sociedad demuestran
que en Cuba el socialismo reformado sobrepasa por mucho el desempeño de
los países capitalistas emergentes de Europa oriental y Rusia, por no hablar de
Asia central. Aun con los factores negativos, producidos por la crisis de
principios de los años 90 y el creciente sector turístico, el clima moral y
cultural de Cuba es mucho más sano que en cualquiera de los regímenes
electorales manejados por las mafias corruptas y todo su entramado de
complicidades en drogas, esclavitud sexual y subordinación al imperio
estadunidense. Mientras el sida afecta a millones en Europa oriental y Rusia,
Cuba cuenta con el mejor método de prevención y las mejores instalaciones para
el tratamiento en el mundo. Los medicamentos antivirales son gratuitos, así
como el tratamiento respetuoso y bien organizado. Se cuenta con programas de
salud pública y educación en la materia que explican por qué Cuba tiene la
menor tasa de incidencia de VIH en el mundo en desarrollo, pese a la presencia
de una prostitución de pequeña escala relacionada con el turismo y los bajos
salarios.
El debate en torno a la superioridad del capitalismo o el
socialismo continúa, porque lo que remplazó al socialismo después del colapso
de la Unión Soviética es mucho peor en todos los indicadores significativos. El
debate continúa porque los logros de Cuba sobrepasan por mucho los obtenidos
por países capitalistas emergentes y porque en América Latina los movimientos
sociales recientes logran cambios que tienen que ver con el autogobierno (los zapatistas en México), con democratizar la tenencia de la
tierra (el MST en Brasil) y el control de los recursos naturales (Bolivia), los
cuales son muy superiores a cualquier cosa que ofrezcan el imperialismo
estadunidense y los capitalismos locales.
El socialismo emergente es una nueva configuración que
combina el Estado de bienestar del pasado, los programas sociales y
humanitarios, las medidas de seguridad de Cuba, con los experimentos en
autogobierno del EZLN y el MST. Deséennos suerte.
Traducción: Ramón Vera Herrera