Oscar Alzaga*.
enero 15 2004
A la mitad de su gestión, Fox acuerda con su
equipo de gobierno y con su partido llevar a cabo las reformas estructurales
que en tres años no pudo realizar, pero ahora, advierte, a como de lugar, por
lo que ejercerá la mayor presión a quienes se opongan, al menos a dos reformas
urgentes: la eléctrica y la fiscal de 2004. Dejando pendientes para otro
momento, las demás reforma: la petrolera, la de pensiones, la laboral y la de
telecomunicaciones. Sin embargo, al finalizar el 2003 esas dos reformas
nuevamente no se realizan. Todo queda en acusaciones, amenazas y uno que otro
descalabro, pero no las reformas. ¿A qué se debió?
Difícil es saberlo a fondo y conocer los
entre telones de un asunto con tantos actores, más cuando en la parte visible
del caso parecía que los dirigentes del PRI, Madrazo-Gordillo, estaban de
acuerdo con la reforma fiscal y aun con la eléctrica (en septiembre), hasta que
se pelearon entre ellos por llevar la batuta del PRI ante el ejecutivo federal
(en diciembre).
No obstante son muchos más los factores que
intervinieron, no debemos olvidar que en el tema de la reforma eléctrica y
petrolera hay “candados”, acuerdos internos del PRI de todo tipo, y que incluso
en 1993 al entonces presidente Salinas de Gortari, en su propio partido, las
mayorías se opusieron a esas reformas.
Han sido amplios sectores críticos de la
sociedad los que en torno a la reforma eléctrica se han manifestado en foros
públicos en contra: en universidades y Politécnico, asociaciones de
profesionistas, empleados de confianza de las empresas públicas eléctricas y medios
de comunicación, de tal forma que existe un consenso de opinión pública sin
formalizar, que contrarresta en alguna medida, la muy intensa campaña
publicitaria del gobierno federal a favor de la privatización de la industria
eléctrica, la segunda empresa más importante del país, después de Pemex.
Los verdaderamente interesados en la reforma
eléctrica son los organismos como el Fondo Monetario Internacional, el Banco
Mundial y las empresas transnacionales, así como los grandes socios y voceros
nacionales, pues recordemos que el proyecto de las reformas estructurales se
concibe formalmente con la firma del TLCAN, Tratado al que se la ha querido dar
mayor jerarquía que a la propia Constitución del país, como lo demuestra la
lucha por reabrir la negociación por dos productos del capítulo agropecuario
del TLCAN, al que se ha opuesto Estados Unidos, con la sumisión del gobierno de
Fox.
Por su parte el SME, independiente de los
partidos, en su lucha contra la privatización de la industria eléctrica, lleva
ya dos sexenios en los que convoca a diversas y también a las más amplias
movilizaciones que se recuerden en México, sindicales y populares: el 18 de
marzo de 1999 y el 27 de noviembre de 2003. Este año, otros sectores populares
han luchado por distintas causas, pero muy vinculadas en el fondo y, de algún
modo, contra las reformas estructurales: la marcha campesina de enero contra el
capítulo agropecuario del TLCAN; la movilización de los trabajadores del IMSS y
su amenaza de huelga en octubre para impedir la reforma de pensiones; los actos
del EZLN de agosto por las juntas de buen gobierno y en diciembre por los aniversarios
10 y 20. Así como las movilizaciones de Cancún contra los acuerdos de
Podemos afirmar que fueron tres las causas
principales que impidieron las dos reformas que intentó el gobierno de Fox en
a)
Lo poco convincente de las reformas foxistas: la fiscal, que sean a favor de los que menos
tienen, aumentando los impuestos en alimentos y medicinas; con la desaparición
de sectores culturales, sin tener la menor idea del alcance legal, cultural y
económico de la medida. Más aun, con la reforma eléctrica el gobierno foxista
no se ha percatado de que la suya retrocede la que intentó el PRI en 1999,
porque la primera privatizaba la industria, pero la segunda además de
privatizarla la desintegra; tampoco se percata de que esa y otras reformas ya
fracasaron en Latinoamérica hace 10 o 15 años, y el gobierno de Fox las quiere
presentar como si fueran nuevas y originales.
b)
El repudio popular a las dos reformas, en particular
el alentado y organizado en todo el país por el SME contra todas “las reformas
estructurales: eléctrica, laboral, petrolera, fiscal, pensiones, telecomunicaciones ...” Logrando la participación de
sindicatos de
c)
La lucha sorda y encarnizada por el poder entre el
PRI y el PAN, aun a costa de que en ambos resultaran serias fracturas: la
división del PRI y el fracaso del gobierno de Fox. Y no es para menos esa lucha
por el poder, ya que después de 70 años, el PRI perdió la presidencia en el
2000, perdió la brújula de su partido y el modelo casi absoluto de gobernar,
muy degradado con los gobiernos de Salinas y Zedillo.
Esa pugna entre los dos principales partidos del país, ha llevado al PRI, con
mayoría en el Congreso, a atarle las manos al gobierno de Fox, a impedirle
avanzar en lo que se creyó un proyecto común: el neoliberal. En el Senado
cerraron filas el PRI y el PRD contra el proyecto de Fox de reforma eléctrica y
en
¿Y por qué no se ponen de acuerdo el PRI y el
gobierno de Fox y el PAN, si las cúpulas de esos partidos siempre han
coincidido con las reformas estructurales, que son típicas de la política
neoliberal? Varias parecen ser las causas del desacuerdo, entre las más
visibles:
a)
Que el gobierno que impulse la reforma eléctrica
sabe que tal medida generará muy cuantiosas cantidades de millones de dólares a
favor de los particulares que obtengan las principales concesiones de la
industria eléctrica. Si la privatización de Telmex de 1990 formó la principal
fortuna del país: ¿qué fortunas se crearán con la privatización de una
industria con mucho mayor valor que Telmex? Tan solo tomemos en cuenta que los
usuarios de la industria eléctrica son 6 veces más que los de Telmex.
b)
Detrás de las
llamadas reformas estructurales, la petrolera, la de telecomunicaciones, la de
pensiones y la laboral, se encuentra una verdadera danza de millones de
dólares, aun la que menor valor tenga, es significativa. Pero de este ángulo
del tema, no se habla, lo cual hace sorda y obscura la lucha por el poder. Pues
para la opinión pública el tema es: que las empresas privadas son más
eficientes, rentables, productivas, competitivas, etc.
c)
Y tanto para las elecciones del 2006 como para
gobernar en estos años, llevar a cabo o impedir las reformas estructurales,
resulta una cuestión fundamental para quien ejerce el poder político. Por lo
que, a corto y largo plazo, esa lucha está en el orden del día de los partidos,
así como para las fuerzas económicas, sociales y políticas del país.
d)
Y como en toda lucha por el poder, no sólo están en
juego los intereses de grupo, clase o partido, sino también afloran los
personales, entre estos destacaron los de Madrazo y de Gordillo por ser el
“interlocutor” y “operador” del PRI ante el ejecutivo federal, pugna en la cual
el propio presidente del país apostó: Fox y Gordillo intentaron repetir la
experiencia de Salinas de Gortari y Fernández de Cevallos, “el jefe Diego”,
cuando al margen de sus partidos y del Congreso de
Así las cosas, resulta claro que las causas
por las que no avanzaron las reformas de Fox, son muy diferentes unas de las
otras: las populares democráticas de las de la cúpula del PRI. Pues a pesar de
que coincidan a la vista de muchos, representan intereses y alternativas muy diferentes.
Veamos: el PRI lo que busca y pelea es recuperar el gobierno federal y definir,
en esta nueva etapa, el tipo de gobierno que debe estar al frente del país,
para entonces llevar a cabo las reformas en las que sus intereses estén
representados y protegidos. No obstante, haya dirigentes que anteponen sus
intereses personales a los de su partido.
En tanto que para las fuerzas populares, sin
lograr aun una mayor articulación, su lucha es por definir el tipo de nación
que quieren las mayorías democráticas, o al menos oponerse a las medidas que
desmantelan el patrimonio nacional; donde participan persona, grupos y fuerzas
sociales que se expresan a través de muchas vías, siendo la más importante
hasta ahora, la marcha del 27-N. En el caso del SME, el principal, no el único,
promotor y organizador de la marcha, realizó una labor previa de alcance
nacional con diversas fuerzas políticas y sindicales y, en el plano
internacional, con organizaciones sindicales que han centrado su lucha contra
las privatizaciones y el modelo neoliberal. Por eso no ha sido ajena la
participación del SME en actos tan diversos como el de Cancún contra
En el plano sindical no debemos confundir al
papel de unas y otras organizaciones, ya que las tradicionales oficialistas se
han pronunciado a favor de las reformas estructurales, a la vez que,
contradictoriamente, a favor del PRI, partido al que pertenecen
De todos estos conflictos y contradicciones
que se han desatado en torno a las dos reformas del gobierno de Fox, debemos
reconocer que la pugna que ha ocupado el primer plano de la opinión pública ha
sido la de Fox y Gordillo contra Madrazo y el equipo que lo apoya. Así, entre
ambos grupos e intereses, los demás se definen o alinean, de la llamada “clase
política”. Por lo que, vale la pena insistir que entre las cúpulas del PRI y el
PAN, pese a que hay muchas coincidencias de tipo político, ideológico y económico
de corte neoliberal, no lo hay en el modo de aplicar esas coincidencias, menos
en el cómo y entre quiénes repartir las jugosas ganancias. Asimismo, coinciden
con el gobierno de Estados Unidos, pero no en el grado de entreguismo del
gobierno en México, a la política intervencionista de aquél.
En otras palabras, los tiempos políticos que
vivimos en buena medida los define la lucha por el poder entre las cúpulas
partidistas, así como los grandes intereses que representan, por un lado y por
el otro, la lucha popular democrática por los intereses legítimos de las
mayorías. Pero, como estas luchas y contradicciones, no se dan unas y otras separadas,
sino entreveradas, habrá que tener cuidado en no confundirnos, porque a las
marchas acudieron personas y grupos de todas las tendencias, salvo las más
recalcitrantes conservadoras. Porque la realidad suele ser más compleja y
dinámica que los mejores análisis de ella, por lo que suele suceder que lo
secundario obscurezca lo principal.
En efecto, vivimos una intensa e inédita
lucha por el poder ente las cúpulas, resultado de los cambios iniciados en las
elecciones del 2000, con cambios en la autonomía relativa de los otros poderes,
el legislativo y aun en el judicial, antes impensables. Pero también vivimos
una lucha popular importante y con mejores perspectivas, que involucra a las
mayorías, representadas en muy diversas fuerzas e intereses plurales, que
quieren y en parte lo logran, influir en el rumbo de la vida política, en la
defensa del patrimonio nacional y en definir el futuro del país.
* Miembro de