SI…
Guillermo Almeyra
20 marzo 2004
Las declaraciones hechas por el
ex presidente De la Madrid implican que un fraude gigantesco robó al electorado
su poder de decisión; que tanto el priísta al cual ¨ se le cayó el sistema¨ como el panista que quemó las urnas fueron cómplices
conscientes de este pisoteo de la voluntad popular y de las leyes; que los más
de 500 cuadros perredistas muertos por la represión salinista fueron asesinados
por un gobierno ilegítimo y tiránico; que los actos de todo tipo de éste están
viciados de nulidad por su origen ilegal; que medio establishment
está implicado en la comisión de delitos
por los que deben responder; que Salinas debería estar preso y en amplia
y numerosísima compañía priísta y panista; que –como dice el New York Times- el
gobierno de Estados Unidos avaló el fraude que lo beneficiaba, etc, etc. La autoorganización de los chavos
cuando el terremoto en 1985 en el DF, frente a loa pasividad, incompetencia y
corrupción del gobierno de De la Madrid y el golpe de Estado ¨blanco¨ de 1988 son dos de las más poderosas fuerzas que
condujeron al levantamiento zapatista de 1994. Una
política hambreadora y entreguista
completaba el agravio de 1988 y ratificaba, como en 1985, que no había otra
salida que la autoorganización y que nada se podía esperar de los descendientes
de los asesinos de Emiliano Zapata y Rubén Jaramillo, aliados a los catrines,
mochos, ex sinarquistas y terratenientes del partido
de la derecha histórica. En los orígenes del neozapatismo,
por consiguiente, está la movilización neocardenista
de 1988, la sangre neocardenista de cientos de
campesinos y trabajadores, la afrenta política sufrida por el pueblo mexicano,
y no sólo la firma del TLCAN o la caída del precio del café.
Haciendo política, el EZLN ha
buscado siempre aliados, desde las discusiones en la Catedral de San Cristóbal
y en San Andrés hasta sus intentos reiterados de formar frentes nacionales
(incluso ofreciendo su dirección a Cuauhtémoc
Cárdenas) y hasta su intervención en el Congreso Nacional tras su gran marcha
por el Sureste del país. Y no ha abandonado el camino de la política, sino que
la hace cotidianamente con sus Juntas de Buen Gobierno, las cuales deben
conciliar grupos, etnias, culturas, intereses, para combatir en la cabeza de
los zapatistas el poder de las clases dominantes y
para establecer y consolidar bases de un
nuevo poder en los territorios que desean ser autónomos. El neoliberalismo busca eliminar lo político y
vaciar de toda eficacia la política institucional, pero, al mismo tiempo deja
al territorio, esa construcción social permanente del espacio geográfico, como
sede de la política que, por fuerza, no es institucional. Mientras las bandas
que forman las direcciones de los partidos dependen del Estado, se integran en
él, cobran sus sueldos del mismo, la
política se hace al margen de ellos y por los problemas reales, y el poder
alternativo se construye en las relaciones sociales y en el territorio,
La guerra inmunda con los
videos, la corrupción de los aparatos políticos, el robo impune y descarado de
la voluntad y del dinero de los mexicanos muestra una profunda descomposición
del Estado. Este, sin embargo, no es sólo el gobierno: es también la pasividad
del cuerpo social que le da un consenso negativo al establishment,
es la homogenización ideológica y
cultural entre la llamada oposición y el llamado oficialismo, es la resignación
pasiva que lleva a considerar que la emigración o la abstención electoral son ¨soluciones¨ para un país que exige a gritos un cambio
radical y trata de construir los fundamentos del mismo con la lucha de los
indígenas y por las autonomías. No se acabó la política: se impone por el contrario la necesidad de hacer
política, radical y desde abajo.
Ahora bien, hay dos fuerzas que
podrían, en distintos sectores, convocar un gran Movimiento Nacional de
Reconstrucción en medio del cochinero
caótico que se agravará en los años que faltan para el 2006. Uno es una fuerza
peculiar, el ingeniero Cárdenas, cuya influencia está mellada por su pasividad
en 1988, por su visión institucional en el gobierno del DF, por su insuficiente
separación en el Partido de la Revolución Democrática, de la gente con muchos
apetitos y ninguna voluntad de transformación nacional. Cárdenas no es el PRD
aunque cargue en parte con el desprestigio del mismo. Si convocase algo más que
formalmente un amplio movimiento por el cambio y por la recuperación de la
dignidad nacional recuperaría fuerzas que su partido ha
perdido o dejado de lado y también prestigio.
Otra fuerza es el neozapatismo, hoy muy poco presente en el plano nacional y
sin ideas-fuerza, encerrado por algunos de sus portavoces en un falso y
desdichado apoliticismo precisamente cuando tiene la fuerza política y moral
necesaria para convocar desde abajo un Movimiento que, abandonando los sectarismos,
una el neocardenismo auténtico, la rebelión campesina
y obrera, el antiimperialismo, la voluntad del sector estudiantil que quiere
acabar con los establos de Augias de las política
institucional. Política es acercamiento al que es diferente y es fijar
objetivos comunes entre fuerzas que no son iguales. Hay oportunidad para esa
política. No aprovecharla es abrir paso a un desastre social y nacional.